BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas.-

Durante mucho tiempo, podríamos decir que siglos, las prisiones fueron consideradas en nuestro país como el sitio donde la gente mala iba a perfeccionarse en sus malas artes y a volverse todavía peor en sus actitudes y su conducta antisocial, si no es que abiertamente sociópata.
¿Cuántos calificativos y frases hechas no se deberán a los colegas periodistas?, porque seguro fue un periodista el que inventó aquello de que la cárcel funcionaba como una auténtica universidad del crimen, contraviniendo de principio a fin el rollo de que son “centros de readaptación (o reinserción) social”, a donde son enviadas las personas que cometen un delito para que en primera instancia purguen condena por ello, más bien por haber sido atrapados que no es lo mismo, y en segundo para que viendo lo que ven allí, y viviendo lo que allí se vive, se desistieran de una vida de crimen, así fuera por el miedo de regresar al frescobote.
Pero eso fue hace tiempo, porque el mito de que los años en prisión maleaban todavía más a quienes lo cumplían, se ha ido resquebrajando, y de la peor manera posible, de la mano de gente del espectáculo.
El caso más notorio fue el de Gloria Trevi, artistilla medio locochona que luego de no uno, muchos comportamientos reprochables, que estuvo detenida en una prisión de mala muerte en Brasil, para luego al llegar a México ser refundida en el penal de Chihuahua (aquí no le podemos confirmar si es el mismo donde pasó unos meses La Coneja Alejandro Gutiérrez, y si tuvo efectos similares) si no nos equivocamos por filicidio y corrupción de menores. Morbosos como somos todos los mexicanitos, esperábamos ver salir del botellón a una Gloria Trevi envejecida, destruida anímicamente, para todos los efectos acabada… y no, todo lo contrario, la Glorieta Treviño salió despampanante, para relanzar su carrera como una artista madura, hombre, hasta alguien dijo por allí que en el penal había aprendido a cantar, porque antes definitivamente no lo hacía, lo suyo eran puros aullidos del pelo suelto y las papas sin catsup.
Luego se presentaron otros casos, igual de gente del espectáculo que tras purgar pena carcelaria, salieron rejuvenecidos, como queriendo dar la idea de que ya no se trataba de pasar en un penal tantos más cuantos años, sino de que literalmente se habían retirado a un spa de lujo, a costa de los pagaimpuestos, para un tratamiento de lifting físico, moral y emocional.
Algo así parece haber sucedido con el exgobernador de Coahuila, Jorge Torres López, preso en un penal federal en Querétaro y pendiente de extradición a los Estados Unidos por los delitos de asociación delictuosa para cometer lavado de dinero, fraude bancario, fraude mediante transferencias electrónicas de dinero, y algunos otros pecadillos financieros, hasta el momento por un monto que ronda los nueve millones de dólares, pero que podrían convertirse en mucho más, habida cuenta que alguna vez confesó (declaró más bien, porque todavía andaba libre y coleando) que él había solicitado el grueso de los préstamos que luego constituyeron la tristemente célebre megadeuda.

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