BAILE Y COCHINO.-
Escribe: Horacio Cárdenas.-

A lo mejor se trata de un vicio del sistema, a lo mejor es una maquiavélica prueba destinada a poner a prueba la paciencia de un gremio al que durante mucho tiempo se le estrujó, dorándole la píldora de que eran los apóstoles de la educación, a lo mejor también es la institucionalización de la incompetencia, pero sobre todo nos parece una falta de respeto hacia trabajadores que, regidos por la Ley Federal del Trabajo, como el resto de los mexicanos, tienen derecho a cobrar una retribución en pago a los servicios que prestan, en este caso, a la administración pública estatal.
No son muy lejanos los tiempos, probablemente el semestre pasado, pero la práctica tiene sin exagerar, décadas, en que cuando a un profesor finalmente se le otorgaba una plaza y se le comunicaba que le tocaba impartir clases a un grupo en determinada escuela, su primer pago lo recibía, si bien le iba, a los seis meses, pudiendo perfectamente cumplir un año de trabajo sin haber visto un solo centavo del salario que le correspondía.
Primero es difícil conseguir una plaza, pero sintiéndose en la gloria por haber sido de los pocos afortunados, ahora le toca la penitencia de esperar que “salga su pago”.
Si el profesor o maestra es hijo de familia, y le tocó en una escuela de la ciudad donde radica, pues bueno, allí su familia lo hace fuerte durante los meses de espera, que al final de cuentas, “se trata de un ahorro”, le llegará todo lo que se ha ido acumulando de un solo golpe, y luego ya religiosamente cada quincena.
Eso está razonablemente soportable para los que, como decimos, no se desplazan ¿pero aquellos que les toca en otro municipio, donde tienen que rentar una habitación, pagarse los alimentos, los servicios y todas sus necesidades?, allí sí que se las viven negras los maestros que recién se incorporan al sistema, pero si se puede, todavía hay algo peor, los profesores que van a las escuelas rurales, quienes prácticamente tienen que irse a radicar allá, a vivir de lo que los vecinos buenamente puedan aportar para su sostenimiento, siendo la otra opción, la de transportarse cada día, del todo incosteable por la distancia y por lo caro.
Es así como se va domando el espíritu de los maestros, quienes dan la impresión que no viven de lo que se les paga, sino del aire.
También recordamos una práctica del sistema educativo, si no del conjunto, sí de algunas de sus dependencias y unidades: con el cuento de que hay vacaciones grandes, a los profesores se les adelantaban cuatro y hasta cinco quincenas, las mismas que no acudirían a impartir clases en sus planteles, esto para no pagar a los administrativos que fueran a entregar los cheques, que en la SEP las vacaciones son eso, vacaciones, donde no se aparece nadie para nada. Tan extendida era la práctica que, aún los burócratas, los que no estaban en escuela, los que no tenían los dos meses de descanso, aun a ellos se les pagaba todo junto. Y sí, ponga que los primeros quince días los profes se sentían millonarios, pero al terminar el primer mes ya comenzaban a sentir las apreturas de la falta de dinero, y a la hora que volvían a clases y tenían todavía que esperar para recibir la primera quincena del nuevo semestre, muchos traían cara de loca desesperación.
La cosa se repetía cada año, con lo que mal que bien se iban acostumbrando a esa inanición de dinero en el bolsillo, o por el contrario, a planificar bien sus gastos, en previsión de lo que podía venir. En fin que los profesores están hasta cierto punto hechos a la mala vida. Quizá por eso es que no ha pasado a mayores el hecho de que a más o menos quinientos profesores que prestan sus servicios en el sistema educativo coahuilense, no les haya llegado su pago quincenal desde mediados de agosto.
Ellos han apechugado, regresando a sus orígenes, se han amarrado el cinto, han comenzado a echar mano de sus ahorros y a pedirle prestado a quien se deja, todo porque continúan confiando en que las autoridades de la Secretaría de Educación de Coahuila les cumplirá en que su asunto se regularizará en breve tiempo.
En una jugada muy marrullera, la Secretaría de Educación por boca de su titular, Higinio González Calderón, dijo en un primer momento que la culpa era de la Secretaría de Educación Pública federal, concretamente la Dirección General del Sistema de Administración de la Nómina Educativa Federalizada (la célebremente triste FONE), pero que ya se habían hecho las aclaraciones pertinentes respecto a cada uno de los casos, y que a más tardar el 23 de septiembre se regularizaría la situación, si no es que antes.
Pues como podrá suponer, antes no pasó nada, ni el 23 del 9 tampoco, y así llegamos a noviembre, en que se supone que ahora sí se pagará todo como se debe, ¿pero y si no?
Curioseando por una de esas columnas de chismes periodísticos de la capital del país, nos topamos con una nota muy interesante para el caso, y es que citando fuentes secretas de la Secretaría de Educación Pública, en torno a la situación que se vive en varios estados del país, donde no les llegó su pago a los profesores, a veces desde hace varias quincenas, la fuente y el reportero reproducía que no, el problema no era de la federación, era la burocracia de las autoridades estatales la que había detonado el problema, ellos también esperaban que se resolviera con el pago de la quincena, pero no podían ofrecer ninguna seguridad, ya sabe como le tienen miedo los profesores a las computadoras, y el sistema informático de la SEP no debe ser nada sencillo de comprender, ni para los expertos.
Para muestra el botón, un asunto que no debió pasar de una semana, lleva sin resolverse dos meses y medio o más.
Entre lo que dijimos al principio, que los profesores están acostumbrados a los malos tratos, en que el gremio en Coahuila es mucho más tranquilo de lo que es en otras partes del país, y tanto que ni siquiera linchan a su líder, el de la sección V, por hacerles perdedizo el fondo de ahorro, lo cierto es que por la misma razón, el no pago de salarios devengados, en otros estados queman edificios, empluman funcionarios, bloquean vías de ferrocarril y otras acciones por el estilo que tienen el objetivo de doblegar a las autoridades, que ni que decirlo, en este sexenio, se cuartean a la primera, cediendo en toda la línea.
Pero todo tiene un límite, si no les cubren sus salarios atrasados, si les siguen dando explicaciones que resultan mentirosas, la paciencia del medio millar de maestros coahuilenses puede terminarse, y entonces sí, que Higinio y su pachorra se hallen en estado de gracia, porque ni tiempo les van a dar para pedir la confesión.

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