BAILE Y COCHINO.-
Por: Horacio Cárdenas.-

¿Qué no habrá una semana, qué una semana, un día en el cual no tengamos una, veinte o cien quejas del funcionamiento de las clínicas, hospitales, personal y funciones del Instituto Mexicano del Seguro Social, y conste que estamos hablando de Coahuila, no estamos para nada realizando alguna clase de encuesta o recopilación de casos de lo que ocurre en todos los estados del país?, como siempre, nos quedamos sin respuesta a nuestro cuestionamiento, aumentando un grado más nuestro sentimiento, casi complejo o síndrome de que los periodistas o le hablamos a las paredes o lanzamos nuestras preguntas al aire, pues de nadie obtenemos respuesta.
Por supuesto que podríamos aceptar que la gente ya está cansada de oír tanta queja de lo que ocurre en el seguro, ¿y cómo no?, cuando no hablamos del desabasto de medicamentos o del pésimo estado del equipo médico del que depende la salud y hasta la vida de la gente, nos referimos a casos de corrupción por parte de funcionarios que entienden cada uno lo que quiere de la Ley de Responsabilidades de los funcionarios públicos, y de negligencia por parte de médicos que hacen caso omiso del del Juramento Hipocrático, o de las prácticas cada vez más retorcidas que utilizan los burócratas del IMSS para tratar de maquillar las estadísticas en las que cotidianamente se plasma la ineficiencia de esta dependencia. Y como siempre, están los innumerables casos de pacientes que acuden a solicitar atención médica, algún servicio o tratamiento ya prescrito, o las consabidas medicinas, esas que si alguna vez fueron de patente, se convirtieron en genéricas, esas que pese a la manipulación de datos, en muy contados casos se entregan completas, cada paciente es una historia, la relación de una tragedia individual, que en conjunto constituyen la cruel y sádica violencia de un gobierno hacia su pueblo.
Pero a lo que se ha dicho a voces y gritos, lo que se ha escrito en pancartas, mantas y textos periodísticos, que debería ser suficiente para agotar el cúmulo de anomalías del instituto, resulta que siempre hay algo más, algo nuevo, sorprendente y digno de provocar todavía el mayor enojo de la población derechohabiente, y en general de los habitantes de este país, que ven que si en el seguro son incompetentes para resolver lo que son problemas nimios, ¿qué será cuando les entrega un ciudadano un cuerpo enfermo, cómo se lo regresarán?
La nota aparecida en Televisión de Parras es poco menos que increíble, resulta que en la Clínica Hospital del IMSS ubicada en aquel municipio que todavía presume del membrete de pueblo mágico, hace semanas que no pasa el camión de la basura a recoger los desechos, que como consta en el video, ya alcanzan un buen número de bolsas de plástico, de esas que ahora están prohibidas en el estado, que además de impedir el paso de peatones, pacientes y personal de la clínica, o afear la vista, constituyen el consabido foco de infección para la gente que circule por allí o que habita en los domicilios aledaños.
Alguien podrá decir que un asunto tan pedestre como la basura del IMSS de Parras es algo que no merece dedicarle más que la típica mirada de desprecio y algunos comentarios, sea a favor o en contra, dependiendo de si es favorecedor de MORENA, de la que al final de cuentas depende el IMSS, o por el contrario odia todo lo que tenga que ver con la Cuarta Transformación, de lo cual este sucio asunto de la basura es sólo un ejemplo más para documentar su pesimismo.
En estos tiempos que corren del coronavirus, o de los rebrotes de sarampión o poliomielitis, o de los esporádicos de dengue, tifus, o la que le venga a la mente ¿es necesario abundar sobre el asunto de disponer adecuadamente de la basura?, ¿es necesario recordarle a alguien la diferencia entre los desechos de una casa y los de un centro de salud, así sea uno de una ciudad relativamente pequeña y aislada?, ¿es acaso necesario sacar a relucir los reglamentos municipales y del propio sector salud respecto a la disposición inicial y final de los desechos biológicos?, creo que ninguna de esas preguntas amerita respuesta, queden allí sólo como recordatorio de lo que debería ser, en todos lados, y no es… en Parras.
La cosa es que, dicen los enterados del asunto, que el problema es que el ayuntamiento reclama el pago de la cuota de recolección de basura, mientras que por su parte el IMSS parreño dice que carece de los recursos presupuestales para cumplir con esa demanda, ¿resultado?, pues que el cerro de basura cada vez se hace más grande, que perros, gatos y otras fieras traten y rompan las bolsas para ver si en ellas encuentran algo que comer, que aquellas bacterias o virus que deberían estar contenidos adecuadamente, corren el riesgo de dispersarse en el ambiente, con las consecuencias potenciales que cada quien se quiera imaginar.
¿Pero qué no el IMSS y el Ayuntamiento son gobierno ambos y como tales deberían cooperar?, pues sí… pero pues no. Pues sí, en cuanto que ambas son instancias de gobierno, si bien una de orden federal y otra municipal, y no porque ahora con la Cuarta Transformación y su supuesta lucha contra la corrupción, nadie puede hacerle un favor a nadie, ni siquiera recogerle la basura, suponiendo que ese fuera el caso, y no uno de voracidad económica, padecimiento que aqueja crónicamente al alcalde Ramiro Pérez Arciniega, a quien el presupuesto íntegro del municipio le parece poco, no para cumplir las funciones inherentes al ayuntamiento, sino para sus propio pecunio.
Ah, la política de antes, el teléfono era algo maravilloso, una herramienta como pocas antes para el suave desempeño en política, todo era cosa de “a ver señorita, comuníqueme con el licenciado fulano”, y una vez entablada la comunicación, el funcionario que requería el favor, lo planteaba al otro que estaba en posibilidades de resolvérselo sin que ninguno de los dos se despeinara un sólo pelo de sus cuidadas cabelleras, así, en menos de un cinco minutos quedaban zanjadas la mayoría de los problemas: pavimentación, un certificado, una compra, un pago, una plaza, hombre hasta una candidatura… ¿Qué recojan la basura de un hospital?, caray, eso es no saber la primera regla de la política: están allí para mover sus influencias, y con ellas, hacer amigos.
Ponga que el director del hospital del IMSS en Parras no tenga “la confianza” de tomar el teléfono y marcarle al alcalde para pedir que haga su trabajo, perdón que le haga el favor de ordenar se lleven la peligrosa basura, pero si el director le habla al delegado, si el delegado le habla a cualquiera de los dos: a Reyes Flores, superdelegado del gobierno federal en Coahuila, o Javier Guerrero, sampetrino secretario general del IMSS, ¿cree que Ramiro le negara el favor a uno o a otro, sobre todo porque entre morenistas se supone que se cuidan las espaldas y no se andan dando de puñaladas?, pues no, al parecer los canales de la vieja manera de hacer política están vedados en el municipio de Parras, que a lo mejor por eso apesta tan feo… por la basura biológica que se queda sin recoger, claro.

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