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La 21K en tiempos de Coronavirus

BAILE Y COCHINO.-

Por Horacio Cárdenas.-

¡Ah, que tiempos aquellos en que Oscar Pimentel González era presidente municipal de Saltillo!, habiendo formado parte del gabinete del gobernador Rogelio Montemayor, en el que ocupó la Secretaría de Educación, Pimentel hizo suyo el lema de la administración estatal: la pobreza no va conmigo, y no, ni durante su paso por la administración estatal ni como alcalde, Oscar no se limitó ni en sus presupuestos ni en sus gastos, llevando los costos de la gestión municipal a niveles desconocidos hasta entonces.


La verdad no sabemos si todavía le guste, pero en aquellos tiempos gloriosos, gloriosos para ellos, a Oscar le gustaba correr, lo hacía disciplinadamente, como con ganas de ganarse medallas, trofeos, premios, que los políticos por lo general no se conforman con esas vaciladas atléticas de que al que hay que vencer es a uno mismo, no a los contrincantes. Si hasta decían los empleados del municipio que no había mejor administración que la de Pimentel, porque salían a comer y ya no regresaban en la tarde a trabajar, pues el jefe tenía que entrenarse…
Bueno, pues siendo alcalde y con tanto gusto como tenía por las carreritas, a Oscar le surgió la pregunta ¿cómo es que Saltillo, a la altura, según él, de las mejores capitales del país, no tenía una buena carrera atlética, no una entre familiar y empresarial como la del Grupo Industrial Saltillo, la del Ojo de Agua, u otras que el mismo presidente municipal consideraba pueblerinas?, y así se puso a trabajar, bueno es un decir, ordenó que se pusieran a chambear en la organización de una carrera por todo lo alto, una que se incorporara desde su primera ocasión al circuito de las competencias callejeras nacionales.


Fue así como surgió el Saltillo 21 K, demostrando de entrada dos cosas: la primera que con todas las ganas que quisiera meterle el alcalde en funciones, la capital de Coahuila no daba para un maratón completo, y la segunda, que a pesar de sus años de estudio y de haber mangoneado la Secretaría de Educación, al equipo creador de la carrera nomás no les entra en la tatema que la abreviación correcta de kilómetros es km, no “K”, ni por presumir Oscar de economista se acordó que la K sola es abreviatura de kapital, en honor y memoria de Carlos Marx y su magna obra Das Kapital, humildemente la pretensiosa sucursal del cielo tuvo que conformarse con su medio maratoncito y su ridícula denominación de 21 K, que a pesar de los tantos años transcurridos, no ha encontrado quien les corrija la mala ortografía.


Nos acordamos que para la primera vez que se corrió el medio maratón de Saltillo, literalmente tiraron la casa por la ventana ¿Quiénes?, todos los que quisieron colgarse la medallita de que habían tenido algo que ver con la idea, con la promoción, con la organización, con todo o con lo que fuera. Los premios estuvieron a todísimo lujo, carros, televisores, todo de primer nivel, fue aquella la primera ocasión que los corredores saltillenses pudieron ver en vivo y a todo color… negro, en las calles de su ciudad, a los kenianos corriendo hechos la cochinilla, clavándoles desde esa ocasión la espina de que los premios en especie o en efectivo, son para los africanos, no para los localitos, que tuvieron que conformarse con la satisfacción de la experiencia, y de que finalmente la experiencia es esencialmente suya, pues no es lo mismo correr por las calles que recorren cotidianamente en transporte público, en su carrito o a pie.


Tal por todo lo alto estuvo aquel primer medio maratón, que hasta helicópteros contrataron para que siguieran la carrera desde el aire, ¿Cuánto costó solamente ese desplante?, a lo mejor la mitad de lo que se cobró de inscripciones, pero así se las gastaba Pimentel al hacer su sueño realidad, aparte de la cobertura aérea hubo compra de tiempo en televisión, reporteros nacionales invitados y pagados por el evento, lo que usted quiera. Pero les sirvió de experiencia el ver las cuentas exorbitantes que había que pagar, desaforadas respecto del dinero que ingresó por cuotas y por patrocinios, ya para el segundo año la carrerita se había ajustado a la baja, publicidad y cobertura solo la local, los premios todavía eran buenos pero no tanto, y bueno, pues son cosas que se aprenden sobre la marcha, otra cosa hubiera sido si hubieran preguntado al Grupo Industrial Saltillo cómo le hacían con su carrera, que ya entonces era tradicional de años.
Al rato se fue Oscar y la Saltillo 21 K tuvo que adaptarse a los nuevos tiempos, caracterizados porque… a ningún otro presidente municipal le enloquece eso de la corrida, así que le han dado el tratamiento correspondiente, un evento más entre los tantos otros que se realizan en la capital. Que claro, la gente que corre, esa ha hecho de la carrera una cuestión propia, hay quien presume de haber corrido todas y cada una de las veces, y otros de que ya son tres generaciones de familia que la corren, de todo hay, y pues es así como debe ser, la Saltillo 21 K es una carrera de los saltillenses.


Y es así como llegamos al 2020, año en que, como todos los anteriores, la competencia debería superarse a sí misma, más corredores, mejor ruta, mejor organización, más ganancias para los que hacen de eso su forma de vida, y… que se viene la pandemia de coronavirus… ¿Qué ha hecho el comité organizador de la 21 K respecto a la carrera?, la respuesta es que nada, lo que suponemos es que están guardados en sus respectivas casas, y allí en la comodidad de su sillón favorito, meditan sobre lo bien que les va a ir este año.


Típico de Saltillo, podrán decir algunos, muchos, si no es que todos: a regañadientes, luego de gastar miles de millones de dólares Japón tuvo que suspender los Juegos Olímpicos que se celebrarían en Tokio este año, los campeonatos de futbol, el beisbol de las grandes ligas, los maratones de todas las ciudades donde se celebran estos eventos, todo se ha cancelado.

Los muy optimistas, nomás por no dejar, ya han puesto fecha tentativa para la reprogramación a finales del 2020 o entrado el 2021, y los pesimistas de plano están a la expectativa de lo que vaya a ocurrir con el infeliz virus, ¿Saltillo? ¿el 21 K?, no, acá la carrera sigue en pie, tal cual.


No importa que las redes sociales hubieran estado inundadas de exigencias de que ya la cancelaran, de que la reprogramaran, de que les regresaran el dinero, a nada hicieron caso los organizadores, ellos decían que como la carrera estaba programada para el 14 de junio, y ahora reprogramada para el 15 de octubre ya habrá concluido la emergencia, todo habrá vuelto a la normalidad, no quedará ni un coronavirus en el sano ambiente deportivo saltillero.


A los organizadores les importa un rábano que los corredores tengan guardados un mes y vayan por otro más, y por otro más que su entrenamiento de treparse por las paredes, colgarse de las lámparas, recorrer histéricamente toda su casa, departamento o jardín, bajo ninguna circunstancia los califica para aventarse un medio maratón días después de la supuesta terminación de la Jornada Nacional de Sana Distancia, y ya que hablamos de distancia ¿ha visto los corrales donde encierran a ocho o diez mil corredores para esperar el disparo de salida?, ni los aritméticos que no saben escribir km podrán decir que hay dos metros a la redonda entre corredor y corredor, aquello sería un contagiadero peor que la Clínica 7 del IMSS en Monclova, así las cosas con la carrera de Saltillo, de la que urge que la autoridad diga: esta boca es mía, y todo el mundo se queda en su casa con los tenis puestos, ¿o de veras están tan vueltos locos que van a arriesgar un infarto en las subidas de Urdiñola y J. Mery?

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