BAILE Y COCHINO.-
Escribe: Horacio Cárdenas.-

Dicen que decía la famosísima Güera Rodríguez, que saliendo de México, todo era Cuautitlán, y si hoy, uno de los municipios más progresistas, más industrializados y políticamente codiciados del estado de México se sigue considerando el comienzo de la amplísima provincia mexicana, imagínese lo que era en la segunda mitad del Siglo XIX… un sitio para aburrirse como el proverbial molusco, soberanamente. Pues bien, un par de siglos después, la realidad de nuestro país no ha cambiado mucho, hoy por hoy, lo que ocurra en la capital, sigue siendo monumental, poco menos que majestuoso aun en tiempos de austeridad republicana, mientras que lo que ocurre en el extrarradio, en Cuautitlán y más allá, son meros reflejos provincianos, pueblerinos, faltos de color y sabor, salvo claro, para aquellos que nunca han salido del pueblo que los vio nacer.
Este 18 de noviembre… este 20 de noviembre, bueno los dos días, que no de oquis los mexicanos somos el populacho más fiestero del universo explorado, se festejó un aniversario más de la Revolución Mexicana, el segundo día, que se considera el oficial porque con esa fecha el pueblo de México debía levantarse en armas contra el gobierno de Porfirio Díaz, en respuesta al llamado de Francisco I. Madero quien el cinco de octubre previo había firmado el Plan de San Luis, el 18 lo festejamos porque como había que seguir la costumbre norteamericana de los fines de semana largos, dizque para ser más productivos decía Vicente Fox, quien inventó esa vacilada, ahora los mexicanos festejamos, flojeamos, desfilamos, nos embriagamos y echamos bala dos días en vez de uno, ¡Viva México huevones!, malo el año en el que cae el 20 en lunes o domingo, porque eso de festejar sólo un día, pues no es lo nuestro.
Pero como veníamos tecleando, no es lo mismo el festejo que se vivió en la capital del país, bajo los auspicios de la Cuarta Transformación, que queriendo regresarnos, en más de un sentido, a épocas anteriores, logró juntar, según las crónicas y las notas de color, más caballos que los que jamás habían pisado el Zócalo, ni siquiera cuando Emiliano Zapata y Francisco Villa se encontraron allí un 4 de diciembre de 1914. Y pues sí, ni todos los caballos del Ejército del Sur y los de la División del Norte, lograron ser más que los que juntó el Ejército Mexicano para que el presidente Andrés Manuel López Obrador pudiera ver el espectáculo de lo que algún burócrata metido a chaleco a guionista, se imaginó que fueron o debieron ser las pasadas tres transformaciones, bueno, eso si hacemos caso y más que eso, damos por buena la división que de la historia ha hecho el actual presidente, su esposa, o alguno de sus intelectuales de cabecera. Aquello fue una apoteosis, nada que ver con los modestos desfiles que se vivieron en las capitales de los estados, en las ciudades menos principales, en los municipios más tristones, y en fin, hasta en los ejidos donde el sentido patriótico de los ciudadanos mandaba festejar como tradicionalmente se hacía, la gesta revolucionaria.
Pero dejando de un lado por un momento la apreciación, casi maldición de La Güera Rodríguez, habría que hacer un distingo importante entre lo que ocurre en el desfile revolucionario de Tinguindin o el de Maravatío, por mencionar dos cualesquiera, y el de Parras de la Fuente, para más señas pueblo mágico, en Coahuila, si no por otra cosa, porque Parras presume de ser la cuna de la Revolución, por haber nacido allí el mismísimo alebrestado del Plan de San Luis, Francisco Ignacio Madero González, iniciador de la revuelta que incendió al país y derrocó al dictador Porfirio Díaz.
Una comparación odiosa, todos los días 15 de septiembre se celebra la ceremonia del grito de independencia en todos los lugares en México donde hay una campana y un lazo para columpiar el badajo, pero las dos más importantes, son la que da el presidente de la República en el zócalo de la Ciudad de México, y la otra, que no le desmerece nada, en Dolores Hidalgo, Guanajuato. Para todos los efectos, el comisionado para esta segunda ceremonia se considera privilegiado por el honor de emular a Don Miguel Hidalgo. ¿La Revolución?, en Parras de la Fuente, en vez de ser un evento a la altura del de Dolores, es una pachanga que llama a la vergüenza ajena, y si siempre había tenido lo suyo de rascuacho y pueblerino, nunca había alcanzado los niveles de chunga y choteo que tuvo este año, bajo el desgobierno municipal de Ramiro Pérez Arciniega, contando con la aparición en escena del primer morenista del estado, el superdelegado y casi prófugo de la pesada mano de la Función Pública, de Reyes Flores Hurtado.
Mire, para empezar, los desfiles del 20 de noviembre, por ser un asunto cívico, educativo y algo de edificante, se programan en la mañana, el de Parras no, con la fresca de las siete ocho de la noche, al primer canto del grillo, comenzó la parada cívica ¿parada dice el reportero sangrón?, parada porque los tuvieron a todos de pie desde muy temprano, esperando que se apareciera el alcalde y su invitado especial, el citado por la secretaria Eréndira, Reyes Flores, quien confundiendo el calendario y el mapa, andaba en la tierra de Venustiano Carranza en un evento escolar, y pues Ramiro queriendo lucirse él y el control que cree que tiene de su municipio, pues no, que se esperen a que llegue el otro, quien seguramente se moría de ganas por ver las tablas gimnásticas programadas en honor del prócer, y del representante de la Cuatro T.
Oiga, ni siquiera el presidente de la República se hace acompañar de fuerza pública, Andrés Manuel lo ha dicho y repetido, él no necesita estado mayor, a él lo cuida el pueblo bueno y sabio, en cambio Ramiro, escoltado por la Tronchatoro, esa que finge como directora de seguridad, y sí, mientras pasaban todo fueron risitas ahogadas porque esta fulana y el alcalde son muy vengativos, pero luego las mentadas de progenitora estuvieron de a peso, y es que la gente ya estaba harta de la espera. Total que se hizo de tarde y luego noche, y como el alumbrado público en el pueblo mágico brilla… pero por su ausencia, allí tiene a obras públicas del municipio colgándose de un puesto de fritangas para encender un reflector, mismo que duró hasta que se tronó.
Un desfile a obscuras, pero eso sí, los parrenses lo disfrutaron por la oportunidad de burlarse de su presidente municipal y de pasada, del superdelegado de visita, así se les bajó el coraje de que los hallan tenido esperando al rayo del sol mientras hubo, ya al rato alguien que tenía prendidas las noticias, sacó el chiste de que el que había intentado quemar el Angel de la Independencia allá en México, había sido Ramiro Pérez, pero no fue un atentado, es que quería iluminar a todo lujo el desfile que tenía preparado para el prócer Francisco Madero, ¡ah raza esta, que no respeta héroes y menos autoridades electas! Pues qué caray, a ver con que nos sale Ramiro para el desfile navideño.

Cuanta basura escrita en una sola nota jajajajaja