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La república se hace polvo en las manos de López Obrador

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

De repente, la semana pasada comenzó a hablarse de un tema que sí, a lo mejor siempre ha estado allí como tema de conversación entre ciudadanos, políticos y comentaristas de café con leche descremada, pero que ni aún en la mente más alebrestada, tenía visos de plantearse como una realidad posible.

El tema es el del posible rompimiento del pacto federal, con o sin, pero muy probablemente con, la separación de la República Mexicana de un grupo de entidades federativas que han estado tratando de encontrar en el gobierno federal espacio para platicar de sus respectivas y colectivas dolencias, y que en su desesperación han ido escalando sus protestas y sus acciones, hasta llegar al momento actual, en el que literalmente, cualquier cosa puede pasar… cosa que a decir verdad, nadie desea y nadie espera.

Ya ve cómo somos los mexicanos, puestísimos para la chacota y habilísimos para el chiste devenido en meme, de repente y sin darnos cuenta cómo, ya había un nombre para lo que estaba sucediendo: nortexit, adaptación de aquel neologismo Bretxit, que se utilizó y se sigue utilizando en torno a la salida de la Gran Bretaña de la Unión Europea, movimiento que encabezó y logró el actual primer ministro Robert Johnson, y del cual nadie todavía le encuentra ni pies ni cabeza, mucho menos se han concretado las condiciones en las que la tal salida podría ocurrir.

Pues bien, ya teníamos a media semana el nombre del movimiento, luego de lo cual salió un mapa en el que se detallaba de manera espeluznantemente clara qué es lo que ocurriría: casi la mitad del territorio nacional, del actual, se separaría de la República, dejándole menos de la mitad, pues entre los secesionistas están algunas de las entidades federativas más grandes, ese mapa ya en dos colores, era llamada suficiente para que los involucrados, más o menos 130 millones de mexicanos, nos paráramos a pensar ¿híjoles, qué estamos haciendo?

Ya luego salió un mapa actualizado, con muchos más colorines, en él se establece “residencial Bonilla”, otro qué trae su pleito particular con la Cuarta Transformación, y que corresponde el estado actual de Baja California, luego un jocoso “Principado de Geraldine Ponce”, vayan las revistas del corazón a saber por qué, en lo que todavía es hoy Nayarit, un México del Norte, agrupando a los diez estados que constituyen la Alianza Federalista, seguido de un bastante disminuido territorio de la República de Pejezuela, para completar el desmembrado cuadro con la Tercera República de Yucatán, con los tres estados que componen la península.

 Lo mencionamos con la intención de ser chocantes, porque de todos los problemas grandes y pequeños que hemos enfrentado los mexicanos en los últimos años, este es probablemente el más grave de todos: la posibilidad real de la desintegración del México que conocemos, todo debido a una sencillísima explicación: la falta de oficio político.

¿Quién iba a decir que lo citaríamos alguna vez como ejemplo de cómo deben hacerse las cosas? Decía Carlos Salinas de Gortari que para solucionar los problemas de México había que hacer política, política y más política, que sí, por supuesto que con esto contradecía aquella otra frase que le ha conservado la historia: ni los veo ni los oigo, pero es cierto, un político de altos vuelos, hasta uno de medio pelo, debe desarrollar bien pronto la sensibilidad para saber y decidir, a quienes puede darse el lujo de ignorar como si no existieran, y del otro lado, a quienes es obligado atender, y con los cuales ahora sí, ejercer las aptitudes y habilidades políticas para desactivar el problema que se sabe y se acepta que son.

Ni que decir que todos los presidentes del país, desde Acamapichtli hasta Enrique Peña Nieto, enfrentaron problemas, los hubo como Benito Juárez que tuvieron que andar a salto de mata por todo el territorio nacional, y tanto que hasta Saltillo vino a parar, y todavía más lejos; los hubo como Francisco I. Madero que fueron victimados, no se nos ocurre un problema más gordo que ese, y otros como Porfirio Díaz que acabaron en el destierro, pero así que hayan perdido territorio… que el país se les hubiera fracturado en las manos durante su sexenio, pues solo a Antonio López de Santa Anna y a Andrés Manuel López Obrador.

Todavía nos acordamos por allá lejos en los años setenta, México celebró como un gran triunfo la devolución de El Chamizal, unas cuantas hectáreas de erial que los Estados Unidos nos devolvieron, luego de que el Río Bravo hiciera una de sus trastadas cambiando de curso, con lo que el predio ese había quedado del lado norteamericano.

Pues bien, la Cuarta Transformación ponga que hubiera generado expectativas de toda índole, algunas anheladas, otras no tanto, pero no creemos que nadie hubiera imaginado que se pudiera llegar al extremo, además en el transcurso de apenas dos años del sexenio, de hablarse de un rompimiento del pacto federal, del pacto fiscal, y entre líneas pero gritándolo por todo lo alto, la fractura de la República. Los gobernadores de la Alianza Federalista lo han dicho en todos los tonos, sus funcionarios más cercanos, lo han repetido todavía más veces, no es la intención del grupo de gobernadores el separarse de la República… ¿y?…

Ahora qué, el hombre en cuyas manos está todo el asunto, el causante de esta impredecible inestabilidad, el presidente Andrés Manuel López Obrador, en vez de mover sus piezas, que se supone que las tiene, no, de plano agarra pleito: no se pueden separar, eso no es democrático, que hagan una encuesta… y allí es donde la cosa que estaba mal, se pone todavía peor.

Antes: ¿dónde estuvo la secretaría de gobernación, la oficina de la presidencia, los decenas o cientos de operadores dizque políticos de que dispone el presidente para platicar con cada uno de los mandatarios estatales para decirles eso, que no había necesidad de enojarse, de pelearse, mucho menos de amenazar con un rompimiento, bueno tres, ya mencionados el del pacto fiscal, el federal y el derivado de salirse de la república?, no por nada los caricaturistas pintan al gabinete presidencial como floreros, él mismo López Obrador dijo que no sería un presidente florero, y ponga que no lo es, pero en esa posición a colocado a todos sus secretarios y demás subordinados.

Por mucha capacidad que él tenga para entenderse de los problemas del país, es imposible atenderlos todos con el grado de atingencia que se requiere, y este de los gobernadores es la muestra palpable.

No, los gobernadores no debieron salirse de la CONAGO, no por otra cosa, sino porque era un muro de contención, los gobernadores no debieron hablar de salir del pacto este o aquel, tampoco los contuvieron allí, les abrieron la vía para hacer una consulta para lo que sea, y eso no debió ocurrir. Los mandatarios federalistas están que no se la creen, no sabían que tenían este nivel de poder, no saben qué hacer con él, pero los están orillando a utilizarlo, esperemos que de la manera más sensata posible, ya que la sensatez, la sensibilidad política, el oficio político, son cosas inexistentes en palacio nacional.

Repetimos ¿qué necesitad había de llegar a esto?, la pregunta ahora es ¿cómo regresamos a ser todos amigos, compatriotas en una república que se le hace polvo en las manos al presidente?

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