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SUCEDIÓ EN COAHUILA

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

MARCHAN5

Buena parte de las razones que dieron lugar a la marcha del 8 de marzo y al paro del día 9, tiene que ver, más que con la inconformidad de las mujeres con la manera en la que se les trata en esta sociedad, que por supuesto que no tiene nada de justa, con la poquísima importancia que se les concede cuando son víctimas de algún delito, sean estos leves o graves.

Habrá quien diga, el presidente de la República y los “4Tercos” por ejemplo, que el movimiento nacional y mundial de Un Día sin Mujeres, fue una necedad, un capricho, ganas de llamar la atención, una estrategia de los conservadores, los reaccionarios, y los que no están de acuerdo con el ideario de Andrés Manuel López Obrador, y su forma tan desgarbada de dizque hacer las cosas, pero el concierto de los observadores y de las participantes es que la motivación casi única es el hartazgo con el estado de cosas.

La realidad se impone, según datos dados a conocer en torno a la protesta, solo el 7% de los delitos que se cometen contra las mujeres, son investigados por las instancias competentes, sean estatales, federales, administrativas, o del tipo que sean, no por nada se sienten dejadas de la mano de la justicia, aunque si le quitamos el componente de género, la estadística no mejora mucho, es un 10%, si acaso, los crímenes que se investigan, y si lo que queremos averiguar es ¿Cuántos de ellos terminan en una sentencia condenatoria?, allí sí que la cosa está para llorar, y ese es el verdadero soporte de la estadística negra, de que en México existe una impunidad para la totalidad de los delitos, del orden del 99%. Esto a nivel nacional, a nivel estatal las cosas están un poco mejor, queremos creer.

Si usted ha visto series de policías investigadores, seguramente se habrá sorprendido, al igual que nosotros, de los procedimientos que siguen estos, los actores siguiendo un guion que en general termina con el final feliz y la solución del caso, para encontrar las pistas, y siguiendo estas, al perpetrador. La realidad es muy distinta, para comenzar no se tienen ni remotamente, los mismos recursos tecnológicos, la preparación, los recursos humanos en cantidad, todo lo cual debe ser sustituido por el “colmillo” de los pocos policías que hay, quienes con la presión de los de arriba, tienen que presentar resultados en un tiempo perentorio, antes que el crimen que se está investigando, comience a producir estragos políticos.

Lo hemos dicho en ya varias ocasiones, y lo reiteramos en este momento, la Fiscalía General del Estado de Coahuila está teniendo un record más que sorprendente, para la solución de ciertos delitos, no vamos a decir que un porcentaje de bateo perfecto ni mucho menos, pero uno que ha de tener satisfecho al fiscal Gerardo Márquez Guevara, y contento a su patrón, el gobernador Miguel Ángel Riquelme Solís, para quien, al menos en los últimos tiempos, el componente de descontento social por la persecución de delitos, no ha sido uno de los fierros que tenga en el fuego.

Tenemos muchos sexenios en esto del periodismo, y una cosa que habíamos notado desde hace años, sobre la cual habíamos tecleado lo conducente, es que en Coahuila los procuradores o los fiscales fallaban gachamente en el tratamiento de lo que nosotros llamábamos “el caso del año”, los casos que por su importancia mediática o social, había que atender, porque si no se hacía, debilitaban la imagen de la autoridad, del gobierno y hasta del sistema político partidista, concretamente del PRI que gobernaba y sigue gobernando en Coahuila. Entre que se hacían bolas los policías, entre que los ministerios públicos no daban pie con bola, la tormenta comenzaba a aumentar de intensidad, apretándole al gobernador, y no porque los casos fueran imposibles, que los delincuentes fueran de primer nivel, sino por la incompetencia policiaca y la falta de oficio político para llevarlos a buen fin.

Ahora no, de un tiempo para acá, desde el palacio rosa, o en la mismísima la fiscalía, han sabido determinar cuáles son los asuntos que se deben obligadamente resolver, mientras más pronto mejor, son los casos que en la nomenclatura moderna se llaman de “alto impacto”, de los que dependen muchas cosas: la tranquilidad del gobierno para seguirse manejando como lo viene haciendo, la percepción de seguridad/inseguridad por parte de la población, que vengan o no vengan inversiones, turismo y cuanta cosa, no siendo las mínimas, la continuidad del sistema político y de que la gente pueda dedicarse a lo suyo.

Un primer caso, importante porque ni siquiera ocurrió en las ciudades con mayor presencia de autoridad, fue el del homicidio de Gabriela Kobel Lara, alcaldesa que era de Juárez, entre que era autoridad electa, entre que cae en el rubro de feminicidio, y de que era un delito de alto impacto mediático en la región norte del estado, a la fiscalía no le temblaron las corvas para pepenar al empresario David Olivo, armarle proceso, y ya hasta condenado está a pasar los siguientes 60 años… ¿me creerá 59 por lo que ya lleva?, calentando cemento en uno de los penales resort de Coahuila.

Otro más reciente, hace tres meses ocurrió el asesinato de Juan Manuel Villarreal Valdés, quien era encargado de la Promotora para el Desarrollo Rural en Coahuila, ni una semana, en pleno diciembre, se tardó la fiscalía en dar con los delincuentes y esclarecer los detalles el crimen, luego en estos días se dio otro crimen que afectó a uno de los cercanos al poder estatal, José Pablo Ramírez Ortega, subsecretario de infraestructura del gobierno del Estado de Coahuila, a quien igual, resultó que tenía negocios por fuera, y su “socio”, decidió poner fin a la sociedad, contratando a tres fulanos para lo liquidaran, por más fresco, más dejó a muchos con el ojo cuadrado la velocidad con la que agarraron a los (presuntos) perpetradores, a uno de los cuales, el dizque autor intelectual, hubo que ir a traer a Puebla, y según el propio fiscal, hay elementos suficientes para entambarlos por un buen tiempo, casi hasta que esté pagada al cien por ciento la megadeuda.

Tres casos, tres, de cómo se manejan los casos de alto impacto en este sexenio, si acaso podría sacarse de lección que los políticos deberían pensar dos veces antes de meterse a negocios, ni siquiera vamos a decir que ilegales, con cierta clase de gente…

Podríamos mencionar también lo de Villa Unión, como comenzó, como se desenvolvió, y como la autoridad estatal literalmente aplastó la incursión del crimen organizado en aquel otro municipio norteño, pero por sus características no entra en la responsabilidad de la policía de investigación ni de la fiscalía. Sea como sea, pocos dudarán de que la estrategia de respuesta al crimen de alto impacto, le ha funcionado al gobierno del estado, ya si pueden presumir que la política es  generalizada a otros delitos de menor visibilidad, los de narcomenudeo, los de cuello blanco, los que involucran a la corrupción de la administración pública, los que pueden clasificarse como feminicidios o delitos de género, y ahora sí que tendrían mucho que explotar políticamente para lo que se ofrezca en el futuro.

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