BAILE Y COCHINO.-
Por: Horacio Cárdenas.-

Menuda bronca que se armó en la semana con la designación por parte del siempre obediente Congreso del Estado de Coahuila, de Bernardo González Morales como magistrado numerario del Tribunal de Conciliación y Arbitraje, que si por que no se deben pagar favores políticos o traiciones políticas más bien con puestos en la administración pública, que porque el cuate este ni siquiera tenía el título de abogado, mucho menos experiencia litigando de lo que fuera, pero nada en el ámbito de la justicia laboral, que se cuece aparte, que si ni siquiera cumplía con los requisitos para detentar una magistratura, que si para no variar, se pasó por encima de todo el escalafón del sector para colocar a alguien que finalmente, será afín al poder… que ni siquiera es eso lo importante, porque ¿qué necesidad tiene el ejecutivo o los integrantes del legislativo de un favor alguna vez del tribunal de Conciliación y Arbitraje?, más parece que lo que querían con su nombramiento era sí, neutralizar a un enemigo medio traidor con los suyos con un sueldo bastante suculento durante los próximos quince años, que incorporarlo a donde pudiera resultarle útil al sistema, que eso pesa como plomo en la eficiencia del tribunal, eso que ni qué, pero la eficiencia del gobierno nunca ha sido una consideración a la hora de tomar decisiones políticas.
¿Cómo estarán las cosas, que hasta los panistas, de los cuales Bernardo González fue dirigente estatal, pensaron, dijeron y votaron que su inclusión en la terna no era lo adecuado, hablando del tribunal, no de la carrera política, ahora castrada del beneficiario, o de su proyección profesional, por la cual nunca había mostrado el menor interés, y tanto que ni el título se había molestado en tramitar?, claro, allí entra el típico celo de los de Acción Nacional, si no pertenece al grupo del que habla, toda la leña, y si sí pertenece, todo son zalamerías, pero un entuerto que es de risa loca por las pifias cometidas, es tratado con el lenguaje más pomposo y engolado, de ese que solo los abogados, los abogados burócratas y los legisladores, pueden manejar correctamente, con lo que la jocosidad aumenta exponencialmente.
¿Pues que no salió el cuate este, Guillermo Alejandro David Pérez, quien la gira de secretario de acuerdo del Consejo de la Judicatura a decir que el nombramiento de Bernardo se llevó a cabo con “estricta observancia al mandato constitucional”?, ah, nadie negará que el funcionario se gana su salario al manejar adecuadamente la terminología de su gremio, sí, y de que se pone frente a los fregadazos, cosa que nadie más arriba del nivel de secretario quiso hacer, pero alguien debería decirle a él y a sus patrones que no todo es poner cara de tabla y declarar, ahora sí que como dice el antiquísimo refrán, la esposa del César no solo debe ser honesta, también debe parecerlo, y en este entuerto de Bernardo que se quita la piel de culebra de dirigente partidista para plantarse la toga de ministro, hay mucho pendiente de parecer que es eso, honesto.
En el medio abogadil coahuilense hay cientos, tal vez miles, de abogados con un entusiasmo loco por las leyes, algunos del lado de la defensa, otros del de la acusación, y no pocos del de donde se toman las decisiones, pero en general profesionales que compiten, día a día, porque los que están del otro lado de la barandilla, no les ganen. Aguas, cada quien desde su punto de interés, conocen de las leyes hasta los errores tipográficos, pero no solo eso, entre ellos saben quien es duro, quien es marrullero, quien anda tras los centavos y los cientos de miles de pesos, quien tiene una visión moderna en la interpretación de la norma, todo lo cual juega a la hora en que un caso es presentado ante la justicia. Estamos hablando de lo que ocurre día con día en el terreno de la búsqueda de la justicia, en todas las ramas del derecho, entre las que se halla la laboral, que aunque parezca mucho más simple y lineal que otras como la penal, la administrativa o la familiar, también tiene sus intríngulis, y como todo, requiere de expertos, jueces, abogados, fiscales con amplísimo conocimiento de lo que está en juego: las historias personales de unos, los intereses a veces multimillonarios de las empresas, ¿a alguien le queda duda de que el buenazo de Bernardo no forma parte de este cerrado gremio?, sí, a lo mejor sacó diez en las materias de derecho laboral en la carrera, pero dista mucho de ser un hacha en el tema, cuando un hacha bien filosa es lo que se requiere, sobre todo en el nivel en el que generosamente fue designado por el Congreso del Estado.
Lo que nos preocupa a nosotros es la frivolidad con la que el tema fue tratado por los involucrados. A la hora que desde las más altas esferas del poder se giró la orden de que había que meter a como diera lugar a González Morales en la terna, y no solo eso, que saliera él y no otro u otra como magistrado, era para que la maquinaria oficial se pusiera a trabajar para armar un procedimiento para sacar la orden sin la menor contrariedad, ¿y cómo se comienza eso?, pues muy fácil, casando el currículum vitae del interfecto con los requisitos del puesto que va a ocupar, si no hay inconveniente, se da luz verde, y si lo llega a haber, pues se ponen a pavimentar la pista para que nadie pueda plantear una objeción.
Antecedentes los hay, a nivel estatal y a nivel nacional. Menos fresco, el local pero muy ilustrativo, corrían los tiempos en los que Eliseo Mendoza Berrueto era gobernador, y sucedía que Remigio Valdés Gámez era rector de la Universidad Autónoma de Coahuila, y para todos los efectos convenía su reelección, pero había el inconveniente de que el maestro Remigio excedía la edad para participar como candidato, ¿qué hizo el gobierno estatal?, nada más sencillo, envió al congreso una iniciativa de reforma a un solo artículo de la ley de la universidad, eliminando el requisito de la edad. Se recibió, se votó, se promulgó, y tan tan, todo en el plazo de unos pocos días. Que sí, se vio que tenía dedicatoria todo el movimiento, pero se operó conforme a procedimiento y nadie pudo objetar nada. Más reciente y operado con las patas, por no decir pésimamente, o al revés, el de la designación de Paco Ignacio Taibo II como director del Fondo de Cultura Económica, propuesta del entonces presidente electo Andrés Manuel López Obrador, que además fue vista con muy buenos ojos por parte de la sociedad. Sí, nada más que a nadie se le ocurrió leer los requisitos para ser director, y resulta que Paco no los reunía… hombre, tan fácil que hubiera sido a las calladas promover ante el congreso saliente o el entrante, una reforma sin mayores consecuencias, pues no, tuvieron que armar el borlote de la “Ley Taibo”, con su novelesco colofón de “se las metimos doblada”, una de las primeras rayas de un tigre que ahora parece pantera negra, una raya por cada metida de pata.
¿Qué hubieran hecho si había que meter a Bernardo con calzador?, pues actualizar la ley, quitarle el requisito de los años de experiencia, hombre si hasta el de tener titulo, que ni falta le hace para no saber nada de derecho laboral, pero no. Eso pasa cuando nadie lee las leyes, a ver si cuando le toque decidir algún asunto de su (in)competencia mínimo encuentra el artículo que corresponde, y si no, pues vámonos al amparo, seguro lo gana, no hay nadie en la defensa para evitarlo

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