BAILE Y COCHINO.-

Por Horacio Cárdenas.-
Una de las características más sorprendentes de la Cuarta Transformación, es su apego a la religión, bueno, no precisamente a una iglesia específica, que al menos eso no se ha ventilado públicamente aunque hay indicios de más de un coqueteo con la Iglesia de la Luz del Mundo, sino con la doctrina cristiana de orden protestante, que como sabemos, es de las más difundidas en el planeta y de las que mayores descisiones e interpretaciones permite, y tanto, que ha dado lugar a infinidad de sectas religiosas.
Si no nos acordamos mal, fue Enrique Krauze quien en una columna en la revista Letras Libres por allá en el año 2006, bautizó a Andrés Manuel López Obrador como el Mesías Tropical, mote que nos parece de lo más afortunado, aunque no ha pegado como debería para explicar muchos rasgos de la personalidad y la actuación social y política del hoy primer mandatario de la nación mexicana. En aquel análisis de Krauze, que por supuesto debería ser retomado para ver los cambios y la evolución que ha tenido el personaje del que hoy dependen los destinos del país y de sus ciento treinta millones de habitantes. En aquella entrevista Andrés Manuel se declaraba “católico, fundamentalmente cristiano, porque me apasiona la vida y la obra de Jesús; fue perseguido en su tiempo, espiado por los poderosos de su época, y lo crucificaron”, lo cual es precisamente de lo que hablábamos antes, que en la vida de Jesucristo se encuentran una cantidad enorme de elementos, cada uno de los cuales puede dar lugar a una secta, que considere ese y no otro el principio fundamental de una doctrina que lleve a la salvación, pues ese y no otro es el fin del cristianismo. El propio Krauze analiza que “López Obrador no era cristiano porque admirara la doctrina de amor de los Evangelios, porque creyera en el perdón, la misericordia, la “paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”. Él era “fundamentalmente cristiano” porque admiraba a Jesús en la justa medida en que la vida de Jesús se parecía a la suya propia: comprometida con los pobres hasta ser perseguido por los poderosos.”
Del 2006 al 2020 ha corrido mucha agua, y el López Obrador de hoy no es el de entonces. Para empezar, si en aquellos tiempos se consideraba a sí mismo cercano al catolicismo, hoy el presidente vive a una distancia que parece insalvable de la iglesia católica, y es que si alguna característica tiene esta, es el apego al pie de la letra a la doctrina, exactamente lo contrario de Andrés Manuel, que ayer decía una cosa, hoy otra y mañana una distinta de las dos anteriores, lo que a la jerarquía religiosa no le va, en cambio las sectas cristianas, esas son tan adaptativas como el presidente.
De tanto apegarse a las sagradas escrituras el ciudadano, siervo de la nación Andrés Manuel, debería tener tatuada en la piel aquella frase de “el enemigo está en casa”, que se supone viene en algún versículo de El Libro Bueno, y esto importa, porque efectivamente, en su calidad de mesías, y también como fuerza política avasalladora que barrería en las elecciones del 2018, López Obrador supo atraerse simpatías y aglutinar odios contra el sistema político, del que él prometía salvar al país, y de pasada, repartir cuotas de poder entre sus seguidores, nada interesados ellos. Ya como presidente, Andrés Manuel es el único factor aglutinante de MORENA, incluso podríamos llegar a decir que MORENA es López Obrador, y sin él… no es más que el cúmulo de tribus, grupos, egos individuales, que siempre se han alineado del lado de la izquierda mexicana, y que si un defecto los une, es precisamente su incapacidad de unirse para nada.
López Obrador contendió en el 2012 bajo las siglas del PRD, partido del que fue dirigente, y tanto lo odió, que en seis años no solo desmanteló este, sino que creó uno a su imagen y semejanza, una extensión de su persona y de su personalidad, y es muy probablemente allí donde radica la semilla de la autodestrucción de MORENA.
¿Cómo explicar que un partido que no junta los seis años de haber sido reconocido oficialmente como tal, no pueda elegir su dirigente? Pues tal cual, el pleito que se traen Yeidckol Polevnsky, anterior dirigente, desconocida por la estructura, que sin embargo la relega a la secretaría general, y Alfonso Ramírez Cuellar, quien por lo mismo de tenerla allí incrustada no deja de parecer bastante débil como presidente, y sin visos de un proceso para resolver la cuestión de quien es quien de una vez por todas, es la manifestación a nivel país de lo que ocurre en los estados y aún en los municipios.
Repetimos, con apenas seis años como organización política nueva, novedosa, fresca, sin vicios, MORENA en Coahuila es una cena de negros, donde ha ocurrido de todo, de todo lo malo, y muy poco de lo bueno. Las truculencias para robarse la dirigencia entre ellos, para chisparse las asignaciones económicas que les hacen los institutos electorales, el nacional y el estatal, la búsqueda por medios deleznables de convertir al partido en una franquicia personal, en lo que es una constante histórica de las organizaciones de izquierda en México, tratando de imponer a la hermana, al marido, a la marida, a la amante, pasando por encima de los militantes que han hecho talacha de base, es una verdadera vergüenza.
En Coahuila se perciben dos, o probablemente más grupos de poder: están lo que se pelean por lo que es la burocracia partidista, Guadalupe Céspedes de un lado y la familia Sánchez Galván del otro, pero hay más; están por supuesto los coahuilenses incrustados en el gobierno federal, desde donde mueven influencias y dinero para llevar agua a su molino, allí se reconocen el senador Armando Guadiana y el secretario general del IMSS Javier Guerrero, y por supuesto el de planta, el superdelegado Reyes Flores Hurtado, cada quien intenta atraerse simpatías entre la militancia y la ciudadanía, aprovechando para echar tierra hasta sepultar, si se puede, a sus contrarios; están los alcaldes morenistas, que son los que la gente conoce como gobernantes, unos malos, otros menos malos, y cada uno con cierto poder económico e influencia.
Y entonces llegar el momento de preguntar ¿bueno, y para donde va MORENA en Coahuila, con rumbo a la elección del 18 de octubre?, la respuesta es que no va para ningún lado, porque entre tantas broncas de gobierno que tiene, el Mesías está demasiado ocupado para ocuparse de Coahuila, de que no hay una estructura partidista que pueda ordenar que el partido vaya para acá o para allá, que nadie puede decirle a los poderosos que saquen las garras del proceso electoral, del interno, ya no hablemos del externo, MORENA no cuenta ni siquiera con candidatos para contender en la elección. Los otros partidos ya tienen sus candidatos y candidatas, viven en una paz aparente, dan idea de solidez política, y en cambio la MORENA coahuilense no da pie con bola, pues la bola la traen perdida y el pie lo usan para darse de patadas y meterse zancadillas. Tan religiosa que es esta opción política, deberían ponerse a rezar por tantita cordura, o porque de Palacio Nacional el mesías les mande una señal… si no ocurre nada de esto, el proceso electoral estatal será la peor vergüenza que haya enfrentado el partido, siendo Coahuila donde se estrelló la oleada morenista.

Deja un comentario