LA TRAGICOMEDIA POLICIACA DE PARRAS

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

Parras de la Fuente está tan alejado del mundanal mundo, tan dejado de la mano de dios, que a veces, por su mismo abandono, se salva de algunas crisis y tragedias, ah pero cuando estas deciden ensañarse con el pueblito que hasta hace poco presumía de mágico, no hay quien las pare.

Podríamos mencionar el obligado tema político, el alcalde Ramiro Pérez Arciniega está denunciado ante el Congreso del Estado de Coahuila, ante el que se solicitó con todas las caravanas y salemas del caso, la instrucción de juicio político. Y no lo hizo cualquier hijo de vecino, fueron los representantes de la comuna, los integrantes del Cabildo que hablan por todos los vecinos de la localidad, los que integraron el expediente, y para que no se los batearan de retache según costumbre de los diputados, se hicieron asesorar de abogados para que no hubiera una hebra suelta en el caso. ¿Y qué cree que pasó?, nada, el Juicio Político contra el presidente municipal está allí, esperando que San Pedro, el que despacha en Palacio de Gobierno, o quien sabe quién por arriba o por debajo de él, baje el dedo, para darle para adelante al trámite. Mientras tanto Parras de la Fuente está convertido en tierra de nadie, pues el alcalde, sabiéndose en capilla y que en cualquier momento pudieran largarle un patín en salva sea la parte, tiene asolada la población.

Otro ejemplo de que Parras está “an’ca la goma”, es el hecho irrefutable que fue uno de los municipios en los que más tardó el coronavirus a presentante en el estado de Coahuila. Pese a estar a medio camino entre las dos capitales, la de Coahuila y la de La Laguna, y que Saltillo y Torreón son foco de infección, con amplia contabilidad de contagiados y fallecidos, Parras se mantenía al margen. Sería porque es poca la gente que toma la carretera para internarse hasta Parras, cosa que antes era un paseo casi obligado, será que el turismo estaba suspendido y que nunca ha sido un destino casual, el caso es que de veras que se tardó el maldito virus en caerles a los parrenses. Sin hacer nada, el alcalde se ufanaba de que el suyo era uno de los “municipios de la esperanza” de los que hablaba su patrón el presidente Andrés Manuel López Obrador, pero nomás cayó el primer infectado, y no habiendo manera de echarle la culpa a nadie más, hubo que aceptar que Parras estaba igual o peor que los otros, pues así como que hubiera planteado una estrategia de contención, pues no, era demasiado pedir.

A raíz de la llegada del coronavirus a Parras, se han sucedido toda clase de hechos entre hilarantes y deprimentes, a cargo de la autoridad, que ahora sí con el Jesús en la boca, anda dando palos de ciego, y muy al estilo personal de la administración morenista de Ramiro Pérez, sorrajándole los tales palos por la cabeza a los habitantes, como si ellos tuvieran culpa de su imprevisión, de su mala prensa, de su mala imagen ante las autoridades estatales, de que hasta ante la Comisión Estatal de los Derechos Humanos ha sido acusado, y ante la Procuraduría del medio ambiente por ecocidio.

Si de por sí la policía de Parras estaba convertida no en un instrumento para el acercamiento del gobierno hacia los gobernados, sino en una continua molestia por el permanente acoso a la población, ahora con lo del coronavirus, los tecolotes parrenses viven en una situación bizarra: por un lado cumplir las órdenes extremas de su patrón, que incluyen la función recaudatoria al imponer multas por no portar el cubrebocas obligatorio en la vía pública, por hacer fiestas y reuniones, por todo lo que en su incultura creen que propicia o contribuye a los contagios, y por el otro, su miedo de ellos también caer víctimas de la pandemia.

