fbpx

¡Vaya desprecio!: Bonito Saltillo nomás de pasada…

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

Ah que desprecio el que nos hizo a los saltilleros, a los coahuileños todos, el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien seguramente mientras recorría su convoy a toda velocidad por las carreteras estatales, iban cantando el célebremente triste Corrido de Agustín Jaime, usted lo recuerda, aquel que dice Bonito Saltillo, nomás de pasada, porque pa’ quedarse, está de la chin…

La verdad que ¿Quiénes somos nosotros para hablar de la organización de las giras presidenciales, y para el caso las de cualquier funcionario público del nivel que sea?, nomás somos ciudadanos de a pie, de la calle como gustaba referirse un tal Pedro Aspe Armella al peladaje de esta nación que saqueó junto con otros de la camarilla salinista, pero hay cosas que se notan a simple vista, cualquiera con un poquito de cultura, con un poquito de conocimiento de la geografía del país, de la geopolítica del poder, se da cuenta de que hay cosas que son convenientes, y otras que de plano no lo son.

Hubo un tiempo, hoy olvidado, en que los presidentes de la República iban a los lugares más apartados del territorio nacional solo por dos cosas: o para poner en marcha una obra determinada, o para inaugurarla, eso de andarse paseando por un México grande en extensión y enorme en carencias, sin traer nada en el morral, a la gente le caía mal. Una cosa eran las campañas, en las que lo procedente es escuchar y prometer, pero ya gobernando, ir sin nada, no es lo adecuado, además de que ¿qué mejor campaña para el partido, para sus candidatos, que poder decirle a la población –aquella obra que prometimos y que echamos a andar, aquí se las venimos a entregar?, ni necesidad de demagogia había entonces.

Pero como dijimos, son tiempos que se fueron, luego llegaron los tecnócratas, que traían muchos proyectos en el cerebro y pocas realizaciones que mostrar, ellos peleados con la política ficción y queriendo demostrar la madurez del pueblo mexicano, eran reacios a prometer cualquier cosa que no pudieran cumplir.

De esa época datan las famosas giras temáticas, ideadas seguramente por algún alelote que convenció a su patrón de que era políticamente conveniente recorrer el país, ya no para comprometer obras o entregar obras que no existían, o si existían no eran nada del otro mundo, sino para “tomar el pulso” del sentir de los ciudadanos, y esto, para sacarle el mejor provecho, que fuera por temas… así hubo giras temáticas de educación, allí andaba el preciso y su comitiva visitando escuelas en todos los estados de la República, no escuelas nuevas, renovadas, recién equipadas, escuelas las que fueran; hubo giras de salud, y otra vez, le tocó visita a los hospitales y centros de salud en los sitios más remotos, y a eso le llamaban trabajo y acción política, y así por el estilo las hubo del campo, de infraestructura carretera y demás. Lo único que salió de ellas fue el gasto en hoteles, consumos, gasavión y lo que se embolsaron los expertos en viaticar.

Ya en plena Cuarta Transformación, el presidente López Obrador “no se halla” a gusto en Palacio Nacional ni en la Ciudad de México, él tiene que andar por todo el territorio nacional como si no hubiera ganado la presidencia en julio del 2018, lo suyo es andar en campaña criticando a los regímenes anteriores y prometiendo lo que cada vez parece más difícil de cumplir, pero lo de echar a andar obras y entregarlas, de eso no se ve nada.

Andrés Manuel antes de la pandemia hizo muy sonadas giras temáticas, igualitas que las de sus antecesores, salvo en el gasto, mientras que los otros iban en avión, él se las avienta por tierra, con lo desgastante e incómodo que esto es, hizo una gira por los centros de salud, los más tristes, gachos y feos de cada estado ¿y cree que luego de la visita presidencial han mejorado algo?, no; hubo una gira curiosísima, por las instalaciones de Petróleos Mexicanos, se fue a meter a la mera boca del lobo huachicolero y como le tiene miedito a los helicópteros, se fue en lancha… a visitar las plataformas, todavía más peligroso que aquellos, pero así es él.

Y finalmente llegamos a la gira que tocó el Estado de Coahuila, porque no había manera de rodearlo, que si existiera, seguro que no viene, de tanto desplante y tanto desprecio que tiene por el estado, por su gente y también por su gobierno.

 Se anunció como una gira por el noreste, comenzando por Durango, con eventos en Torreón primero y en Saltillo después, y terminando en Monterrey, Nuevo León, todo a matacaballo, o “mataSuburbanBlindada”, abandonado como está el Jetta Clasic en algún estacionamiento en Palacio Nacional.

Usando aviones y helicópteros la gira hubiera estado completa en una jornada, pero al estilo 4T, se tardó tres días, desde que llegó a Torreón el día previo, el día de los eventos, pernoctar en Monterrey para otra mañanera, tres días perdidos, perdón de gira.

 Como es la geografía norteña, de Gómez Palacio a Monterrey, yendo por tierra, necesariamente hay que pasar por Saltillo, donde hasta los cráneos estratégicos y políticos de la presidencia habían programado un evento, nada del otro mundo, la entrega de un edificio, pero que simbólicamente es muy trascendente, sobre todo para un gobierno que se llena la boca de decirse humanista y respetuoso de los derechos humanos, el de la identificación de restos de los desaparecidos.

Era de llegar, cortar el listón, y como decía ‘El Diablo’ de las Fuentes, “decir dos o tres pende… bien dichas”, y ya estuvo. Pues no, el presidente, sus escoltas, su estado menor ya que no tiene estado mayor, pensaron que podía ponerse el riesgo si no la seguridad, sí la tranquilidad de quien tiene una mecha más corta, si se puede, que su odiado Felipe Calderón.

Abundando: si ya vienen de Torreón, hechos la cochinilla por la antigua 4-2-4, en dos horas hubieran estado en Saltillo, el evento en media hora cuando mucho, recibir los aplausos de los adoradores y las mentadas de los AntiAMLO, y a agarrar la Saltillo Monterrey a la hora del tráfico, o sea a cualquier hora.

 La gente hubiera estado contenta, aunque odie al presidente, de que mínimo hizo acto de presencia para inaugurar algo de lo poco que hay que inaugurar en su sexenio, pues no. Pesaron más los argumentos de los cuidadores que su necesidad de rozarse con el pueblo bueno y sabio, de sacar una ventaja política para futuras elecciones, tantearle el agua a los camotes en una tierra que como pocas, se ha mostrado reacia a la llegada de MORENA.

Si algo tienen los saltilleros es que son sentidos como ellos solos, y esto que hizo el presidente, es para todos los efectos un desprecio innecesario, porque por su propia necedad de ir por tierra, tenía que pasar por aquí, con otros presidentes nomás se veían pasar el avión y los helicópteros, él de perdida se hubiera bajado en La Miniatura a comprar unos molletes, unas empanadas de nuez para llevárselos para que merendaran en Palacio Nacional. Pero no, y usted dirá, como todos los coahuilenses y saltilleros despreciados, no importa, pero sabemos que en su corazoncito quedó una muesca difícil de resanar.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Powered by WordPress.com. Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: