BAILE Y COCHINO.-
Por: Horacio Cárdenas.-

Desde hace mucho tiempo que algún sesudo analista de la cosa política en este país, definió claridosamente que no, que México no es una dictadura, pero tampoco es una democracia, no es una república parlamentaria, como tampoco es un gobierno separado de la iglesia, el pueblo no es representado en el congreso más que de nombre, y en fin, no es nada que se pueda definir claramente en positivo, por ello es por lo que las aproximaciones son más bien para tratar de quitar lo que no es, pero lo que quiere parecer, para al final llegar al cogollo, y entonces sí, saber qué demonios es nuestra particular forma de gobierno.
De entre la gente de adentro del sistema y de lo observadores desde la barrera, hay dos apreciaciones que nos parecen bastante más acertadas que el trabajo de décadas de los académicos de la Facultad de Ciencias Políticas, por un lado está aquella de que México es una dictablanda… en cuanto que hasta que no ocurra un golpe de estado por parte de la milicia harta de que la traigan como trapeador y la traten como lo mismo, la administración pública se porta con una soberbia de ai’ te encargo, pero eso sí, diciendo que interpreta lo que el pueblo bueno y sabio quiere, el gobierno mexicano, a muchos nos consta, es duro, es violento, no perdona ni olvida nada, lo peor que puede pasarle a uno es que lo agarre de encargo, y si no pregúntele a la paisana Rosario Robles Berlanga, que no verá la luz del día ni disfrutará de libertad mientras MORENA gobierne. La otra apreciación es parecida, nada más que referida a la persona que ejerce el poder, más que a todo el gobierno que representa, es aquella sentencia de que en México lo que tenemos es una presidencia imperial, a la más vieja usanza de los emperadores aztecas, cuyos deseos y sus palabras eran ley, pero ley que era obedecida inmediata y ciegamente por todo el pueblo al que se consideraba vasallos.
A lo mejor respecto de varios de los últimos presidentes se trajo a colación su actitud soberbia y despreciativa, recordando aquella expresión atribuida a Luis XIV, Rey de Francia, de que El Estado soy yo, y sí, comparado con sus sucesores, bastante pusilánimes que hasta la cabeza llegó a perder, literalmente alguno, llevaba férreamente las riendas del gobierno francés, y se daba tiempo para mangonear los destinos de la vieja Europa, y sí, hemos tenido uno que otro presidente despótico, pero era más bien por su escaso don de gentes, el caso de Ernesto Zedillo o de Carlos Salinas, pero de nadie se había mencionado tanto y tan seguido la frase de El Rey Sol, como del presidente actual. En efecto, Andrés Manuel López Obrador, desde que perdiera la elección contra Felipe Calderón Hinojosa en aquel memorable 2006, cuando mandó al Diablo las instituciones, ya perfilaba lo que sería su gobierno dos sexenios después: pese a los rollos de la república amorosa, del mandato del pueblo, de las consultas a mano alzada, el que manda es él y solo él, el resto de la burocracia, de secretario para abajo, no pasan de ser elementos decorativos, floreros en sus propias palabras.
El problema de México no es que su presidente sea un caudillo que no entiende de más razones que las que a él mismo se le ocurren, el problema es que la demás gente de MORENA, incrustada en distintos puestos de elección popular, se portan de la misma manera irracional, pasando por encima de constituciones y leyes, de instituciones, de disposiciones administrativas, ordenamientos y reglamentos. A los morenistas todo les importa un cacahuate, siendo la constante que el gobierno es lo que les sale de los tanates o de los ovarios en un determinado momento, y que con ser tan intuitiva su forma de gobernar y administrar, por ese sólo hecho está correcto y bien, y por eso es que el país, varios estados y muchos municipios, van camino del desastre.
Un caso patético es el de la administración morenista de Parras de la Fuente, donde el alcalde Ramiro Pérez Arciniega ha dado muestra de su predilección por ciertas instancias, al tiempo que desprecia a otras que deberían importarle mucho más, con ser más inmediatas en lo que a supervisión de sus acciones de gobierno se refiere.
De que a Ramiro todo le vale hay demasiadas muestras, el mismísimo gobernador del Estado de Coahuila, Miguel Ángel Riquelme Solís, tuvo que llegar a regañarlo a su propio municipio, que ya se ponga a trabajar, fue el mensaje que dejó Riquelme en su última visita a Parras. Más claro ni el agua, de lo que en la capital del estado opinan de cómo se están llevando las cosas en el pueblo mágico, pero ya hubo antes de eso extrañamientos de parte del Congreso, llamadas de atención de parte de la legislatura, exigencias de que cumpliera con los elementales requisitos de entregar el proyecto de ley de ingresos y el presupuesto de egresos, además de los estados de resultados mensuales a la Auditoría Superior. Pero también ha habido reconvenciones de parte de la Fiscalía Anticorrupción para que presente pruebas de descargo de las acusaciones que le hace a la administración municipal el pleno del Cabildo parrense, que se ha visto obligado a apelar a instancias superiores, ante la imposibilidad de obtener respuestas claras de quien ni siquiera es para presentarse a las sesiones del cuerpo edilicio para cumplir con su obligación de presidirlas.
Pero para que vea lo mañoso que es Ramiro Pérez, ¿pues no llegó el otro día al cabildo una comunicación de la Séptima Visitaduría Regional de la Comisión Estatal de Derechos Humanos exponiendo el caso de la pobrecita Brenda Karina Vérez Zurita, quien habiendo sido destituida por el cuerpo edilicio de la ciudad atendiendo a un cúmulo de razones más que ampliamente documentadas, ahora interpuso denuncia por presunto atentado a sus derechos humanos?, atrás de esto no hay más mano que la del alcalde, que lo que busca es vengarse de los regidores parrenses, pero cabría preguntarle ¿y cuando él ha sido denunciado, también ante derechos Humanos por el comportamiento de sus policías contra reporteros y ciudadanos?, ni voltea a ver a los visitadores, ahora pretende usarlos, a ver si logra la reinstalación de Brenda y el resto de su camarilla, en el entendido de que no es la persona lo que importa, sino el dinero que iría a dar a su bolsa directamente.
Lo mismo pasa con el Instituto Coahuilense de Acceso a la Información, el único que no sabe que el R. Ayuntamiento de Parras de la Fuente es sujeto obligado por la Ley de Acceso a la lnformación Pública para el Estado de Coahuila de Zaragoza es el presidente municipal de Parras, quien no es para abrir él o quien él haya dispuesto como encargado de la unidad de transparencia, para abrir las solicitudes de información, mucho menos para darles respuesta en los términos y plazos de ley.
De veras, el Ayuntamiento de Parras soy yo, parece ser el lema de Pérez Arciniega, quien dolido como está que lo hayan ido a acusar a Saltillo, de que le hayan corrido a su novia, de que lo hayan regañado públicamente, de que pesen sobre él tantas denuncias, ahora endereza acusaciones contra quien se ponga a tiro, haciendo uso de las instituciones que él desprecia y a las que ignora cuando el pleito es contra él, es en momentos como este que nos damos cuenta que Ramiro Pérez se está convirtiendo en un tipo peligroso para Parras y para los parrenses.

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