La delicadísima piel MORENA

BAILE Y COCHINO.-
Por Horacio Cárdenas.-

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Hubo un tiempo, hace muchos años, en que la gente de izquierda, los que orgullosamente gustan de ubicarse en esa posición en el espectro político, que algún analista claridoso plasmó en una recta numérica, con el cero o el centro político en el centro, eran gente capaz de todo, dispuestos a soportarlo todo, y casi podríamos decir que pecaban de masoquistas, pues les gustaba representar el papel de ecce homo con heridas sangrantes, hematomas de golpes, corona de espinas y todo lo demás.
Esta imagen la cultivaron mucho los guerrilleros cubanos en su exitosa intentona por derrocar el gobierno de Fulgencio Batista, aquellas fotos del Che Guevara, de Fidel Castro, de Camilo Cienfuegos y hasta eso no tantos otros, los afamados “barbudos”, todos greñudos, sucios, flacos de no comer, picoteados de insectos por andar en la selva, ah pero eso sí, con tremendas sonrisas, a cual más de juveniles, entusiasmados hasta la locura por su causa de llevar la revolución triunfante, primero a La Habana, y de allí exportarla a todos los confines de la América Latina y luego al mundo entero. Muchos movimientos guerrilleros integraron gente que se sentía identificada con las luchas de clases, exultantes de entregar su fuerza, su intelecto, su salud y hasta su vida con tal de derrocar al capitalismo. Muchos cayeron, enfermos o muertos, algunos se hicieron del poder que anhelaban, y ya en él, se dieron cuenta de que el encanto de la burguesía supera con creces cualquier ideal izquierdoso, conservando de sus épocas de luchadores sociales sólo la retórica encendida, y apenas nada más.

 
Esta lamentosa introducción sobre lo fácilmente corruptible de las pasiones humanas viene a cuento porque en días pasados TV Parras difundió una entrevista con el superdelegado del gobierno federal en el Estado de Coahuila, Reyes Flores Hurtado, en la que se le preguntaba su opinión respecto a que el alcalde del pueblo mágico no hubiera rendido un informe de su primer año de gobierno ante sus gobernados. Parafraseando aquella popular frase del pueblo mexicano, el último en enterarse es el marido, pues igual, el último en enterarse que Ramiro Pérez Arciniega no había cumplido con su obligación constitucional de rendir un informe de su actuación gubernamental, fue precisamente Reyes Flores, y no porque un funcionario federal de su alta y abarcativa investidura tuviera que saberlo todo de lo que pasa en un estado tan grande como Coahuila, pero sí debería estar pendiente de lo que hacen o dejan de hacer sus correligionarios que ocupan posiciones de poder, primero porque no son tantos los morenistas empoderados al nivel de alcaldía, y segundo porque en ellos se apoya cualquiera y todo proyecto político, tanto partidista como los personales de quienes usan el membrete de MORENA.

 
Pues no, tal como se lo contamos, Reyes en entrevista dijo que sí, que Ramiro tenía que rendir un informe, a lo mejor no “en público de la gente” como dice el corrido, pero por lo menos ante el cabildo del municipio, que integra a los representantes de la población. ¿y qué cree?, que ni una ni otra, Ramiro Pérez, con ese pleito casado que tiene con el cuerpo edilicio, pues no consideró prudente, oportuno, necesario o lo que fuera, apersonarse ante nadie para rendir informe, trámite democrático en el que los buenos toreros salen en hombros de los villamelones, y los malos… en hombros de las asistencias, pero es una obligación ineludible en la vida republicana de este país, o así lo habíamos pensado, porque aquí tenemos al dizque alcalde de Parras que olímpicamente omite su obligación, embarrando de pasada a su patrón, el superdelegado y al mesías de la Cuarta Transformación, el presidente Andrés Manuel López Obrador, quienes tienen que pagar con ese pecadillo del presidente municipal de una comunidad que solía ser tan amable, que hasta mereció la denominación de pueblo mágico, y hoy más se parece a la otra de pueblo chico infierno grande.

