BAILE Y COCHINO.-
Por: Horacio Cárdenas.-

Todavía a estas alturas, la gran mayoría de los habitantes del estado de Coahuila y de quienes se han interesado por la prensa o los medios electrónicos de comunicación de los sucesos de hace una semana en el desolado municipio de Villa Unión, no pueden responder a la pregunta ¿Qué fue lo que de verdad ocurrió en aquella alejada zona de nuestra geografía estatal?
Sí, quizá por allí en alguna oscura sección del Estado Mayor de la Secretaría de la Defensa Nacional haya un documento que haya analizado conforme a procedimiento toda la información disponible, la que se ha dado a conocer al público y la que se han guardado las autoridades. Tal vez sea la Guardia Nacional, o alguna otra dependencia del revolcado organigrama de inteligencia del gobierno de la Cuarta Transformación, que concentre los datos previos, los generados durante y los posteriores a los eventos en Villa Unión, o ya de perdida la Secretaría de Gobierno del Estado o la de Seguridad Pública, alguien que sea capaz de poner en la mesa con un grado de credibilidad sus propuestas de respuesta a las preguntas ¿Por qué?, y ¿Para qué?
Por supuesto que toda autoridad a la que le pusieron un micrófono enfrente no desperdició la oportunidad de ofrecer sus propias interpretaciones de lo ocurrido. Algunos estuvieron más centrados que otros, algunos demostraron que tienen una imaginación muy volátil, no faltaron los que se sintieron como Felipe Calderón o hasta como Jericó Abramo, que como en este enfrentamiento ganaron las fuerzas de “los buenos”, ya tenían ganada la guerra contra las bandas del crimen organizado, y en fin, la conclusión más importante que se pudo sacar de todo el asunto es lo urgente que resulta siempre en estos casos la creación de una “versión oficial”, y que todos los funcionarios se apeguen a ella, para no andar regando luego el tepache y tratando de reparar el daño causado.
No vamos a tratar de ahondar en lo que no sabemos, como ya dijimos, probablemente haya quien en el gobierno tiene la información de lo sucedido en Villa Unión, pero por las razones de estado que consideren válidas, se la están reservando. Lo que nos importa es reflexionar aunque sea un poquito en torno a lo que significó el ataque al otrora tranquilo poblado coahuilense, y lo que puede representar en su futuro inmediato. Por lo pronto este viernes llegó el enésimo reporte del campo de batalla, en una de las tantas brechas que atraviesan los peladeros del municipio, se encontró el cadáver del que parecía de entrada ser uno de los atacantes. No se pensó en algún habitante o vecino porque pues no hay aviso de otros desaparecidos, este era un desconocido que tuvo la mala fortuna de quedar herido… quedar a pie… y en una región tan mexicana y tan coahuilense, que parece extenderse hasta el infinito, más cuando uno tiene hambre, sed y está perdiendo sangre por las heridas de bala.
¡Qué feo!, dirán los observadores casuales y las buenas conciencias ¿cómo se puede hablar así de gente y de un lugar que no está tan lejos de la civilización?, pues tal cual, resulta que aquellas veredas y brechas, transitadas en general por los habitantes de los extensos ranchos, por algunos abigeos que nunca faltan en este principio de milenio como si estuviéramos en el Siglo XVIII, y por contrabandistas de todo aquello que sea contrabandeable, gente, armas, drogas, de ida o de regreso, ahora son donde corre uno el riesgo de encontrarse uno o varios cadáveres, no vamos a decir de sobrevivientes de la masacre, porque no son sobrevivientes, pero que sí salieron de la zona cero para ir a morirse kilómetros más allá. Para colmo de males la naturaleza suele ser bastante gacha, por aquellos andurriales tan solitarios todavía hay una cierta población de carnívoros y carroñeros, a lo que el cuerpo de un sicario, por más pretencioso que haya sido en vida, les viene muy bien a sus estómagos…
Hasta eso los reportes oficiales han sido bastante discretos, así como no se mostraron más que pocas fotos de las víctimas, las menos devastadoras, así tampoco han dado a conocer el estado en el que se han ido encontrando los cuerpos de los delincuentes que se han ido localizando por las brechas. Que qué bueno, las imágenes de la devastación de las balas calibre 0.50 en los frágiles cuerpos humanos no son nada agradable de ver, pero también nos podemos imaginar que luego de cinco o seis días al sol, entre la fauna silvestre del norte de Coahuila, tampoco los cadáveres han de ser particularmente sencillos de reconocer, incluso sospechamos que hasta problemas estarán teniendo para poner todos los huesos juntos.
El jueves se dio a conocer una relación de lo que le sucedió a dos ciudadanos norteamericanos que tuvieron la mala suerte de toparse con una partida medio desesperada, de los participantes en el ataque a Villa Unión. Los propios cazadores dicen que los trataron bien, hasta amablemente, que no les causaron ningún daño, pues lo único que querían era “un norte” de por donde salir de los enrevesados caminos de Villa Unión. Gente violenta, bañada en sangre, acobardada por la geografía coahuilense, que cuando quiere… no se deja abandonar fácilmente, tan así que por momentos se forjó una camaradería con un solo objetivo: poder salir vivos de tan inhóspito municipio coahuileño.
En su relato los aficionados a la caza de venado mencionaron que no, que pese a su gusto por la aventura, por lo bueno de las presas, en la vida vuelven a cruzar la frontera para ser huéspedes de los, por lo demás, bien montados ranchos cinegéticos de por aquella zona. Ni modo, pocos visitantes tenía el pueblo, y ahora serán todavía menos.
Por su parte las autoridades han anunciado la construcción de tres bases operativas, para albergar destacamentos de la Guardia Nacional, del Ejército, o de cualquier otra fuerza, esperamos del orden, que en algún futuro tenga que venir a poner o mantener el orden en una región que, hay que decirlo así, durante siglos se ha manejado prácticamente sin ley. Que si eso es lo correcto o no, eso estará por verse, más nos parece que a los guardias o soldados a los que les toque ir a Villa Unión y a los 5 Manantiales se van a pegar la aburrida de la vida, pero ni modo, eso es lo que les tocó obligados por las circunstancias. Quisiéramos decir que este asunto de Villa Unión ya terminó, con el último balazo, con el último cadáver encontrado, pero no, esto todavía va a dar mucho que averiguar y todavía más qué reportear, de lo bucólico que era, a lo macabro, a lo policíaco, si no es que todavía a cosas todavía peores.

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