Para los que tienen el alma de acero

Cuando llegue el sufrimiento, míralo a la cara y enfréntate a él, acuérdate que la esperanza es un perro más bravo que la suerte.

Friedrich Nietzsche.-

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Por: Néstor Adame Santos.-

“Cuando una historia tiene un sentimiento de competencia, vale la pena contarla, ¿no?”, quiso terminar el debate don Erasto, con los ojos pegados en la pantalla y sentado en los taburetes de la cantina. Dos amigos y yo no conseguimos boletos a la cita definitiva para templarse en el Horno más grande de México. Bares y cantinas también se encontraban hasta el cuello. Otro amigo me llamó avisando que tenía mesa en el Cimarrón. Y dijo en voz baja: “sólo que aquí ya está sentado un maistro, pa mí que ahorita se va, o si no se muere de la emoción si ganan los Acereros”. El debate era sobre la existencia de mafia en el béisbol. “En todos los deportes existe eso, compadre”. Y es que los Acereros disputaban el juego siete de la Serie del Rey, venían de tres series a siete partidos y empezaban el último perdiendo dos carreras a cero. “¿No se te hace mucho drama?” La incredulidad es un rasgo característico por estas tierras, la Franquicia nunca había obtenido un título de la LMB y aun así existe una avenida con su nombre. Vanagloriarse por un logro deportivo no es un festejo habitual en los monclovenses: “Bueno, pero no importa cómo hayan llegado, si con ayuda de los ampáyers, por logro deportivo de los jugadores o a billetazos de Benavides. Lo que importa es que a todos los jugadores los une un sentimiento de competencia”. Dijo Erasto dándole un trago a la Tecate.

Y es verdad, independientemente del deporte que cada quien siga o del equipo que se decida comprarse la casaca, lo importante es competir: alentar para ver reflejado un triunfo en una ciudad que poco ha ganado. “Existen otras cosas más importantes por presumir”, dirán los puristas. Pero, somos una polis dispuesta a escuchar a la multitud, no como única vía, sino como una sugerencia de identidad. Porque un triunfo puede convertirse en un dinamo para impulsar a la ciudad a un crecimiento económico, laboral y moral. Y es que una particularidad de los municipios de Coahuila, es conformarse con poco a pesar de dar mucho. No por algo Coahuila, durante el moreirato logró posicionarse como el estado con más deuda pública en el país.

Las hazañas de los deportistas actuales son el símil de las competencias por el honor como lo hacían los Gladiadores en el Coliseo Romano. Los atletas que portan los colores del equipo favorito son los Caballeros que representaban a su aldea en los Torneos Medievales. Cambiaron escudo, espada y yelmo por un bate, guante y cachucha New Era.

¡Plack! Un tablazo de Noah Perio enciende la mecha del Horno. La gente salta de sus asientos y grita la euforia. El juego se empata a dos carreras y en el estadio los aficionados acarician el sueño. El Horno los funde en abrazos, gritos, lágrimas y canticos al unísono: “¡Furia Azul! ¡Furia Azul! ¡Furia Azul! Y en el Cimarrón: ¡ronda! ¡ronda! ¡ronda! Y un meserito ajotado bendice mesa por mesa con ampolletas de cuartito para cada aficionado.

Un día antes en el juego seis, mi compadre Fide me decía: “Para el siguiente torneo tienen que hacer más grande el estadio. Mira, ya no cabe nadie. Aunque la raza que no sabe dice que sólo se llena en la inauguración y cuando vienen los Diablos y Sultanes, pero yo recuerdo que papá nos traía hace veinte años o más y veías a la gente arriba de la plancha de los baños antes de que hubiera techo. Todo para ver jugar a los Acereros”. Su papá confirmaba la noticia, mientras sumaba en su Score un hit a la cuenta de Francisco Peguero.

En el quinto rollo, Sebastián Valle por parte de Yucatán apagó nuevamente el Horno con otro jonrón. Junto con Art Charles y Leo Heras subieron la pizarra 5 a 2 a favor de la Melena. “Te estoy diciendo, esto es mucho drama. Otra vez van abajo”, dijo mi amigo sacando una bolsa de semillitas que le sobraron del juego anterior. “¿Semillitas para los nervios?” Se terminaron rápido en la mesa porque al drama le sobraba cuerda.

¿Y cómo no tener el alma de acero si la afición azul ha templado su dureza durante 45 años en escenarios adversos? Blanqueadas con equipos capitalinos, campeonatos perdidos, un fantasma en forma de Sultán, cambios de administraciones y jugadores que prefieren formar parte del roster de otro equipo para no vivir en Monclova. Pero con este equipo es diferente, decían en el estadio. Estos jugadores se inyectan con el apoyo de la afición. Saben bien que tienen un compromiso alto, van a dejar toda su puntería en el diamante para agenciarse del primer campeonato en la historia de Monclova y la Copa Zaachila lucirá impecable en las vitrinas de Monclova.

En la televisión Lenin Orduño anuncia a Erick Aybar al bat. Hay dos bases llenas con Perio y Young Jr., y se escapan los vitoreos del sonido local: ¡Ruido, ruido, ruido, ruido! El infielder dominicano conecta seco con toletazo que se vuela las dos bardas, la pelota parece volar hasta donde el fogón del Alto Horno corona la estampa de la gestación del acero. De orilla a orilla el Horno más grande de México hierve en la locura. 5 a 5 y el panorama se teñía de azul y blanco. ¡Yo si le voy, le voy a Acereros! Después vino la estrategia: los dos Amador, Chapo y Rodolfo ayudaron para que cayera la 6, 7, 8 y por último la 9a carrera de Vince Carter atestaba el último clavo en el ataúd de los Leones.

Carlos Bustamante lanza una recta al plato que la conectan de rolling. La pelota va a los terrenos de Mejía, atrapa y tira a primera, cayendo el out 27: ¡Hoy ganaroooon los Acereros, que todo Monclova, que toda la región, que todo Coahuila lo grite conmigo! ¡Acereros de Monclova es el campeón de la Liga Mexicana de Béisbol! Grita Lenin ya sin voz por la televisión.   

“Esto no es mafia joven, esto es magia”. Dijo don Erasto con lágrimas en los ojos e invitando las rondas para los que estábamos en la cantina. “El picheo de toda la serie, los batazos y los jonrones que te pendían la respiración. A lo mejor ustedes no conocen bien la historia del equipo, cuando eran los Mineros y se los trajeron de Sabinas para jugar en el antiguo parque AHMSA. No, y qué van a saber de jugadores legendarios como Leo Valenzuela, Aurelio Monteagudo o Ricardo Sáenz, pero ahorita todo eso no importa, ya también es parte de la historia. Esto es Acereros, amigos, tenemos el alma de acero y vamos a festejar”.  Don Erasto bien pudo morir de un paro cardiaco en la cantina o en el Rayador de Quesos alias el Monumento a Madero para darle más dramatismo a la escena. Y callar las sospechas de mi amigo que continuaba con la incredulidad. Pero el compa no entendía que el dramatismo es el ingrediente secreto de todos los deportes y mientras más hambre se tiene, los bocados se saborean mejor. ¡Felicidades a la afición de acero! Que el cimiento de muchos ya se ha colocado.    

 

 

 

 

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