 
Podríamos pensar, haciéndola de abogado del diablo, que Ramiro no informó… porque no tiene nada que informar, tan simple como eso, lo cual no lo exime de la obligación de dar la cara, no ante el pueblo, sino como dice Reyes, ante el Cabildo, donde ni siquiera un mensaje tenía que dirigir, con entregar un documento, vamos, un folder crema de esos que cuestan 0.50 centavos y meten en las cuenta del ayuntamiento a diez pesos cada uno, con dos hojas a máquina o a mano diciendo lo que tuviera que decir. Pero no, ni eso.
¿Qué ha pasado con aquellos izquierdosos luchones capaces de sufrir con una sonrisa de felicidad las peones privaciones y malpasadas, sabedores que eran formadoras de su futuro carácter de líderes y gobernantes?, pues nada, cuando uno viaja en camioneta de lujísimo a cargo de este o aquel presupuesto público, todos los ideales se van por el caño.
Reyes Flores también padece del mismo mal de la pielecita delicada, ¿pues no en el evento del Día del Ejército se molestó tanto de que no lo subieran al presídium, que se largó del sitio echando chispas?, esa no es manera de portarse de un político, por lo menos de lo que aprendieron que la política era comer sapos y culebras sin hacer gestos, no, estos por un desaire que además pudiera servirles para cobrarle cuentas a alguien, muestran el cobre debajo de su envoltura de políticos de izquierda a prueba de todo.

Ahora ya todo el mundo, en Coahuila, sabe cómo hacer para que al superdelegado se le retuerza la tripa, y él fue el que dio la pista de sus debilidades, ¿o serán sus vanidades?
El mismísimo Andrés Manuel López Obrador, el que decía que no le tenía miedo a nada, ha dejado atrás sus épocas de Tsuru y Jetta austerote, para reemplazarlo con un convoy de Suburban’s blindadas; él, que se decía gobernante de todos los mexicanos por igual, a quienes recibía y hasta imponía las manos en sus cabezas afiebradas, ahora gasea por igual a alcaldes que a feministas, y a sus antiguos aliados los zapatistas de la sierra de Oaxaca los tilda de fifís, y a los Sicilia y LeBarón de revoltosos a los que no va a dar espacio en su espectáculo. Pues ese presidente que le entraba a todo, antes, a la hora de cumplir con su obligación constitucional de rendir informe a la nación, sí cumplió, pero de una manera tan cobarde como los priístas y los panistas, si no es que peor todavía, pues su odiado Felipe Calderón tomó posesión en la tribuna a fuerza de brazos y hombros, y él para su primer informe… lo mandó con su personero. Y es que ¿para qué exponerse a la rechifla de los diputados y senadores de partidos de oposición, a que lo cuestionaran o lo abuchearan, o le exigieran leer y hablar de corridito?, mejor en corto, en casa, en Palacio Nacional, un festejo a la altura de sus invitados y visitantes, en general de sus simpatizantes, y chiflidos sólo para pedirle al mesero que le rellenaran la copa. Nadie debería arrojar la más mínima sombra de incomodidad sobre el ánimo festivo de un presidente que de allí todavía se fue a su AMLOFest.
Si eso pasa en Palacio Nacional ¿Por qué Parras de la Fuente tendría que ser la excepción? Aunque les duela, todavía recordamos a Ernesto Zedillo quien rindió su informe impávido, mientras un diputado perredista hacia guardia bajo la tribuna portando una máscara de cerdo, o a Carlos Salinas recibiendo las increpaciones de Porfirio Muñoz Ledo, y así, los informes eran la única oportunidad en la que los representantes populares, ahora sí que a nombre del pueblo, le decían al primer mandatario sus verdades, pero eso no se vale en la Cuarta Transformación, pues los morenistas, de presidente de la República hasta el presidente del pueblo mágico, se cuidan su delicada pielecita con crema Ní-vea, y que nadie se las toque.

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