DE RODILLAS NOS QUIEREN.-
BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas.-

Tenemos que aceptar, además con gusto, que dentro de todo y con las consabidas excepciones que le dan sabor al caldo, el pueblo mexicano sí es bueno y sabio, pero lo era desde siempre, no de que una franquicia política, momentáneamente triunfadora, haya adoptado y casi patentado como propia esta apreciación ¿Cuántas veces no hemos citado un refrán, un dicho popular, anteponiéndole el explicativo de que la sabiduría popular dice, esto y aquello?, pues igual con la bondad, o no con la bondad porque eso puede sonar como a pusilanimidad ingenua y no muy inteligente, sino a que estando en condiciones de elegir, la mayoría de los mexicanos se inclinan por lo bueno en vez de por lo malo.
Esta bondad e inteligencia casi innata del mexicano plasmó en un corto dicho un mundo de psicología teórica y aplicada, del tamaño de todo el sicoanálisis y dos que tres tendencias terapéuticas más modernas: dime de qué presumes, y te diré de que careces. En efecto, las personas podrían ahorrarse miles de pesos, meses de diagnósticos sicológicos, muchos desengaños y esperanzas rotas, si atendiera a esa simple regla, eso de lo que tanto se vanaglorian, es lo que no son y lo que no tienen, aunque quizá quisieran llegar a serlo, pero esto ya es harina de otro costal.
Hablando en específico de la Cuarta Transformación, la que treinta millones de mexicanos eligieron para gobernar al país por este sexenio del que apenas va corriendo el primer año, y más puntualmente de quien la encabeza, por no decir de quien es la 4T, Andrés Manuel López Obrador, el dicho popular es lapidario, todo aquello de lo que presume, es aquello que no es, lo que no hace, lo que no está dispuesto a cumplir. Nada más para entrar en materia, van algunos ejemplos, como excelente cristiano que dice ser el presidente, es lo que sea menos un buen perdonador, al contrario, mucha gente está comenzando a sufrir en carne propia lo vengativo que puede llegar a ser el mandatario, pese a que claro, ha dicho y reiterado muchas veces que esa actitud es contraria a su persona.
Todo el asunto del encarcelamiento de Rosario Robles, el involucramiento de un juez, que resulta ser sobrino de Dolores Padierna, y que probablemente dado el pleito casado que tiene el titular del ejecutivo con el poder judicial federal, sería el único juzgador que no le diera para atrás a su caso, no es por el tema de la estafa maestra, sin por venganza contra una política que Andrés Manuel siente que lo traicionó en lo personal y en lo político a su partido. Hay que acabar con Rosario, arrastrarla por los penales y por los juzgados, dejar su calidad de mujer y de batalladora social hecha trizas, pero no es venganza repite el presidente de la República, quien por otro lado solapa la decisión de su pupila y curiosamente también jefa de gobierno como lo fue Rosario, por no “abrir carpetas de investigación” por el vandalismo sufrido en la ciudad de México a manos de feministas e infiltrados, eso es hacerse cómplices de delitos penados por el código. Ahora sí que porfirianamente, a los amigos el favor (los anarquistas, el EZLN) y a los enemigos cáiganles con todo el peso de la ley.
También está el asunto del patriotismo a ultranza que dice tener López Obrador, quien sin embargo en las ceremonias en las que al jefe del ejecutivo, como a todos, absolutamente todos los ciudadanos, les corresponde saludar a la bandera y entonar el himno nacional, él olímpica y cristianamente se abstiene, era para que cualquier secretario de la defensa o de marina, cualquier soldado le exigiera honrar los símbolos patrios, pero la obediencia ante todo, y por más que la prensa lo balconee, él sigue en sus trece.
Y lo que nos importa de veras. López Obrador siempre se ha vendido a sí mismo como el gran promotor de los derechos humanos, y ya como presidente, como el garante de la legalidad, cuando que en la realidad es todo lo contrario. Cosa de interpretaciones, pero eso de despedir a miles de trabajadores de la administración pública, dizque por austeridad dizque republicana, es violatorio del derecho a trabajar, sobre todo cuando no hubo una causal de terminación de la relación laboral, lo mismo con la rebaja de los sueldos, la ley previene eso como ilegal, al igual que todo cambio en las condiciones de trabajo sin el consentimiento de los afectados. De la misma manera reduce las becas a los prestadores de servicio social, a los residentes médicos y enfermeras, a los artistas, a los deportistas, cancela ferias de ciencia, los apoyos para las olimpiadas del conocimiento, todo por, según él, ahorrar.
Que en realidad no es ahorro, porque el dinero que se deja de gastar en programas razonablemente diseñados, se va para puros esquemas asistencialistas, a la “entrega directa” a los beneficiarios, que se supone sirve para acabar con la burocracia y la corrupción que existían antes… pero no nos llamemos a engaño, todo el modelito de primero quitar, de llevar a la gente a la desesperación, para luego magnánimamente soltarles algo, claro menos de lo que tenían antes, para que cuando lo reciban estén agradecidos y políticamente vendidos a los mandatos de MORENA y su líder máximo, obedientes a lo que tenga a bien mandar, que puede ser, y será, téngalo por seguro, mucho, tan grande como indigno.
Pero no nos andemos por las nubes de la alta política (es un decir, porque es bastante baja), aquí en Coahuila tenemos un ejemplo lastimoso y que podríamos calificar de inhumano, que para no variar, tiene por escenario el pueblo mágico de Parras de la Fuente. Resulta que el alcalde Ramiro Pérez Arciniega, por sus pistolotas tomó la decisión de suspender el pago de pensiones a los casi cuarenta trabajadores jubilados del municipio. ¿En qué se ampara Ramiro?, ¿ah, que hacía falta alguna razón aparte de la voluntad y la prepotencia de detentar el poder municipal en sus manos?, cita como razones que los convenios para la jubilación no fueron firmados por quienes debieron haberlo hecho, así que para atrás todo y que los pensionados, que tienen sin cobrar desde enero, que vivan de lo que puedan o se mueran de hambre, que eso no le incumbe, ni le preocupa, ni le quita más el sueño que un árbol que estorbe la vista del concierto de los Ángeles Azules, así nomás lo tira.
Oiga, más papista que el papa, más lopezobradorista que López Obrador, así salió el Ramiro. Mientras que el presidente no ha chistado en reconocer los adeudos que le dejaron los gobiernos anteriores, así sea porque sabe que de no hacerlo se le cae el mundo encima, al alcalde de Parras le importa un rábano que los pensionados hayan dedicado décadas al servicio del Ayuntamiento, que hayan cumplido el término requerido, que hayan realizado sus trámites, a él no le gustó que llevaran los papeles una firma que no fuera la suya, y cuello. El asunto ya está en el congreso, además de las calles y en las redes sociales, estos morenistas presumen de demócratas, que no son, de humanistas, que tampoco son, de decentes, que bueno ¿a qué meternos?, lo que buscan es tener al pueblo de rodillas, para entonces y solo entonces, ayudarlos a levantarse, mediante la completa negación de sus derechos.

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