Tantito respeto para el sufrido conductor

BAILE Y COCHINO.-

Por Horacio Cárdenas.-

saltillos

Puntillosos académicos, sesudos analistas y periodistas que hacen bien su trabajo, han documentado una triste realidad en la capital de Coahuila, el gasto que se hace en facilitación para que la gente se movilice, es demasiado sesgado, rayando por momentos en lo irracional.

En esto ni Saltillo ni Coahuila son particularmente señalados, es algo que se repite en la totalidad de los asentamientos humanos, y casi podríamos asegurar que es una tendencia que se registra a escala mundial, eso de invertir las mayores proporciones de dinero para la movilidad de una minoría, para llamarla por su nombre, la que se transporta en vehículos automotores individuales, en contraposición con aquel exiguo gasto que se hace en las grandes masas de población, que se mueven a pie, en transporte público, y más recientemente en bicicleta u otros medios novedosos caracterizados por sus pocas dimensiones y baja o nula emisión de contaminantes a la atmósfera.

Le digo, los datos los han compartido los especialistas, no tenemos a la mano los  más recientes, pero un aproximado es que se gasta el 90% de todos los recursos públicos en infraestructura para los automóviles, en tanto que el resto se aplica en infraestructura para dar algo de espacio, algo de comodidad y una poca seguridad a los que no tienen la fortuna de enlatarse para ir a cualquier lado en un armatoste que pesa entre 10 y 20 veces lo del cuate que lo va manejando. Hasta eso podría parecer mucho un 10% para los que no tienen carro, pero es que aquí entra también el financiamiento público para el transporte colectivo, los camiones no son nada baratos, pero sí justifican ampliamente la inversión por el abatimiento en los costos de movilidad por individuo; de lo otro, de lo que se invierte en la habilitación de ciclovías en vialidades ya existentes, o en la creación de nuevas por allí donde se abren nuevas avenidas, el gasto es más bien marginal, casi como si no hubiera ganas en los políticos por darle viabilidad a estos medios de transporte alternativos, y ni siquiera en banquetas, que cuando menos en Saltillo, no se le exigen al desarrollador, solo hasta que ya va a construir las casas del fraccionamiento se le piden,  mientras el que se anime a caminar, lo hace en condiciones de campo traviesa en plena ciudad.

Pero para que vea como es contradictoria nuestra sociedad, que por un lado privilegia la utilización del automóvil particular por encima de cualquier otra opción para movilizarse por la ciudad, y por el otro le pone cuanta traba se les va ocurriendo, haciendo del transporte citadino una auténtica pesadilla. Se ha hablado mucho y no ha servido para nada, que en Saltillo, como en otras muchas ciudades del país, la principal avenida se cierra los domingos, para convertirla en un espacio de convivencia familiar, de ejercicio físico, de diversión, de difusión cultural y lo que al gobierno de cada localidad, a las organizaciones civiles y hasta las empresas se les ocurra. Mal que bien después de cinco o más años de rutas recreativas, paseos dominicales, o como se llame en cada sitio y cada trienio, la gente se ha acostumbrado que el domingo hay que sacarle la vuelta, en nuestro caso, al boulevard Venustiano Carranza, afortunadamente ese día no hay tráfico por las pocas otras calles, y ni modo, pero eso es una cosa, el calvario de todos los ciudadanos el día domingo, tan malo como ir a misa o que lo manden por la barbacoa o el menudo, ah pero que se lo receten en día hábil… eso es tortura de la más refinada.

Quede claro, siempre había habido cierres de calles por parte de la autoridad, cuando había que conmemorar alguna fecha cívica, el desfile del 16 de septiembre, el correspondiente del 20 de noviembre, el del 1 de mayo, pero a la vieja usanza, esos eran días de asueto, nadie tenía que ir a la escuela o al trabajo, el cierre de vialidades no causaba más que una incomodidad mínima, ah, pero todo fuera que algún burócrata llamado Vicente Fox saliera con que había que copiar a los norteamericanos sus fines de semana largos, recorriendo el descanso para el lunes y queriendo obviar nuestros tradicionales puentes, para que la cosa de veras se entrampara, porque en efecto, el descanso ocurre el lunes… y la conmemoración, con su riguroso y aparatoso desfile, el día que siempre había sido, ¿resultado? Un auténtico caos vial, pérdida de cientos de miles de horas hombre, pérdidas de productividad en las empresas, retardos en la llegada a las escuelas, odio y desprecio por las instancias de gobierno, más lo que usted quiera agregar, todo en la misma cuenta.

Concretamente en Saltillo se le ha perdido gacho el respeto al conductor, van algunos ejemplos además del miércoles 20 recién pasado: hace pocos meses a alguien se le ocurrió la brillante idea de promover el turismo a la entidad, para lo cual organizaron un evento de motocross y acrobacias, para lo cual no encontraron mejor escenario que la plaza de armas… allí tiene a las motor volando entre palacio y catedral, rasurando con sus llantas las cabelleras de las ninfas de la fuente. Obvio, se cerró medio centro, cuando menos eso fue en fin de semana, pero otra que no lo fue, hace un mes se celebró el desfile de las ánimas, en pleno día hábil, para que luciera como se lo imaginaron… cerraron todos los accesos al centro, desde Coss. Aquello fue un infierno de tratar de sacarle la vuelta por donde se pudiera… y por ningún lado se podía. Que qué bueno, los catrines y catrinas se veían mortuorios, la pasaron bien, lo mismo que los espectadores  ¿pero y la gente que trabaja, la que no podía llegar a su casa?, esos a nadie le importan.

Sume las peregrinaciones, montones de ellas para el día 12 de diciembre, más “la grande”, que hacen un domingo en que dislocan el tránsito durante muchas horas, eso sí, con fines muy cristianos y devotos, pero pobres de los que no creen, o aun creyendo, viven su propio calvario, no el que les imponen otros, con la complacencia de la autoridad.

Luego del enojo y del perjuicio por lo del 20 de noviembre, que a mucha gente les representó problemas en su chamba y en sus colegios a los niños, todavía faltan los desfiles de navidad… “el de la Coca” y el de gobierno, que comparten la particularidad de cerrar Venustiano Carranza, Coss y otras avenidas durante horas, y no porque desfilen contingentes larguísimos, sino porque por ser miserablemente lastimosos, los hacen que circulen a un kilómetro por hora, que hasta los barros en la cara le pueden distinguir los asistentes a los desfiladores. Ah y se nos olvidaba, van a cerrar las calles alrededor del mercado Juárez, que porque cumple años… ¿de veras alguien piensa que hay algo que festejarle al mercado, donde cada vez menos gente compra y los locatarios ni la renta pagan?

No que vayan a hacer caso, las autoridades seguirán dispensando permisos para el cierre de calles a diestra y siniestra, pero que piensen que la gente de coche merece respeto, un poquito aunque sea, y si de lo que se trata es precisamente de que se bajen del automóvil, pues que pongan los medios para que puedan andar sin él, nomás para que dejen de arderles las orejas por sus necias decisiones.

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