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CUIDEN SUS ACTIVOS

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

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Nos imaginamos la escena más o menos así, luego de que algunos obscuros y mal pagados burócratas de esos que tienen maestrías y doctorados pero los tienen haciendo la talacha más infecta en las mazmorras de la Secretaría de Hacienda, del Banco de México, del ISSSTE y del IMSS, lograron convencer al escalafón ascendente de que tenían una bomba de tiempo en las manos, estos se decidieron a pedir una audiencia al ciudadano presidente de la República no sólo para exponerle la situación, sino para plantearle una alternativa que se les había ocurrido que podía, si no resolver el problemón que se les venía encima, sí enviarlo a varios sexenios en el futuro, cumpliendo con la consigna número uno del sistema político mexicano: que el que venga detrás sea el que arree:

Reunidos el presidente, sus secretarios de Hacienda, de Gobernación, sus directores del BANXICO, del Seguro Social y del ISSSTE, además de sus asesores financieros escucharon el informe que traía la doble clasificación Top Secret, y Sólo para los ojos del presidente. ¿Qué decía el informe?, pues a muy grandes rasgos decía que el sistema de pensiones de gobierno estaba en quiebra, los dineros que durante toda su vida laboral se le habían descontado a todos los trabajadores del gobierno, desde el más recóndito afanador de quinta hasta el presidente del tribunal de justicia, que por supuesto ganaba entonces, como gana hoy, más que el titular del ejecutivo, se estaban agotando, y que si no se hacía algo urgente, a la vuelta de pocos años o incluso meses, no habría con que cubrir las pensiones, eso a pesar que muchas eran una vergüenza, apenas de supervivencia, y sólo unas pocas de lujo.

No era el momento, como nunca lo ha sido, como probablemente no lo será nunca, de encontrar culpables, ¿Quién se robó el dinero?, ¿Quién fue el incompetente que no previó lo que estaba pasando?, ¿Quién omitió tomar las decisiones para resolver la situación antes que se tornara explosiva?, y luego del momento de catarsis, los convocados a punto del supiritaco llegaron a la madura e ineludible conclusión de que en este país no se busca quien la hizo, sino quien la pague, y así pasaron al siguiente punto: ¿qué hacemos para resolverlo?, y como dice la sabiduría popular, allí fue donde la puerca torció el rabo… y de qué manera…
La idea era maquiavélicamente simple, y tenía la enorme ventaja de ganarle tiempo al tiempo ¿Cuánto?, eso es lo de manos, lo que importaba era brincar el sexenio, y que pasaran dos o tres, de manera que no hubiera manera de rastrear quienes, cómo, cuando y donde fraguaron esto, que no podría ser calificado de otra manera que un fraude de dimensiones nacionales, pues esquilmaría a todos los trabajadores que cotizaban para algún día poder retirarse.
¿Qué ya no hay dinero en los fondos de pensiones?, muy fácil, tomamos el dinero de los trabajadores activos, el que están aportando quincenalmente, y con ese les pagamos a los trabajadores retirados. Esa fue la gran idea, y no tardos y perezosos la pusieron en práctica. De repente los fondos de pensiones que estaban al borde de la quiebra o un poquito más allá, se vieron aliviados, como si les hubiera vuelto el alma al cuerpo, en vez de andarse escondiendo sus directivos, volvieron a pasearse orondamente, como algunos de los consentidos de la casta divina de la burocracia nacional.
Tal como lo ofrecía el documento que seguramente existió y está olvidado debajo de varias toneladas de papeles en el Archivo General de la Nación en la más recóndita mazmorra del Palacio Negro de Lecumberri, se quitó la presión a las finanzas públicas, específicamente a los grandes fondos de pensiones como los del IMSS y el ISSSTE y otros menos voluminosos pero no menos emproblemados, como el de PEMEX, de las universidades públicas de los estados, entre otros. Durante este tiempo, varios sexenios, los gobiernos tuvieron la oportunidad de pensar, planear, y establecer esquemas de solución, de manera que cuando el modelito de marras también comenzara a hacer agua, se pudiera ejecutar una transición tersa, una que casi no se sintiera, pero no, al tan particular estilo mexicano, le volvieron a dar volteretas a la hilacha, y pasó lo que tenía que pasar, al problema original se sumó el problema secundaria, y así llegamos al momento actual, citando el nombre de una película y de un lugar común tomado de aquella, la tormenta perfecta.
Durante un buen tiempo los trabajadores en activo, sin su consentimiento, es más, sin su conocimiento, estuvieron y siguen manteniendo a los trabajadores jubilados, no pocos de los cuales se jubilaron con pensiones escandalosas para las que definitivamente no aportaron el dinero necesario, pero así ha sido siempre la política, que premia y no castiga los abusos, y que hasta el momento, no es para revertir las decisiones ni resarcir el daño, ¡todo menos eso!, lo caído caído, es la ley de hierro. Sí, pero el tiempo ha ido pasando y los trabajadores que estaban en activo, también han ido cumpliendo sus años de servicio y han pasado poco a poco a retiro, con lo que la posibilidad de que siguieran manteniendo los activos con sus cotizaciones a los cada vez más pensionados, se ha ido contrayendo, en una situación trágica para los burócratas de hasta arriba, lo que por algún tiempo feliz fue suficiente, hoy ya no alcanza, y tanto, que pasan aceite cada quincena para pagar lo correspondiente, y cada fin de año la pesadilla para cubrir el aguinaldo.
El peor de los escenarios, casi, es el de que hay bastantes trabajadores en varias instituciones educativas y de otros giros, que ya cumplieron sus años de servicio y tienen la edad legal para aspirar a retirarse, ¿y qué cree?, pues que no pueden hacerlo porque en la dirección de administración o personal de su institución olímpicamente les dicen que no hay dinero para pagarles su liquidación ni su pensión…
Ingenuos como son los burócratas cuando no quieren ver lo que siempre han tenido enfrente, preguntan desesperados ¿y todo el dinero que yo coticé estos treinta, treinta y cinco, cuarenta o más años, dónde está?, a lo que la cínica respuesta es que no está, y si piadosamente les dan alguna explicación, les sueltan la teórica pero ilegal de que como su fondo de pensión es solidario, lo de su pensión se fue, solidariamente, a pagar la pensión de los que se jubilaron antes que él, y él, solidariamente, pasa a jod…
Lo más bizarro del momento actual, es que las instituciones que están en esta situación, con todo que deteste la lata que le dan los trabajadores que se quieren largar, es que tiene que hacer hasta lo imposible para que no se le vayan, tan sencillo como que si se van, tendría que pagarles una pensión para lo que no tiene dinero, pero además, estos trabajadores dejarían de estar en la plantilla que se paga desde la federación, en la cual viene considerada la aportación al sistema de pensiones, ese que siguen, solidariamente utilizando indebidamente para pagar las pensiones de los que alcanzaron a retirarse a tiempo. Por si fuera poco, en el instante en que les repusieran la plaza, esta entraría en otro régimen, así que no podrían pellizcarle al salario del nuevo empleado para seguir pagando las pensiones.
Como nunca antes, las instituciones están atadas a sus trabajadores activos, y ni modo, a aguantarles todo, primero para que no haya que pagarles su pensión, mejor su salario, y luego para poder usando y abusando de su aportación para pagarle a los otros, esto hasta que la cosa truene, como tiene que tronar. Mientras, allí va el consejo no pedido: cuiden a sus activos, por más que de cansados, viejos, hartos y desencantados no merezcan seguirse llamado trabajadores, porque de esos ya no van a encontrar nunca más.

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