POLÍTICA, POLÍTICA Y MÁS POLÍTICA, PERO URGENTE

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

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Carlos Salinas de Gortari, el famosísimo innombrable de los discursos de Andrés Manuel López Obrador durante más de una década al que le achacaba el 90% de las desgracias de este país, dejándole un 9% a Felipe Calderón y un 1% a Vicente Fox, resulta que a pesar de todo, resultó ser uno de los últimos ideólogos del sistema político mexicano, a cuyos integrantes, dirigentes y militantes parece habérseles secado el seso.

Política, política y más política, decía Salinas, a la hora que iba alguien a plantearle algún problema que ameritara la intervención del titular del poder ejecutivo, y mire que chaparrito como lo era y es, Salinas tenía su genio, y los golpes que daba en la mesa solían resonar en las mazmorras y prisiones del estado mexicano.

No se hagan bolas, es Colosio, dijo el entonces presidente en alguna ocasión memorable en la que la estructura priísta le fue a plantear que la campaña del PRI para sucederlo nomás no prendía, después del espaldarazo a Luis Donaldo la grilla se calmó, la estructura se tranquilizó, a Colosio le metieron una bala en la cabeza. ¿Alguien habrá considerado que lo de Lomas Taurinas también se inscribía en lo de política, política y más política?

Ni modo, desde que la revolución mexicana se institucionalizó con la fundación del Partido Nacional Revolucionario por Plutarco Elias Calles, el poder público en México se concentró en muy pocas manos, situación que duró bastantes años. Ya cuando no se sostenía lo que Mario Vargas Llosa calificó como la dictadura perfecta, y algún caricaturista, creo Rius como una dictablanda, a diferencia de las dictaduras centro y sudamericanas, el sistema tuvo que abrirse a otras ideologías y partidos políticos, esto con la intención última de que las cosas se mantuvieran con el menor cambio posible. Los cachorros de la revolución tuvieron que aprender a tratar como iguales a políticos a los que en otro tiempo consideraban como algo menos que humanos.

Pese a que ya tuvo, como presidente que era, que entenderse con otras fuerzas políticas, Carlos Salinas traía a flor de piel el desprecio de los del sistema para con los que no lo son: ni los veo, ni los oigo, también dijo, y sin embargo tanto él como sus sucesores han tenido que ver, oír, negociar, pactar y a últimas fechas, hasta supeditarse a quienes democráticamente ha elegido el pueblo para gobernar a la nación.
No, no ha sido fácil. Pero es como todo, en cada partido político hay militantes de línea dura, recalcitrantes a más no poder, estos los encontramos en los partidos de derecha, en los de izquierda, y hasta en los moderados que se dicen de centro.

Afortunadamente también hay gente dispuesta a hacer política, política y más política, lo que quiere decir que busca ante todo el cumplir con las obligaciones que les corresponden en cuanto gobernantes o representantes del pueblo, para lo cual acceder sin mucho problema a entablar relaciones con los partidos de oposición, y más importante, con los gobiernos de oposición, tan sencillo como que lo otro es imperdonable.

Ejemplos de relaciones ríspidas, los hay por cientos, si no es que por miles, mencionaremos solo algunos. Humberto Moreira Valdés tuvo enfrentamientos verbales fuertes, cuando era gobernador, con Vicente Fox primero y con Felipe Calderón, después. Se pusieron apodos, se mandaron recados, se acusaron mutuamente de esto, aquello y lo de más allá, sobre los temas más diversos: Pasta de Conchos, la inseguridad, la corrupción, las participaciones federales, lo que usted quiera, cualquier cosa era buena para entablar un pleito por todas las alturas.

Acá a nivel estatal, las relaciones entre el gobierno del estado en turno y las presidencias municipales emanadas de la oposición han ido de lo frío a lo tenso y en uno que otro caso, al enfrentamiento, en el que por supuesto sale perdiendo el pueblo, y en mucho menor medida, el gobernante en turno.

Solamente en este sexenio que corre, se han viniendo dado casos que no tendrían porque ocurrir. Allí está el caso del alcalde de Torreón, Jorge Zermeño Infante, saliendo de la comodidad de su despacho, para ir a querer levantar un retén instalado por la secretaría de finanzas para detener vehículos cuyos propietarios no hubieran cubierto los derechos correspondientes, que en su municipio nadie detenía a nadie, fue lo menos que dijo Zermeño, y eso que en eventos antes y después, todo son sonrisas con el gobernador Miguel Ángel Riquelme Solís. Solo cuando le conviene se porta político y civilizado, el resto del tiempo, aguas. ¿Y qué me dice del presidente municipal de Francisco I. Madero Jonathan Avalos Rodríguez? Este cuate a las primeras de cambio amenaza con romper convenios y pactos firmados entre el ayuntamiento morenista y el gobierno estatal, ques que porque pasan por encima de su autoridad y su investidura.

Aunque de todos los casos chiquitos y grandes, el más vistoso, si no el más grave, es el del presidente municipal de Parras, Ramiro Pérez Arciniega, quien al parecer en su ignorancia o en su soberbia, parece no saber para qué sirven los teléfonos. No estamos exagerando, en esta semana se instaló un retén por parte de Finanzas y respaldado por la policía estatal, para lo de los vehículos que no hubieran cumplido con sus derechos vehiculares, lease sus impuestos. Las imágenes recogidas por TV Parras son deprimentes, una grúa arrastrando un camión de limpia para llevárselo al corralón, con el motivo ya dicho, de estar circulando sin placas ni permisos. Al parecer buena parte de la flota de vehículos del ayuntamiento, camionetas, camiones, hasta la lujosa pick up que utiliza el alcalde, andan sin placas, o andaban, pues en todo el año ninguna autoridad municipal se ocupó del nimio detalle de pagar… o hacer como que pagaba, “sacar” las placas con descuento o gratis, que para eso es uno gobierno, para pedir favores a otras instancias gubernamentales para ayudarse mutuamente. En este caso no ocurrió.

Lo que pudo resolverse con un par de telefonazos, con “un aparte” en algún evento con el gobernador o con el secretario de finanzas, con un oficio exponiendo la situación, lo de siempre, y las cosas se hubieran arreglado sin que el pueblo mágico presenciara el espectáculo, triste y lastimoso, de que los vehículos de servicio, los que sirven a los parrenses, fueran arrastrados como cualquier carro chocolate.

Pero este no es ni remotamente el único caso, si es cosa de dinero, Parras tiene sus adeudos con la Comisión Nacional de Electricidad y con la Comisión Nacional del Agua, si son asuntos legales, tiene acusaciones pendientes con la secretaría del trabajo, con derechos humanos, con el congreso, si son financieros… con la auditoría, con finanzas, con la fiscalía anticorrupción. La mayoría de los asuntos pudo o todavía pudieran resolverse agarrando el teléfono. Es cierto, son políticos de otro partido, pero es que Pérez Arciniega no se habla ni con los de MORENA, hoy cómo nunca la sentencia salinista de política, política y más política, le urge a tres que cuatro presidentes municipales aquí mismo, en Coahuila.

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