¿Qué se sentirá ser policía de Parras y recibir la orden de cuidar una de las fiestas del presidente municipal?, ¿Qué sentirán de ver cómo los familiares del alcalde organizan un velorio a la vieja usanza, siendo que está prohibido por el Comité Estatal de Salud y por los comités regionales, velar a los fallecidos por coronavirus o por lo que sea?, ¿Qué sentirán, tanto si son fieles devotos, como si respetan la fe de la gente, gente que para más señas son sus vecinos, conocidos de toda la vida, y que tienen que cancelar ceremonias religiosas que estaban organizadas con todas las medidas sanitarias del caso? ¿Qué sintieron los elementos cuando los mandaron a correr al cura del pueblo cuando hizo su viacrucis, o cuando los mandaron a poner los sellos a las puertas de la Iglesia, esas que jamás, en su existencia de más de 400 años, habían sido clausuradas?

Y la verdad yo no sé si el previsor alcalde, o alguno de sus alelotes en el ayuntamiento, haya tomado providencias para dotar a los agentes de policía de cubrebocas, o ellos como tantas otra cosas, tengan que comprarlos de su bolsa, el caso es que los policías parrenses han sido vistos, no una, muchas veces, haciendo lo que suelen hacer, sin portar el que ha sido señalado como el equipo mínimo de protección en la pandemia.

Hasta que pasó lo que tenía que pasar… los policías que deberían estar al servicio de la autoridad para el manejo de la pandemia, se han convertido en agentes de contagio. ¿Cuántos son los que están infectados?, varios, pero como ese asunto de las pruebas tampoco es de interés del alcalde, porque ¿y qué tal si salen positivos, quien va a agarrar ahorita la chamba de tecolote?, así que aunque se sientan mal, que se tomen una aspirina, un paracetamol o lo que tengan a la mano, y a darle para adelante.

Todos hemos visto los videos que mandan por WhatsApp, no las payasadas de TikTok, bueno esas también, sino los que dicen que aunque una persona esté infectada, al hablar, al toser, si está usando el cubrebocas lo más probable es que no contagie a nadie, sobre todo si la otra persona también la porta, ¿pero un policía que entra en contacto con decenas de ciudadanos cada día, a los que se les acerca imprudentemente, sin respetar la sana distancia para en cortito pedir la mordida de rigor?… en una sola jornada puede contagiar a decenas de personas, si es portador asintomático, o se está haciendo el valiente para no reportarse faltando al trabajo, todo porque no le proporcionaron el cubrebocas, o no tiene dinero o de plano no quiere comprarlo.

Así las cosas en el municipio de Parras, donde si no se cuida usted, no habrá autoridad interesada en cuidarla, o sí, luego de bajarle lo de la multa o el moche por no portar cubrebocas. Sería de risa, si no fuera trágico, y luego nos venimos enterando que ahora hasta el panteón San Antonio está cerrado por orden del alcalde… a lo mejor tiene la idea Ramiro que viendo la puerta con cadena la gente va a decir, híjoles, mejor no me muero, porque no van a tener manera de sepultarme, preferible seguir en este valle de lágrimas. ¿Quién sabe?, tal vez es una estrategia contra el coronavirus de la que no habíamos oído hablar, que sepamos los muertos sepultados no transmiten el COVID19, eso para quienes iban a visitar a sus seres queridos al cementerio, pero para los otros, que llegan con carácter de habitantes permanentes… ni modo de quedarse como decía el Picos, apestando el pueblo hasta que el alcalde decida que hay que reabrir el panteón.

Nunca ha sido conveniente acercarse mucho a los policías parrenses, que parecen importados de Puebla, por aquello de que no hay que tocarlos con la mano, sino con un palito, y ahora más, porque capaz que el que lo está extorsionando o tratando de detenerlo, trae coronavirus.

Un comentario sobre “LA TRAGICOMEDIA POLICIACA DE PARRAS

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  1. Date una vuelta a monterrey para que razones y veas la verdad del porque debes hacer caso de portar el cubre boca y cerrar negocios e iglesias.

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