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INFECTADOS POR MORENAVIRUS

BAILE Y COCHINO.-


Por Horacio Cárdenas.-

Dice una vieja canción de Alfredo Zitarrosa, que un solo traidor puede con mil valientes. La copla pertenece a una canción de protesta, y como tal, hay que entenderla en el contexto en que se escribió. En efecto, en aquellas décadas posteriores a la mitad del siglo pasado, eran muchas las cosas por las que los pueblos de los distintos países latinoamericanos tenían que protestar, en contra de gobiernos cuando no autoritarios y dictatoriales, sí bastante distanciados de lo que las grandes masas populares vivían y sufrían. Muchos intentos de cambiar las cosas surgieron de los más variados grupos, trabajadores, estudiantes, vecinos, indígenas, ah pero como nunca falta lo que dice la canción, un traidor que diera el pitazo de lo que estaba ocurriendo, el gobierno respondía no estudiando y evaluando la pertinencia de los reclamos, sino con la más brutal represión. No por nada lo que sobrevivió del descontento popular, de la ideología y de las propuestas de transformación, se dio en la más profunda clandestinidad, allí donde no pudieron colarse los infiltrados, los traidores que daban al traste con las mejores causas.


Eso como mera referencia, ahora con la crisis mundial por la pandemia del Coronavirus, tendríamos que actualizar la copla a un solo inconsciente, un solo irresponsable, puede arruinar el esfuerzo de miles o de cientos de miles de personas que, ellos sí, están haciendo lo necesario, a veces a costa de enormes sacrificios, para que el pernicioso virus no los contagie, no se propague, y en última instancia, no cause los estragos devastadores que los expertos han estimado, si no se actúa correctamente.


Cada cabeza es un mundo, y así, cada individuo en el planeta tiene su propia opinión respecto a la manera en la que se ha venido enfrentando. Lo decía un claridoso cartón, si el problema no es el coronavirus, sino que en cada ciudadano español nos encontramos con un brillante epidemiólogo que sabe hacer mejor las cosas que las autoridades sanitarias, no siendo el problema que cada quien opine, sino que por lo menos un porcentaje de ellos tome medidas contrarias a lo que han aprobado los que están encargado de ello. Si lo tradujéramos al lenguaje coloquial mexicano, los médicos y enfermeras le estarían diciendo al entusiasta aficionado “no me ayudes, compadre”, por el perjuicio que causan al grupo de personas con las que conviven, y en general, al esfuerzo que están haciendo todos los que sí, saben obedecer.


Si lo planteamos en otro escenario, la cuestión toma mayor relevancia. La Organización Mundial de la Salud, para más señas la encargada por la Organización de las Naciones Unidas, y por extensión por las naciones allí representadas, lo ha tenido que decir en diversas ocasiones, en tonos cada vez más perentorios: es mucho lo que se está haciendo, pero desafortunadamente los esfuerzos no son parejos, como tampoco lo es el interés que se están tomando los gobiernos de los países, y dentro de ellos, las autoridades sanitarias que tienen a su cargo la respuesta oficial a la pandemia.


Cuando México presumía un número escandalosamente limitado de contagiados, y un optimista cero fallecimientos, la OMS dijo con todas sus letras que eso era simplemente imposible, que dadas las características económicas, de integración económica, de actividad turística de nuestro país, no era creíble que no hubiera contagios en la proporción que otras naciones con movimiento poblacional similar, y menos todavía que el presidente Andrés Manuel López Obrador y su subsecretario de salud anduvieran pavonéandose de que en México la “racita de bronce”, por pobre, por ADN o por lo que sea, fuera resistente, por no decir inmune al Coronavirus. Mientras que en otras naciones donde hay todas las facilidades de atención médica, se registraba un índice de mortalidad de entre 2 y 5%, en México estaba estacionado en ceros, y ya cuando se presentaron los primeros casos, el indicador se movió a un 0.2%, dato que sólo se podía interpretar como una mentira flagrante, o para no caer en una palabra tan poco diplomática, en un manejo inadecuado pero sobre todo inconveniente de los datos, que a la larga redundaría en la explosión de una bomba que el gobierno no podría controlar.


