¿QUÉ PASÓ EN VILLA UNIÓN?

BAILE Y COCHINO.-

Por Horacio Cárdenas.-

La más antigua sabiduría china dice que no hay día perfecto. Aún cuando todo esté dispuesto para que las cosas salgan como uno lo desea, algo falla, y no como lo dice el optimismo mexicano con su prietito en el arroz, sino en proporción directamente proporcional a la felicidad que uno esperaba, de ese tamaño puede ser el mal que venga.

Solo como referencia, el 31 de octubre pasado pintaba para ser el día perfecto para el presidente Andrés Manuel López Obrador, ese día, habiendo vencido a los que él eufemisticamente llama sus adversarios con la caída del último amparo contra la construcción del aeropuerto de Santa Lucia, acudía a la base militar a reiniciar los trabajos en el más sonado triunfo de la 4T, no duró mucho el gusto, para las tres de la tarde Culiacán ardía por la incompetencia de su gobierno para detener a Ovidio Guzmán, delincuente al que no solo tuvo que soltar, sino prometer dejar en paz.

El 30 de noviembre el gobernador de Coahuila Miguel Ángel Riquelme Solís rendía su segundo informe de gobierno en Saltillo, teniendo el congreso como invitada especial a la secretaría de Gobernación, con la representación presidencial, al más puro estilo de los tiempos del viejo PRI. La ceremonia se planeó y desarrolló con la pulcritud del caso, se intercambiaron zalemas y enviaron mensajes, todo como debía ser. Para cerrar la jornada se encendería el pino navideño, para darle el toque humano, un día redondo pues… hasta que pasó lo de Villa Unión.

Pero… ¿qué pasó en Villa Unión?, las redes sociales dieron cuenta desde el día anterior y por la mañana, del descarado desplazamiento de decenas de camionetas habilitadas como vehículos de ataque, ostentando algunas en sus portezuelas las iniciales de su organización, eso sí con una franjita con los colores patrio. Habiendo salido horas antes de Nuevo Laredo se dejaron llegar al municipio de Villa Unión, con el objetivo de… ¿cuál objetivo?, por más que se busca, no es fácil dilucidar cual fue. De que lo hubo, lo hubo, pero esto no fue ningún mensaje cifrado ni que sepamos llevaban una narcomanta con las ya clásicas falta de ortografía y sintaxis que le dan autenticidad.

Llegaron tirando bala sobre lo que fuera, se asentaron en la plaza para convertir en escombro la modesta presidencia municipal y hasta a la iglesia le dispararon, ¿para qué? Si la alcaldesa tenía que estar en Saltillo para el informe del gobernador, en sábado había pocos empleados municipales, suponiendo que fueran sobre alguna autoridad, pero esa es solo una hipótesis y débil hasta eso.

Si hubiera habido un objetivo, no se hubieran enseñoreado casi dos horas en el pueblo, como dando tiempo para que se hicieran las llamadas del caso, para que fuerzas estatales y federales se desplazaran a Villa Unión, para que pudieran tender un cerco del que solo podrían salir por piernas, pues ni plano llevaban ni conocían las brechas para un posible escape. En minutos pasaron de asesinos y perdonavidas a andar a salto de mata, y volvemos a preguntar ¿para que?

Alguien podría sugerir que se trató de un ejercicio de entrenamiento para la tropa del infierno o como sea que gusten de llamarse a si mismos, pues si fue esto les salió pésimo: Perdieron hombres, vehículos, armas, demostraron que si, saben jalar del gatillo, pero no saben porqué ni para qué hacen lo que hacen, lo que hemos dicho aquí mismo varias veces, para sus jefes no son más que carne de cañón, sacrificables y sacrificados en un segundo.

Cabe la hipótesis de que trataban de probar la capacidad de reacción de la policía estatal y en general del gobierno del estado de Coahuila, de lo cual ya habían tenido muestras de sangre y fuego, con leer los periódicos se enterarían que Coahuila es el eje que articula la estrategia regional de seguridad, en defecto o en apoyo de la propia de la Guardia Nacional.

Otra explicación posible: que andando en Coahuila Olga Sánchez Cordero, pudiera entenderse como un mensaje para el gobierno de la república, quizá, pero Villa Unión dista 375 kilómetros de Saltillo, los tiros no se oyen tan lejos.

Una más: Echarle a perder el día al gobernador Riquelme Solís en una jornada en que recibe invitados… capaz que sí, que esa fue la idea. Pero cualquiera que conozca a Riquelme un poquito sabría que no le saca a las broncas. ¿Se acuerda cuando el asesinato de Puron Johnston en Piedras Negras cuando era candidato a diputado federal? ¿Quién presidió las exequias? Exacto, el gobernador Riquelme, quien no le sacó a estar presente en un sitio y un momento peligroso como pocos.

Igual ahora en Villa Unión, los videos dan cuenta del gobernador, violando las reglas más elementales de preservación de la escena del crimen, se asoma a alguno de los vehículos destruidos por la metralla, pero bueno, el es autoridad y punto.

A lo mejor lo hicieron pasar coraje, mismo que le sirvió para decidir ir y llevarse a su fiscal y sus secretarios de Gobierno y Seguridad a la zona caliente. Más de uno se quedó con ganas de flojear el resto del sábado luego de la grilla del informe. Ni modo, les tocó servir con este gobernador y no con otro más coyon, de los que en Coahuila tenemos triste memoria.

900 palabras después y no hemos podido llegar a una explicación convincente de qué fue lo que pasó en Villa Unión. Pero por lo menos podemos decir que, para quienes tengan capacidad de ello, varias lecciones fueron aprendidas.

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