Reyes Flores vs. Javier Guerrero: por la gubernatura… y sin medicinas

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

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Creo que fue Luis Echeverría el que ideó aquella frase del estilo personal de gobernar, en respuesta y en referencia a las críticas que se hacían a la manera en la que llevaba él las riendas de la administración pública federal. Desde luego que había motivo para las críticas, ¿a quién le gustaba, de sus subordinados, tener un patrón que decía que el presidente de la República tenía que ser el mexicano que más temprano se levantara, y el que más tarde se fuera a acostar?, a ninguno, pues por querer seguir en la nómina oficial y de ser posible, escalar en la jerarquía burocrática, había que levantarse todavía más temprano que el jefe, e irse a dormir todavía más tarde, y desde luego no pensar ni por un momento en que existían los sábados, domingos y días festivos. Trabajar en el gobierno de Echeverría era un sacrificio como pocos, que sin embargo también tenía sus recompensas, si se era como el presidente, alguien que no sólo gustara del poder, sino que fuera adicto a él.

Luego hubo presidentes que hasta vacaciones tomaban, mandatarios de semana inglesa y hasta horario corrido, de las nueve de la mañana hasta las tres de la tarde, y se acabó la jornada. Quizá estos fueran más preparados e inteligentes que Echeverría, pero que tuvieran mayor conocimiento del país y del gobierno, eso siempre estará en tela de duda.
Para bien o para mal, Andrés Manuel López Obrador tiene la misma escuela de Echeverría, es un presidente al que le encanta gobernar, le fascina estar en contacto continuo con la gente, no está a gusto si no está acumulando millas por todas las regiones del país, y casi podríamos decir que se cansa más si está en su oficina o en su palacio, que dirigiendo mensajes a la nación, a sus partidarios o dándole picas a sus enemigos.

Tanto en el caso de Echeverría como en el de López Obrador, los presidentes tienden a abusar… a querer exigir de sus colaboradores tanto como se exigen a sí mismos, y si no pueden, pues que de dediquen a otra cosa. Recordamos un incidente hace algunos meses, en que a los reporteros que cubrían sus larguísimas giras y que en un momento de debilidad profesional le pidieron que le bajara al ritmo, les contestó: “no vengan”, y no porque no necesite público ni medios que difundan lo que dice y hace, sino que se pusieron de pechito para la regañina, antes que este hubo una intentona que quedó en eso, de que los burócratas federales, a esos que les había bajado el sueldo, deberían cubrir jornadas de más de cuarenta horas, y estar disponibles de lunes a sábado, como mínimo. Ese es el estilito con el que López Obrador quiere llevar su sexenio, a matacaballo.
Ese es el mismo estilo que quiere que sus subordinados e incondicionales tengan en su actividad cotidiana, sí, nada más que la humana no es una máquina que no se canse, al contrario, es una que conforme van pasando las horas, los días, las semanas y los meses, empieza a dar muestras de desgaste, de pérdida de eficiencia, de bajo rendimiento, y de errores, muchos errores.
Hablando específicamente de los superdelegados de la administración pública federal en los estados, lo que quería el presidente es que emularan sus jornadas de trabajo, por lo menos en cuanto a extensión y en cuanto a presencia ante la población, después de todo los superdelegados son agentes políticos de MORENA y de la Cuarta Transformación, que tienen como misión principal mantener y aumentar la simpatía de los posibles votantes, para que se transforme en sufragios en las próximas elecciones a favor de los candidatos que le den continuidad al lopezobradorismo.
En el caso de Coahuila el superdelegado Flores Reyes Hurtado procura eso, igual que el patrón que lo sacó de su mala racha para instalarlo en calidad de sátrapa, con poder, teórico o real, sobre todas las dependencias de la administración pública federal, a las que previamente se ocuparon desde el centro de descabezar para instalar un régimen de terror bastante complicado de soportar. A veces se ve a Reyes entregando becas, programa favorito del actual sexenio, convencidos como están de que cada beca representa un voto a favor de MORENA, si no es que también los de las familias y conocidos que aspiran también a recibir esa dádiva; a veces Reyes anda en los retenes del Instituto de Migración, a veces se le ve en las pachangas en las alcaldías, sobre todo en aquellos municipios gobernados por MORENA, donde los correligionarios se deschongan en los gastos por quedar bien con el que sienten tiene mano para determinar su futuro político y financiero.

Sí, Reyes como su jefecito López Obrador está juntando millas y más millas por todo Coahuila, pero de si esos paseos le comprarán un viaje gratis o una candidatura, o tienen la efectividad que su patrón espera, eso está por verse.ç
El fin de semana pasado Reyes cometió lo que podría entenderse como un error político, o no, después de todo el IMSS y el ISSSTE también son áreas de supervisión del superdelegado estatal, pero también hay valores entendidos… para el que quiera entenderlos. El caso es que Flores Hurtado se apersonó en la Clínica 71 del Instituto Mexicano del Seguro Social en Torreón, según él, para desmentir todas las cosas feas que a últimas fechas, digamos el último año, se han dicho sobre los servicios del Seguro, hasta un video promocional subió a su página de Facebook, todo para que con lo democrática que es esta red social, los afectados, porque no se les puede ya llamar derechohabientes, se soltaran con inusitada furia para llamarlo mentiroso a él, señalarlo como directamente responsable de la falta de medicamentos, de la reprogramación de cirugías, de la pésima atención, entre otras muchas cosas.
A Flores Hurtado le llovió en su milpita, pero eso no es lo peor de todo, sino que otro de los grillos de MORENA, Javier Guerrero García, quien por estas fechas jala como secretario general del propio IMSS a nivel nacional, se tomara la visita de Reyes a la clínica 71 como lo que es, una invasión de su coto privado, a saber, todo lo que tenga que ver con el Seguro Social, al que el ambicioso sampetrino ve y utiliza como el vehículo para afianzar y fortalecer las simpatías que ya tiene en Coahuila, y generar otras, muchas otras, como para conseguirle su máximo anhelo de ser candidato de MORENA al gobierno del estado en el año 2023, ahora con posibilidades reales de ganar, y no como en las dos veces anteriores, donde nomás no ha pasado de nada.
Que si cuando programó su visita a la 71 Reyes estaba pensando en meterle una zancadilla en los bajos fondos a Javier, eso no se va a saber, de que tampoco le salió como quería, eso sí, seguro, pero de que si el pleito entre dos de las principales figuras de MORENA estaba soterrado, brotó como borbotón de aguas negras en donde menos convenía, entre los derechohabientes de uno de los servicios a los que la 4T más les ha quedado a deber. De aquí en delante los enfrentamientos subirán cada vez más de tono, encontrándose donde sea que haya presencia del IMSS y de MORENA queriendo ganar adeptos, esto no va a terminar bien para ese partido, pero eso sí, va a estar muy entretenido ver hasta donde pueden llegar en su odio mutuo.

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