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Carbonífera: sacrificar lo mucho por lo poco

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

Vamos a hacer un ejercicio de ingeniería reversa, como dicen los elegantes, o de auditoría forense de la función pública, que suena menos presuntuoso, pero que viene a ser lo mismo. El objetivo es muy específico, y por los tiempos políticos que corren, es uno sobre el cual la información no es que esté reservada ni mucho menos, simplemente como se decía antes, se ha hecho perdidiza para soportar algunas decisiones impuestas a rajatabla, que muy probablemente carecen de un sustento fuera de las emanaciones viscerales de quienes por el momento tienen en sus manos el tomarlas.

El tema que nos interesa es el de las Centrales Termoeléctricas o Carboeléctricas Carbón I y Carbón II, ubicadas en el Municipio de Nava, y que producen electricidad a partir de la quema de mineral de carbón, originario a veces, a ratos, cuando así les conviene, de la Región Carbonífera de Coahuila, y de las minas ubicadas en el norte del propio estado. Carbón I lleva el nombre de José López Portillo, se trata de una planta con capacidad de generación de 1,200 MegaWatts, en tanto que Carbón II, que ya no mereció ser bautizada con el nombre de algún insigne político, tiene capacidad para 1,400 MW. La primera de ellas fue inaugurada a finales del sexenio precisamente de López Portillo, en el año 1982, y la segunda, más moderna, entró en operación en noviembre de 1993, si así se quisieran poner las cosas, ambas plantas están en su plena madurez, en cuando unidades productivas, una acercándose a los 40 años de servicio, y la otra con apenas 27.

Cuando se planea, o mejor dicho cuando se planeaba, porque ya parece que no hay una sola planta de este tipo en proyecto en esta parte del planeta, se procuraba hacer cálculos muy precisos y cuidadosos, después de todo, como se dice coloquialmente, construir una planta geotérmica no es enchílame otra gorda, estamos hablando de inversiones altísimas, a escala de nuestro país, considera fuertes cantidades de recursos con cargo al estado mexicano, y en otras naciones donde se permite la inversión privada en energía, la consolidación de grupos de inversionistas y del sector energético, que en no pocas ocasiones rebasa con mucho lo que aquí se puede aplicar a esta clase de proyectos.

No es para menos, una sola planta geotérmica puede hacer una aportación significativa al consumo global de un país. En el caso de las carboeléctricas de Nava, se cuenta que en sus mejores tiempos llegaron a aportar más del 10% del total de energía producida por el sistema eléctrico nacional, ahora está muy por debajo de eso, por razones que vale la pena examinar.

Para quienes han tenido la oportunidad de verlas a lo lejos, sobre la carretera 57, a pocos kilómetros de Nava, Carbón I  y Carbón II son una moles impresionantes, y así deben ser, pues que están diseñadas para soportar la quema de millones de toneladas de carbón, con lo que se mueven los poderosos generadores que producen la electricidad que luego se transporta hacia el centro del país.

Aquí es donde la cosa se pone interesante. Ante la falta de información oficial, nos pusimos a buscar bibliografía, nos encontramos un artículo firmado, entre otros, por Ryna Yiyun Cui, Nathan Hultman, Morgan R. Edwards, Linlang He, Arijit Sen, que se titula Quantifying operational lifetimes for coal power plants under the Paris goals, y es que mucho de lo que se ha dicho de la actual situación que guardan las plantas termoeléctricas de Nava, es que ya rindieron, que ameritan fuertes inversiones para ponerlas a trabajar otra vez como se debe, suponiendo que alguien quisiera hacerlo.

Resulta que según el artículo, la edad promedio, a nivel mundial, para el retiro de una planta termoeléctrica, es de 46 años, aunque muchos de los proyectos de ingeniería de este tipo se ubican entre los 50 y los 60 años, antes de requerir cirugía mayor.

Lo obvio cuando se plantean estas inversiones, es preguntar primero que nada ¿y cuánto tiempo va a prestar servicio?, sí, porque una inversión de cientos o miles de millones se justifica si va a prestar servicio eficientemente durante el máximo tiempo posible, no es lo mismo una planta que dure, el máximo, sesenta años que una que aguante la décima parte de eso, la primera se habrá pagado con creces varias veces, en tanto que la segunda… dejémoslo en que fue un mal negocio desde su planeación y luego en su ejecución, pero por el volumen de dinero en juego, es como para suicidarse.

Ahora regresando a las plantas de Nava, una está en, quizá, un 80% de su vida útil, si la fijamos en 50 años, mientras que la otra está en un 50%, y si a ambas se les da el adecuado mantenimiento y se les exprime como solo se suele exprimir a la infraestructura y los equipos en México, tranquilamente puede llegar a los 60 años prestando servicio sin complicaciones. ¿Qué es lo que sucede entonces?

Aquí es donde la cosa se pierde en una niebla de especulaciones de la que solo los muy cercanos a la toma de decisiones tienen toda o una parte de la verdad, para el resto, empleados, usuarios, proveedores, pueblo en general, todo son dudas. Las plantas geotérmicas tienen trabajando a un 20% de su capacidad, desde hace por lo menos año y medio o más, coincidiendo con la llegada al poder del presidente Andrés Manuel López Obrador, o quizá desde antes.

Es cierto que el gobierno anterior, el de Enrique Peña Nieto había firmado su intención, de apegarse a los protocolos internacionales de cuidado del medio ambiente, incluso se habían modificado las leyes pertinentes para dar mayor espacio a las energías limpias, a partir de recursos renovables, a costa de las energías tradicionales, el combustóleo, el gas natural y el carbón mineral. La cosa aquí es que los países, como el nuestro que tiene una amplísima gama de opciones en cuanto a energéticos primarios se refiere, el gobierno, o quienes están en condiciones de tomar esas decisiones, “juegan” a plantear distintos escenarios en cuanto a la composición de la gama de energías en uso, favoreciendo unas a veces, apretándole a otras en ocasiones, y así, según las distintas conveniencias de cada momento. Digo no se trata de en determinado momento elegir una y mandar a la goma todas las demás, son muchos los intereses alrededor de la generación de energía, como para dejar fuera de un tajo a la gran mayoría, para darle todo el negocio a unos pocos.

Y sí, de un tiempo para acá habían venido castigando al carbón, dándole mayor entrada al combustóleo, al gas, y en los últimos años, a proyectos eólicos y solares, pero ¿y la inversión que hizo el país en las plantas geotérmicas?, ¿Quién toma la decisión de cortar su vida útil funcionando en base a carbón mineral, para transformarlas a ciclo combinado y quemar combustóleo o gas?, que no decimos que no se haga, sino que se haga en su momento, o mejor todavía, a partir de proyectos completamente nuevos, porque una central reconvertida jamás será lo que una nueva.

En este asunto hay mucho de truculento, de sucio, de político, importándoles muy poco el dineral que se gastó en las centrales, y que ahora tienen como si se tratara del fogón de las tortillas. Lo malo de la gente que odia de más es que no se para a ver los costos de sus acciones en el resto de la gente, en este caso, llevándose de encuentro a la minería de carbón, a la Región Carbonífera y a una buena parte de Coahuila.

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