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El Peje muere por su boca

Generación de víboras, ¿cómo podéis hablar bien, siendo malos? porque de la abundancia del corazón habla la boca.

Mateo 12:34

HEREJÍA POLÍTICA

Por: Luis Enríquez.-

No es anormal que exista en la cúspide del gobierno de nuestro país un ser que se caracterice por mentir, especular y difamar de manera constante y escandalosa. Hubo ya presidentes, como Luis Echeverría y José López Portillo, que dedicaron, al igual que López Obrador, gran parte del vocabulario presidencial para decir y desdecir una sarta de sandeces, trivialidades y marrullerías.

Ellos también dedicaron mucho de su tiempo a desprestigiar gremios y profesiones, como a los periodistas, a los médicos, a los científicos y a los economistas. Cómodamente y desde Palacio Nacional, maldijeron sin piedad a quienes no tenían voz y predicaron con la imagen de su rostro y su partido una superioridad “ética”, como si de un mesías se trátase.

La única diferencia entre los infames gobiernos de los personajes nombrados, casi olvidados en el rincón de la inservible historia moderna mexicana, y el actual Presidente, es la velocidad con la que viajan las palabras desperdigadas por la boca del mandatario. Ahora, los medios de comunicación han cambiado, nada está oculto; y los ‘Sin Voz’ ahora poseen una voz inmensa y descomunal que apabulla y aniquila, que destroza y extermina, cuando la dignidad del pueblo lo demanda: es la voz de la gente, un alarido acumulado de millones de voces que, al unísono, se transforman en su acto en el pesado martillo de la justicia social, que cae siempre de manera estruendosa, sin temor, irremediable. 

El control total de la información por parte de los gobiernos, para bien o para mal, poco a poco va dejando de existir. En este fenómeno evolutivo quedaron inmersos los políticos de ahora, incluidos nuestro fiasco de presidente y su camarilla de corruptos funcionarios.

Andrés Manuel, el autonombrado ‘peje’ -que se vanagloriaba de no ser lagarto-, llegó soltando mentiras, falsas promesas e injurias, como si fuera otra campaña más qué perder. Pero mientras más se le escucha a una persona, más dejan entrever sus gestos y palabras su verdadera condición humana, su inescindible esencia.

Los ‘moditos’ de sus dichos y acciones representan un espíritu envilecido, lleno de odios y de criminales ideas. Aunque más allá de eso, se distinguen también, entre tantas y tantas palabras del que miente, lo peor e inevitable: las evidentes y calumniosas contradicciones.

“Vamos a combatir la corrupción” repitió esta frase tantas veces durante dieciocho años que posiblemente por un pequeño lapsus él mismo se lo creyó. Pero poco tiempo duraron sus palabras encapsuladas bajo tan escandalosa promesa; porque cuando de Bartlett se trata, se borra de su mente el significado de la palabra corrupción. Su esencia salió a la luz, reflejada en un incondicional que lo mismo le prestó una casa para hacerla centro de su campaña, que se obsequió contratos directos de muchos, muchos millones de pesos. Hablar de combatir la corrupción es hablar de quién considera sus enemigos políticos, es hablar de venganzas, no de sus cómplices políticos convertidos en insaciables ladrones.

Queda claro que el poder corrompe y hace olvidar expresiones lanzadas al aire; llegan los hechos, las decisiones que contradicen, una vez más, los discursitos de campaña que se convierten en mentiras incestuosas que el pueblo recuerda con profunda decepción.

Es el caso documentado de criticar por largo tiempo la militarización en tiempos de uno de sus antecesores, Felipe Calderón, pero hace tan sólo unos días y por decreto presidencial, ordenó al Ejército Nacional que se apoderara de las calles, dio permiso a las Fuerzas Armadas para que transiten libremente por las ¿pacíficas? calles de México y para que tengan el apoyo jurídico y legal para cumplir acciones de policías. Cada rincón de este país es Zona de Guerra, y nada ni nadie está seguro de recibir una bala perdida, cómo ocurrió hace tan sólo unos días cuando fue asesinada una niña de 10 años mientras jugaba en su jardín, dentro de su casa, en la Ciudad de México.

Y en su posición de “incorruptible honestidad y decencia” se decidió por criticar a las mismísimas redes sociales, y de pasada al gremio de médicos y enfermeras, quienes están tan ocupados luchando contra el coronavirus que ni tiempo tienen de contestar tonterías y ataques desprovistos de sentido.

Pero quien sí devolvió el ataque, y que de plano no lo vieron venir, fue la poderosa red social de Twitter; descobijó ante los ojos del mundo la red de falsos seguidores del “mesías” tabasqueño. Sin duda fue éste uno de los más duros golpes a su ego, a su gobierno y a la insensatez de sus aletargadas palabras.

Después fue la contestación de los médicos, que con decenas de cartas dirigidas al Presidente mostraron su desaprobación y su repudio al mandatario. Porque ellos SÍ tienen un honor que defender.

Ahora, aporreado y con mil frentes, después de tantos errores y tropiezos, el martillo de la justicia empieza a resonar en los tímpanos de López Obrador, quien ya teme, sueña noche tras noche, como el retorno del péndulo de la justicia asesta sobre lo que más le importa: sus votantes.

‘La Mañanera’ es el inicio de su diaria derrota. Los decires, como balas perdidas, hieren, desgarran, asesinan; pero algunas veces, se devuelven. El pez por su boca muere. Y poco a poco las injustas palabras derramadas retornarán, como filosos y puntiagudos alfileres.

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