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IEC: PLATAFORMA PREFABRICADA

BAILE Y COCHINO

Por Horacio Cárdenas.-

Si algo es sabido desde hace muchos años en este país de mentiritas que es México, es que muchos de quienes andan en política no tienen ni la más remota idea de qué es lo que se trata el puesto para el que le están pidiendo a los ciudadanos que voten por ellos.

Sí, hay una carrera de “Ciencias Políticas”, que son realmente pocos los políticos que habiéndola cursado, llegan a figurar en puestos de primer nivel, los alumnos y egresados de estas se conforman con puestos más que segundones y tercerones, si no es que terminan dedicándose a cualquier otra cosa, o de plano están en el desempleo, eso les pasa por adentrarse desde el punto de vista teórico a la rex pública, y conocer la peste de sus entrañas. También, se supone, que cualquier politiquillo colocado en cualquier posición en la escala zoológica de la política mexicana, cursó la primaria, allí en tercero o cuarto grado les enseñan cuales son las atribuciones de cada uno de los poderes, las funciones de los distintos funcionarios y puestos de elección popular, pero lo cierto es que a la hora buena, o mala, en que resultan ungidos por el abúlico voto de un electorado cada vez más menguado, no saben de qué se trata el hueso que habrán de roer por tres o seis años, dependiendo.

El mismo presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador repitió hasta el hartazgo que con lo que lograra ahorrar en el despilfarro de la administración pública federal, más la corrupción que según él iba a cortar de tajo nomás treparse a la silla presidencial, con eso alcanzaría para financiar sus ambiciosos programas sociales asistencialistas y electoreros. Y allí tienen que no, de que había corrupción, claro que la había, pero lo del despilfarro, hace mucho que las dependencias gubernamentales estaban literalmente a pan y agua, solo los altos funcionarios disfrutaban de ciertos privilegios, pero con todo y todo no alcanzaban ni remotamente para todo lo que el presidente había dicho que serviría el dinero redireccionado a la purificación de la sociedad mexicana.

Hablando todavía del presidente López Obrador, tan no tenía idea del costo, precio y valor de las cosas, que cuando ofreció poner en venta el avión presidencial ni siquiera sabía que la famosa aeronave ni siquiera era todavía propiedad del estado mexicano, que estaba en un truculento comodato entre la Secretaría de la Defensa Nacional, Banobras, y que se debía un dineral por el aparato. Pero no solo eso, del pretendido valor del avioncito que no tenía ni Obama, ni Trump ni nadie en el planeta, donde tampoco había nadie que quisiera comprarlo más que para enviarlo a un deshuesadero pagándolo por kilo de fierro, el mandatario prometió que una vez vendido, alcanzaría para comprar equipo médico para la pandemia, pero también para el agua, drenaje en quién se acuerda qué comunidad perdida del estado de Guerrero, y para construir cuantas escuelas en la Sierra de Oaxaca, y para tres docenas de tamales de chipilín.

Eso hablando del asqueroso dinero, ahora de las funciones de gobierno… allí tiene que la Secretaría de la Defensa hace funciones de la SCT, del IMSS, del ISSSTE, de la Secretaría de Salud, y de otras diez secretarías de estado, y el canciller Marcelo Ebrard tiene las responsabilidades de una docena de secretarios, fungiendo en la práctica como vicepresidente encargado de todo, sin devengar el salario castigado de tantos más cuantos floreros.
Pues bien, para evitarnos tantas vergüenzas de políticos que llegan al palacio legislativo sin tener la más remota idea de cuáles son sus funciones, el Instituto Electoral de Coahuila, regenteado por Gabriela León Farías, ha organizado un cursillito de capacitación, según dicen, para que los partidos políticos, y sobre todo los candidatos “se les facilite incorporar temas de prevención a la violencia política y de género en sus propuestas de campaña y en el desarrollo de las mismas”… la idea podría parecer buena, y quizá hasta lo sea, pero se nos antoja que en el IEC no encuentran la manera de seguir justificando su existencia y sus millonarios gastos, aun pasando por la más elemental lógica y la sana distancia que debe existir entre la autoridad y la burocracia electoral, y lo que es el funcionamiento de los institutos políticos, sus plataformas ideológicas y estatutos, por no hablar de la libertad que tienen los individuos que se desempeñan en política, para plantear postulados de campaña y programas de trabajo, en este caos, de trabajo legislativo.


Ya lo dijimos arriba, los políticos, una buena parte de ellos, no tiene idea de lo que es, o debería ser la actividad legislativa, de hecho si se revisan los folletitos que entregan casa por casa o en las esquinas, sus páginas de internet, sus publicaciones de Facebook, entre otros recursos de comunicación política, se puede ver que lo que proponen no cae en lo que son las funciones de un diputado local, sino en las de un presidente o funcionario municipal, en las de la órbita del gobierno del estado o hasta de la federación, de aquí a que ya sentados en su curul, aprenden lo que les corresponde y les toca, ya se les fueron seis meses, la sexta parte de su período de representación. Pero… que esa ignorancia la pretenda suplir el IEC con lo que los señores y señoras consejeros, más sus asesores contratados y pagados con recursos públicos consideren que debe saber un partido político y un candidato a diputado… nos parece para comenzar, una falta de respeto a las ideas, a los ideales, a las aspiraciones, a las diferencias reales o imaginarias entre unos partidos políticos y otros, además de una intentona por normar el criterio de personas que suponemos, suponen ellos mismos, que son pensantes, capaces de desarrollar postulados y organizar una estrategia de campaña política, que puede o no ser exitosa en cuanto a su atractivo para los potenciales votantes, pero que por lo menos representa lo dicho, un ideario que quieren llevar al congreso, en el entendido de que tal ideario representa a un determinado grupo poblacional, sea por su ubicación geográfica, sea por el partido por el que sufragaron.

Nomás imagínese, el IEC imparte el mismo cursillo de capacitación, en línea, ya sabe, por eso de la pandemia, a todos los candidatos de todos los partidos, y estos en su falta de imaginación propia, los adoptan… la legislatura entrante estará al servicio no de los electores, no de las plataformas de los partidos políticos estatales o nacionales, sino de lo que el Instituto Electoral de Coahuila haya considerado, según su amplitud o miopía de miras, que deberían ser las propuestas que lleven a los ciudadanos.

Imagínese, por un momento solamente, que los coahuilenses, los pocos que vayan a votar el 18 de octubre, se hayan puesto a comparar los postulados de campaña de los tres, cuatro, ocho candidatos de su distrito, encontrándolos entre similares e idénticos, pues todos habrán tomado el cursillo del IEC, ¿Qué va a pensar?, que da lo mismo Chana PRI que Juana PAN o Tencha MORENA, cuando que todas son en el fondo y en la forma Gaby IEC. A eso apunta la elección de diputados locales, a una legislatura edulcorada, homogenizada y pasteurizada, al servicio de las mejores causas… del Instituto Electoral.

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