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Parras: ¿Por qué no actúa el Congreso? ¿Habrá algo político?

*** ¿Esperarán los ciudadanos que se muera el perro para acabar con las pulgas?

BAILE Y COCHINO.-

Por Horacio Cárdenas.-

Por qué protege Reyes Flores Hurtado, el super delegado del gobierno federal en Coahuila, al alcalde Ramiro Pérez?

La semana pasada se presentó la tercera demanda de juicio político en contra del presidente municipal de Parras de la Fuente, Ramiro Pérez Arciniega, por parte de integrantes del cabildo del Ayuntamiento de aquel pueblo mágico. El trámite, apegado al burocrático procedimiento, implicó la presencia de un abogado por parte de los quejosos, que no es necesario reiterar que son autoridades electas, y por lo tanto interlocutores válidos del Poder Legislativo del Estado de Coahuila, y se depositó, como debe ser, en la oficialía de partes del Congreso del Estado, para recibir el tratamiento correspondiente, y es allí donde las cosas que deberían ser simples y expeditas, se entrampan sin ninguna explicación.

Por principio de cuentas ¿para qué necesita el Cabildo de Parras, y para el caso, la población de municipio representada en este, de tres demandas de juicio político contra un presidente municipal que entre la inicial y la última, no ha hecho más que acumular cada vez más motivos para su remoción, o por lo menos para que el Congreso examine su actuación, lo llame a cuentas y corrija la situación?, la opinión generalizada es que con la primera denuncia debió ser más que suficiente para que los poderes del Estado tomaran las medidas correspondientes, y sin embargo, no ha habido más que jalones de orejas, regaños de parte de los funcionarios del gobierno estatal, todo lo cual es inútil ante un personaje que literalmente hace del otrora pueblo mágico lo que le venga en gana.

Todos sabemos que el tiempo del Congreso no es el del resto del universo, allí las cosas se hacen lentas hasta la desesperación, no recordamos una legislatura que se haya apurado para atender y resolver los asuntos que le caen entre manos. Los diputados, en lo individual y como cuerpo legislativo tienen los ojos puestos en el calendario, pero no en aquel donde se anotan las necesidades de los pobladores de sus distritos que juraron representar y defender, sino los calendarios políticos, los que marcan las fechas de las nuevas elecciones, en las que no hay uno que no se muera por participar, sea para repetir en el hueso legislativo local que ahora se puede, para dar el salto a una presidencia municipal en su distrito, o para saltar al legislativo federal, o lo que se ofrezca, que tampoco es para hacerle el feo a algún puesto en la administración que les caiga en las manos por los servicios prestados.

En esas condiciones, todo asunto que ingresa en el Congreso tiene que pasar por el filtro de ¿qué implicaciones políticas tiene?, si son a favor o inocuas, le dan para adelante, después de todo, la gente luego ve mal que los diputados reporten nula productividad en su dizque trabajo, ah pero si la cuestión es un poco o muy espinosa, allí sí que la mandan a la congeladora, o como ellos mismos dicen que no existe tal cosa, se dilatan tanto en resolverla, que una de dos, o el problema terminó por extinguirse, que no es lo mismo que se haya resuelto a satisfacción ni de manera justa, o de plano lo envían a la siguiente legislatura, que lo recibirá no como una papa caliente, sino como un asunto ya bastante frío, y tanto, que a lo mejor ni amerita dictaminar sobre él y lo dan por extemporáneo.

Es el caso de los juicios políticos, que cuando se plantean, se exigen, es porque todavía se puede salvar el período de gestión, pero que por darle largas, se desperdicia no solamente un tiempo valioso de trabajo no realizado por la administración de la que se trate, sino también recursos financieros y sobre todo la oportunidad de que los problemas se atajen y no sigan creciendo.

Lo de Parras de la Fuente tiene más de seis meses. Meses de pandemia, si usted quiere, en que el Congreso ha estado laborando a medio vapor, lo que ya es decir mucho, pero que equivalen a una sexta parte de la administración de un presidente municipal que no ha resultado bueno ni siquiera para entablar una relación mínimamente cordial y de trabajo con el cabildo que le acompaña, y al contrario, en el año y medio que va del trienio ha incurrido en toda clase de situaciones contrarias al bienestar de sus gobernados, además de inadecuado, por no decir criminal manejo de los recursos públicos, de todo lo cual se ha enterado en primera instancia a la Auditoría Superior del Estado, dependiente del Congreso, y de pasada también a la Fiscalía Anticorrupción, sin que ninguna de estas dependencias se haya pronunciado a favor de poner remedio a una situación de la que lo único que se puede esperar es que vaya de mal en peor.

Lo que se nos ocurre preguntar ante tanta desidia de los legisladores coahuilenses, es ¿no habrá algo, algo político detrás de la abierta protección que han estado haciendo de la persona de Ramiro Pérez Arciniega, y por extensión, de su gestión al frente del ayuntamiento de Parras, al menos de la parte que no le ha quitado el cabildo?, y si es así, ¿a qué intereses obedece esa protección? Esto importa para que los regidores y los ciudadanos parrenses, sepan quien o quienes son sus enemigos, ya no solo el alcalde y su camarilla, por lo demás, perfectamente identificados en el pueblo chico, infierno mágico.

Lo más inmediato que se nos ocurre es que al ser Ramiro Pérez morenista, reciba un apoyo irrestricto de parte del superdelegado del gobierno federal, Reyes Flores Hurtado, y ya entre correligionarios sería explicable esa protección.

Sí, pero esta versión cae por su propio peso porque en el Congreso del Estado la presencia de MORENA es más bien simbólica, había dos legisladores y uno de ellos se declaró independiente, así que allí Ramiro no tiene ninguna asidera. La otra posibilidad es que el senador Armando Guadiana esté fungiendo como padrino político del alcalde de Parras, pero esto tampoco se sostiene, pues siendo todos los mencionados morenistas, se darían un frentazo contra un congreso donde no hay una hegemonía partidista, pero en la que hay la coincidencia de que nadie es particularmente amigo de MORENA, ni los del PRI, ni mucho menos los del PAN, y el resto ve solo por su santo.

También podría ser que quienes plantean la estrategia política para la renovación de alcaldes el próximo año, estén dándole cada vez más cuerda a Ramiro, para que cuando la gente enfrente la boleta, esté tan harta de los experimentos ecologistas y morenistas, que desee volver al redil priista.

Puede ser, aunque la idea se nos hace un tanto peregrina ¿a qué esperar que se muera el perro para acabar con las pulgas?, si actúan ahora algo se podría rescatar.

El escenario impensable es que le tengan miedo a Ramiro, sabedores de que no se va a ir por las buenas ni a las calladas, y que menos aceptará una salida decorosa, pero aunque este fuera el caso, el perjuicio que está causando tarde o temprano se lo van a reclamar al Congreso y hasta al Ejecutivo.

Lo más probable es que la no solución del entuerto se trate de una combinación  de todo lo anterior, pero mientras tanto, el tiempo pasa y Parras está que no se aguanta.

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