Muchos comentaristas políticos hicieron notar que la sociedad civil había de plano rebasado al gobierno federal, que se tardó quince cruciales días en declarar la primera fase de la contingencia sanitaria, y si no ha sido por la intervención directa de la OMS, a lo mejor seguiríamos sin entrar en la fase 2, como efecto de esto y de que el mismísimo encargado del cuidado de la salud y la vida de la población, el presidente, andaba de besucón, de apapachador, de abrazador, y exigiéndole a la gente que tuviera dinero que no se guardara, que saliera a los restaurantes y fondas a gastarse su plata, que ya él, que todo lo sabe, diría cuando era necesario abstenerse de salir.

Los mismos analistas y ahora las casas encuestadoras que miden, entre otras cosas la popularidad del presidente, indican que la causa de la desbordada caída en su imagen pública en los últimos dos meses, se debe precisamente a su pésimo manejo de la pandemia. Andrés Manuel, que comenzó el año con un 60% de aceptación, hoy se encuentra entre un 37 y un 47%, dependiendo de la encuesta, lo que le ha de doler más que una neumonía atípica doble, pero a ver si así entiende que su misión es la de conducir el esfuerzo de todos, y no actuar como si la amenaza no existiera.


Nos consta que la sociedad mexicana ha hecho mucho, un pueblo rejego como el español o el italiano, si no es que más, aceptó encerrarse en sus domicilios, aun sin que existiera una recomendación oficial para ello. Los gobiernos de los estados han tomado la bandera de cuidar a su población, tomando medidas en tiempo y forma que seguramente salvarán una gran cantidad de vidas y mantendrán la curva de contagio y muertes lo más plana que sea posible. Atendiendo a su poder de convocatoria, gobernadores como el de Coahuila han hecho extensiva la preocupación y el compromiso con la salud de los coahuilenses a los presidentes municipales, que en su mayoría han respondido a la altura de la emergencia, aunque desafortunadamente no todos en la misma proporción.
Mientras que en Saltillo, Torreón y otros municipios se ha llegado a fumigar el transporte público y los sitios más concurridos como plazas y parques, en municipios como Parras de la Fuente se hacen las autoridades municipales como que la virgen de la flojera les habla.


Es una tesis nuestra, son los gobernantes de MORENA a los que el coronavirus les vale sorbete, ya mencionamos el caso del presidente López Obrador, quien en un descuido pasará a la historia como el máximo genocida por su falta de acción ante una pandemia que pudo haber enfrentado con todo el poder del estado, pero está también el gobernador de Puebla, Miguel Barbosa, el que salió con su “barbosada” de que se preocuparan los ricos, porque los pobres, como él claro, eran inmunes al contagio, y uno más en lo local, Ramiro Pérez Arciniega, quien no a nivel de la población en general, sino en su ámbito de competencia, las oficinas municipales, ni siquiera ha tomado las medidas más elementales para que los parrenses guarden la “sana distancia”, acción preventiva mínima, según se puede corroborar en la nota aparecida en el medio local TV Parras, donde se pueden apreciar gráficas con la gene apiñada en un cuartito esperando la realización de un trámite.


¿Trámites on line?, ¿teletrabajo?, ¿gel antibacterial?, ¿tapabocas para los empleados municipales?, nada, pero nada. Citábamos al comienzo la copla de que un traidor puede con mil valientes, pues un presidente municipal cuya desidia da pie al contagio entre los habitantes de su municipio, y que este de al traste con los esfuerzos denodados del gobierno estatal y hasta los que a regañadientes ha emprendido la federación. ¿Busca un traidor y un culpable?, encuéntrelo entre los gobernantes morenistas, acá en Coahuila cuídese de Ramiro, y si visita Parras vaya con su traje aislante… o mejor no vaya ¿Para qué arriesgarse a un contagio de negligencia o algo peor?

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