Baile y Cochino.-
Escribe: Horacio Cárdenas Zardoni.-

Dicen unos, se enojan otros por lo dicho, sin embargo hay mucho de razón en aquella frase de que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. Si un pueblo es culto, trabajador, progresista, honesto, pues es razonable pensar que a la gente que elijan para gobernarlo, si no por otra cosa, por haber salido del mismo pueblo, será también trabajador, culto, ecologista, sustentable, honrado. Cuando se suele citar esta lapidaria frase, en general se está hablando de la cabeza visible de un determinado gobierno, un presidente, un gobernador, o u presidente municipal, sin embargo esta máxima está vigente para todos y cada uno de os servidores públicos, en particular aquellos que tienen contacto cercano con la comunidad.
Apuntando más abajo, pero sobre la misma línea, podríamos decir que los pueblos tienen la policía que no se merecen, porque sea el pueblo como sea, que haya votado por el alcalde, que haya votado en su contra o aún se haya abstenido, lo que tienen derecho a esperar es una policía que cumpla con las funciones de brindar seguridad pública a la población, digo, a nadie se le está pidiendo que se convierta en un héroe… aunque pensándolo bien ¿por qué no?, si son héroes lo que se necesita cuando las cosas se ponen verdaderamente feas, no policías de a dos el cuarto, que no sirven para nada, pero como estorban, y aquí no solo hablamos de los ciudadanos que se topan en cualquier mal momento con un policía corrupto, sino la sociedad que está haciendo su luchita, en el caso de Parras en hacer parecer mágico lo que en su fuero interno cada quien sabe que no lo es, ni remotamente, y hasta al gobierno al que pertenecen, y que lo que menos desea es que sus policías contribuyan a la mala imagen que ya tiene.
Que todo Parras se entere, y todo Parras se enteró, y allá en Saltillo y más allá en Torreón, y en todo Coahuila, sin faltar todos aquellos lugares a donde llegan las benditas redes sociales, como las denomina cariñosamente el presidente Andrés Manuel López Obrador, el asunto de los policías municipales utilizando la patrulla de cargo para dormir los angelitos, como si estuvieran en su cama y abrazando su oso de peluche, retratados con el teléfono celular por una ciudadana indignada, que lo que menos que pensó al subirlo a su “feis”, es ¿Por qué tiene que estar manteniendo junto con toda la comunidad a unos huev… que . Lo estrictamente honesto del vergonzoso caso hubiera sido, por parte de los elementos que incurrieron en falta, aceptarlo como los meros machos que presumen que son, y aceptar el castigo que la “superiorida’ “ les impusiera, un arresto, una suspensión, degradarlos temporalmente a andar en bicicleta o estar en un crucero, sin el goce y abuso de una patrulla para dormir la mona. Aprendida la lección, todo de regreso a la normalidad, ah, pero tenían que buscar venganza, reprimir a la denunciante, y el asunto se enredó tanto, que hasta el gobierno del Estado tuvo que voltear a ver al abandonado pueblo mágico, a ver qué demonios está pasando en el rubro de seguridad.
Está claro que Parras no tiene policías de esos, humanos que cometen errores pero íntegros que los reconocen y pagan por ellos, que tampoco es mucho lo que se les iba a hacer. Tan es así que ya salió el peine de que la mitad de “la fuerza” policiaca del poblacho mágico, no tiene actualizada su papelería en lo tocante al examen de control de confianza, sea porque no la merecen, sea porque están observados o condicionados, sea porque Parras está tan lejos del centro de poder, que no les ha llegado el momento de la actualización de los perfiles, pero sea la que sea la razón, el hecho es que la mitad de los policías parrucos están trabajando en abierta violación a la ley, con la consiguiente exposición de los ciudadanos, que por lo demás tienen derecho a esperar eficiencia, honestidad, integridad y hasta heroicidad de sus policías, a exactamente lo contrario, ineficiencia, corrupción, y muy probablemente colusión con los delincuentes que operan en el pueblo mágico.
Pueblo chico infierno grande, dice el dicho, y en el caso de Parras, al ciudadano que es víctima de un robo, un asalto, una extorsión policiaca, y que indignado y dolido pretende acudir a la autoridad municipal a que se le haga justicia, los mismos parrenses le recomiendan que “ni le busque”, porque lo dicho, si no son los propios policías los que cometen el atraco, si tienen a comisión a los criminales, y como a más de uno le han dicho en cortito: no le muevas, sabemos dónde vives, sabemos a qué hora sale tu esposa y tus hijos, deja las cosas en paz, no sea que les pase algo feo. Ya con ese amenazador amedrentamiento, son pocos los que se atreven a seguir con la denuncia.
El último caso que salió a relucir esta semana es el de un vecino de Parras, quien se llevó la desagradable sorpresa de ser visitado en su domicilio por los policías municipales, quienes se cargaron con sus cosas diciendo que son robadas, y hasta lo exhiben en redes detenido, sí pero… resulta que el pobre cuate compró todas esas cosas en abonos, por lo mismo tiene los comprobantes para acreditar su propiedad. Los policías están tercos con que es mercancía robada, ¿y cómo no?, si ya hasta un ventilador están usando en la oficina, para quitarse el calor en las largas horas de no hacer nada, las bocinas para amenizar sus huateques y borracheras, y en fin, pobre del cuate al que quisieron agarrar de su puerquito, y para tenerlo quieto, le sembraron droga, al más puro estilo de los policías de otras desafortunadas ciudades en todo México.

Que en Saltillo, en Matamoros, en Piedras Negras la policía haga esas cosas, no es ninguna novedad para nadie, ahí le encargo los de Castaños y Frontera, pero en su descargo tenemos que decir que ninguno de esos municipios presume de ser pueblo mágico, y Parras sí. ¿Qué sería lo mínimo a esperar, tanto los habitantes como los turistas de un pueblo mágico?, pues que pudieran andar por la calle sin temor de ser robados, asaltados, extorsionados por la propia policía, que en Parras y en todas partes se ensañan con aquellos que ven que son de fuera.
Un caso más de la Cuarta Transformación estilo Parras, más cobarde y pusilánime que lo que los parrenses se merecen, y de lo que se aprovechan los policías, quienes hacen y deshacen a su libre albedrío, sin temor de sanción de una autoridad cobarde.

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