AMLO VS GUADIANA ¿QUIÉN SE CANSA PRIMERO?

Por: Horacio Cárdenas.-guafianasLo comentamos en su momento, y luego en varias ocasiones ya cuando Andrés Manuel López Obrador era presidente en funciones, y Armando Guadiana Tijerina era senador de la República por mayoría relativa por el Estado de Coahuila, la negociación para que el segundo se sumara a MORENA como candidato al senado, fue una de las más complicadas para el hoy mandatario y/o sus agentes prospectores. Lo de Guadiana no fue, como ocurrió con aspirantes en muchos otros estados de la República, un “sí, como no, ¿con cuanto hay que entrarle?”, clásico del sistema político mexicano (MORENA el burro por delante) que se rige por el principio de que “ni un peso, ni un paso propios en las campañas políticas”, sino que Guadiana traía su propia agenda, que podía incluir o no incluir jugarla por segunda vez para el Movimiento de Regeneración Nacional.
Guadiana no es un tipo acostumbrado a perder, ni en los negocios, ni en los pleitos, ni en lo político, ni en nada. Para la elección del 4 de junio de 2017, Armando Guadiana se dejó convencer de ser el candidato morenista a gobernador, no porque le viera muchas posibilidades de ganar, sino por hacerle pasar un mal rato a su acérrimo enemigo, el entonces inquilino del Palacio Rosa, Rubén Moreira Valdés, quien cuando no estaba pensando en la siguiente transa que hacer, le dedicaba un tiempo a pensar en cómo más hacerle la vida de cuadritos al empresario y cacique de la Carbonífera, así se llevan, y en buena medida por eso se lanzó como candidato.
Mal, mal, mal, no le fue a Guadiana, era la primera ocasión que MORENA aparecía en una boleta, y entre la ola de popularidad que ya traía Andrés Manuel López Obrador, la propia de Armando para capitalizar un voto de castigo al régimen de Moreira, se logró erigir con 151 mil votos, casi un 12% del total de los emitidos, que aunque definitivamente estaban muy lejos de los 452 mil de Guillermo Anaya Llamas, y del Triunfador Miguel Ángel Riquelme con sus casi 483 mil, hay que tener en cuenta que Guadiana iba solo por MORENA, mientras que el segundo lugar iba por una coalición de cuatro partidos, y el ganador por una de siete, y que en su elección primeriza se llevó de calle a dos partidos que podríamos llamar de tradición, por viejos más que por otra cosa, el PRD y el Partido del Trabajo.
Para Armando Guadiana volver a jugar para perder, era una opción poco atractiva, además que Rubén Moreira ya no era gobernador, así que el pleito se había enfriado un poco como motivo para andar en la grilla. Convencerlo fue más difícil, y saber qué es lo que le ofrecieron o prometieron, es tema de sola especulación, el caso es que tarde, bien tarde, se decidió a que sí iba de candidato a senador, y la verdad que no le fue nada mal, aparte de haberse llevado el triunfo en los comicios del 1 de julio de 2018, pudo ver, nos imaginamos que con agrado, como los votos a su favor se triplicaban, casi medio millón, para un 36% del total, aunque con una diferencia importante entre los electores que sufragaron por Andrés Manuel y por él, de más de cien mil votos, dato que hay que tener en cuenta.
El caso es que Armando Guadiana Tijerina llegó al senado de la República, pero contra lo que han hecho otros senadores morenistas, él actúa como si se mandara solo, como si no obedeciera a los dictados del partido, del coordinador de los senadores, y en ya varias ocasiones, como si circulara por un carril privado, alejado, independiente y hasta en sentido contrario del del presidente López Obrador, quien en más de una ocasión ha de haberse puesto a reflexionar si no habrá sido mala idea la de encargarle al carbonero sacar el escaño senatorial de Coahuila para MORENA.
Y es que, en las sabias palabras de Andrés Manuel cuando todavía era vivaracho candidato, a Guadiana no le puede recetar un “estate quieto”, como perfectamente los reparte a todos sus acólitos morenistas, desde Citlali, y disculpe que no ponga su nombre artístico pero es que me sale como Yakult, hasta Monreal, pasando por Batres, Ebrard y demás que maman de la ubre presupuestal para acolchonar sus cuentas bancarias particulares con salarios menores al sueldo presidencial, Guadiana y sus desplantes de ir a una corrida de toros en Sevilla, al super bowl, y a donde se le antoje, se cuece aparte, pero no solo en el despreciable tema de los centavos, hartísimos centavos, sino en lo ideológico y en sus intereses no solo personales o empresariales, sino en su visión de lo que el gobierno debería estar haciendo… y no hace.
Hasta hubo una foto que hace meses se tomaron juntos, si no recordamos mal, en Palacio Nacional antes de los gases, foto que circuló con el pie de que no había ningún distanciamiento entre el presidente y el senador y primero en la carrera por la candidatura de MORENA al gobierno de Coahuila… en ese instante, porque hoy, a lo mejor ya no se puede hablar de esto último.
Primero fue lo del fracking, Andrés Manuel, para quien sacar hidrocarburos del subsuelo es tan fácil y ecológico como sacar agua de un pozo, trae pleito con la fractura hidráulica, tema sobre el que parece saber todo lo que hay que saber, y ha decretado que durante su sexenio nada de fracking, mientras, Guadiana promoviendo las bondades de la técnica, sus ventajas estratégicas, y hasta echando a volar su cuarto de espadas de querer impulsar una ley para que no solo no se prohibiera, sino que aunque no se aplicara en este sexenio, dejar la puerta abierta. Esto le cayó en la punta del hígado al presidente, quien en público de la mañanera dijo que ni maís, no hay fracking, quien sabe si en privado o con su Apple 21 satelital haya querido darle un jalón de orejas al senador.
Pero luego fue lo del agua, lo de que a algún brillante cráneo de los que cobran ahora en Hacienda, se le ocurrió que podía cobrar impuestos el gobierno por la extracción del líquido para riego, medida que sí, le daría un lanal a las arcas públicas para sus becas y sus pensiones… pero que era sentencia de muerte para el campesinado, y un golpe a la empresa agropecuaria en general. Hombre, Guadiana en su intervención ante el subsecretario de Hacienda obligó al bisoño funcionario a ponerse en ridículo al decir que no, que la iniciativa no era del Ejecutivo… ¿Quién sabe quien la habría metido en el paquete económico?, pero ellos, según no.
Luego se siguió con lo del fondo minero, ese que era una fuente de importantes ingresos adicionales para los municipios, y que en el presupuesto de egresos 2020 borraron de un plumazo de ganso. Allí tiene a Guadiana cuestionando que porqué y que lo corrijan. Nos caiga bien o nos caiga mal, tiene razón, y es más importante su voz en un momento en el que cuando se juntan frente a la puerta Mariana trescientos alcaldes para exigir que no haya recortes, lo que recibe su fuero, su investidura, es una rociada de gas pimienta, y el enésimo regaño presidencial por gastalones.

Nada más falta que a Guadiana le peguen la última desconocida y le receten también el trato estándar de todos los que le lleven la contra a la 4T. ¿Quién se va a cansar primero?, ¿el senador millonario que en cualquier momento puede exiliarse en la Carbonífera, en Madrid o donde quiera, o el presidente humanista represor que no soporta que lo contradigan?

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