El desgobierno de Parras

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Por: Alfredo Reyes.-

Las parejas sentimentales cuestan mucho a los contribuyentes en la administración pública de este País. Y no sólo en términos económicos sino en el terreno de la gobernabilidad, la moral pública y el Estado de derecho. Y cierto es que hay conceptos sobre el tema que han trascendido a través de milenios, como la frase hoy célebre del gran Cayo Julio César con respecto a la honradez de su mujer, que es necesario retomar para bien de nuestra vida política.

La versión más bizarra del origen de esta frase cuenta que Pompeya Sila, segunda esposa de César, se soltó el pelo y acudió a una de las orgías sexuales que eran comunes entre las damas aristócratas de Roma. Tal desliz molestó a Julio César y pidió el divorcio. Pero las matronas fifí defendieron a doña Pompeya argumentando que sólo había asistido como espectadora. Fue entonces que el divino César soltó la frase precisa: “La mujer del César no sólo debe ser honrada, sino además parecerlo”.

Y esta frase que conlleva una normativa orientadora de la actividad pública debería hoy estar vigente para personalidades no electas pero que son cónyuges, parejas sentimentales, amasias, concubinos o padrotes de quienes detentan un poder que no deberían compartir.

La política es una disciplina que debe dejar de lado las pasiones amorosas por ser estas manifestaciones arbitrarias de conductas que deben ser privadas.

Ahí tiene usted el papel de Martha Sahagún abortando la transición democrática en el sexenio de Vicente Fox. No hay que olvidar que Martha era la barragana de Fox al llegar a Los Pinos. Sus caprichos costaron millones: La “Cabaña del amor”, el concierto de Elton John y su empecinamiento en ser “pareja presidencial”.

Rosario Robles fue otro caso catastrófico de una mujer con poder, pero locamente enamorada del más infame de los padrotes. Cometió el grave error de llevar sus pasiones privadas al Gobierno. Hoy está en la cárcel, presa de los besos de Ahumada y del “no te preocupes Rosario”.

“La mujer del César no sólo debe ser honrada, sino además parecerlo”, dice el adagio latino que hoy en Parras se niegan a seguir. También en este pueblo mágico las parejas sentimentales han sido abusivas, cínicas y ahora calamitosas.

Y es que los últimos alcaldes de Parras han hecho pagar al pueblo por sus movidas eróticas. La Auditoría Superior ha denunciado el abuso de las primeras damas, pero no el de las concubinas. El pueblo no tiene por qué pagar el placer sexual de sus gobernantes.

Y es que en Parras tenemos hoy una grave crisis de gobernabilidad. No hay orden ni dirección. El Cabildo está dividido y en plena degradación institucional. Bien haría el Congreso local en desaparecer el Poder municipal de este pueblo trágico. Se salvaría a Parras de la actual pareja presidencial y de Evaristo Madero Marcos, que sigue terco en ejercer su cacicazgo desde una regiduría municipal.

Asimismo, sería una gran lección para todos los alcaldes de Morena desde la cuna de la democracia. Para AMLO un buen apunte en su anhelada consulta sobre la revocación de mandato y para los parrenses, la liberación de tanta mierda acumulada en esa gran letrina en que se ha convertido la administración municipal.

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