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PARRAS: BAJO SU PROPIO RIESGO

BAILE Y COCHINO.-


Por Horacio Cárdenas.-

¡Qué lejos está hoy Parras de ser el pueblo mágico que ha presumido ser durante ya varios años!, nos queremos imaginar que la denominación que hacían de pueblo mágico los gobiernos conservadores y neoliberales de antes, obedecía a una metodología a cual más de rigurosa, digo, no se trataba de que fueran pueblitos pintorescos de los que abundan por la geografía nacional, si así fuera Badiraguato o Guanaseví serían pueblos mágicos con todo derecho, no, se trata de que además de las calles bien empedraditas, las casas bien pintadas, las plazas bien verdes de tantos árboles, la gente sea amigable como para recibir con los brazos abiertos a los turistas que se dejan llegar en sus días de descanso, un sitio del que regresen contentos, satisfechos del buen trato, y en donde en ningún momento haya estado en riesgo su patrimonio, su integridad física o hasta su vida, si no, olvídese de la estrellita en la frente de ostentarse como pueblo mágico.


Parras de la Fuente ha tenido sus altas y sus bajas, sus problemas como los tiene cualquier otro municipio del estado o del país, pero entre que la gente es tolerante y la autoridad sabía a lo que se arriesgaba teniendo mala publicidad, pues allí habían sabido guardar las apariencias para que los visitantes se llevaran una buena impresión, se olvidaran de sus problemas, y sobre todo, no se pusieran a querer comparar los problemas que habían dejado en casa, con los que habían llegado a encontrarse a Parras, sitio tradicional de visita por un lado de la gente de Saltillo y sus alrededores, y por la otra de los laguneros, quienes lo mismo acudían al paseo tradicional, familiar, que a buscar una buena botella de vino, escaparse del calor y disfrutar del verdor, ya con eso Parras la llevaba de gane.


Todo fuera que llegara a gobernar el municipio Ramiro Pérez Arciniega, para que Parras de la Fuente anduviera en boca de todos… ya no para lo bueno, sino básicamente para lo malo. Ahora sí que como decía aquel comediante carpero, una tras otra, una tras otra, a lo largo del año y medio casi que lleva el alcalde de extracción morenista, se ha dedicado a enfrentarse con todos los sectores de la población, a quedar mal con las autoridades estatales, a quedar todavía peor con las obligaciones que tiene en tanto municipio, desde la presentación del presupuesto hasta ver su nombre y el de Parras ventilándose en denuncias penales, por corrupción y hasta demandas de juicio político.


Pero de todo Ramiro Pérez Arciniega se dice inocente, aduce que la culpa de todo lo que se dice y se sabe de Parras fuera de los confines del municipio, es de los periodistas, quienes en honor a la verdad, la han tenido fácil en este trienio, para documentar fraudes, raterías, abusos de autoridad, gastos excesivos, atentados a la ecología y al patrimonio de los parrenses, escándalos de faldas que afectan la función pública. A lo mejor alguien de fuera se preguntaría ¿y aquí qué hace un periodista, si todo está tan bonito, si se respira tranquilidad?, y pues resulta que no, no ha habido día, desde que asumió la alcaldía el morenista, en que no haya material suficiente para alimentar los noticieros.


Con cierta razón, los compañeros periodistas le caen, le caemos mal al presidente municipal, quien pensó que su paso por la alcaldía sería como robarle un caramelo a un niño, y ha resultado todo lo contrario, entre el Cabildo que le ha puesto peros a su intención de saqueo, a una administración plagada de irregularidades y a una tendencia descarada al nepotismo y el compadrazgo en el nombramiento de los principales puestos de la administración municipal, y la prensa que ha dado cuenta cabal de todas y cada una de estas ocurrencias, lo de Ramiro ha sido por lo menos incómodo, y para los parrenses, una crónica continua del deterioro del sitio en el que viven y del que viven.

Pero una cosa es que los periodistas no seamos la gente favorita del alcalde, y otra muy distinta que haya emprendido una campaña para hacerles difícil su trabajo, pero además de eso, ha girado instrucciones a funcionarios y empleados municipales, principalmente los policías, para hostigar, amenazar y amedrentar a los periodistas.

De por sí que Parras no puede decirse que sea un pueblo grande, ¿y sabe lo que es tener a la policía y los empleados municipales atrás de uno mientras quiere hacer un reportaje?, bueno, dijéramos eso es todo y los periodistas están acostumbrados a eso y más, pero lo que no tiene nombre es que al tiempo en que el reportero sale a corretear la noticia, policías y chalanes del alcalde van a las casas a molestar a los familiares, se han dado casos, documentados no solo en reportajes sino en actas del ministerio público, de allanamiento de morada, de destrucción del patrimonio, de levantones, entre otras bajezas, de las cuales sí, hay los autores materiales, pero sobre todo se puede rastrear la orden de perpetrarlas al presidente municipal.
Hasta el momento todo ha quedado en sustos, en empujones y jaloneos, pero cuando se han metido con la familia ¿Quién nos dice que en cualquier momento no le dan un mal golpe a un niño o a una dama, y ahora sí la sangre llega al río?

Trabajar como reportero en Parras no tiene nada de mágico, al contrario, se ha convertido en un auténtico peligro para quienes lo practican por vocación, o simplemente porque es su chamba, una en la que se sienten a gusto y quieren hacerla bien hasta el límite de sus capacidades. Pero si a eso le agregamos el peligro constante para el profesional de la información y para su familia, esto se ha convertido en una pesadilla constante y permanente.

Lo malo es que a la administración de Ramiro Pérez le falta todavía año y medio, tiempo durante el cual seguramente intensificará sus actos de corrupción con la intención de salir lo mejor forrado posible de la alcaldía, como también es seguro que como hasta el momento, no se cuidará de las formas, las pistas y los datos caerán en manos de los reporteros, que darán cuenta rigurosa de la mala actuación del gobernante y de su camarilla de privilegiados ¿qué es lo que cabe esperar de esto?, pues lo obvio, una escalada de violencia hacia la gente de la prensa, en una situación del todo indeseable y con consecuencias imprevisibles.

Es el momento, todo momento lo es, para que el alcalde entre en razón, le baje a sus prácticas corruptas, y sobre todo, que pare de hostigar a los reporteros, que solo están haciendo un trabajo que el pueblo parrense necesita y exige. Es innecesario remachar la urgencia de esto, antes que corra sangre por cuenta de Ramiro Pérez.

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