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¿QUÉ SE SIENTE, REYES?

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

Cada quien entiende el servicio público como quiere o como puede, de acuerdo a la bondad de su alma o la vileza de sus pasiones, ni modo, no puede ser de otra forma, y por más maneras que han buscado para espulgar de las oficinas de gobierno a los llamados genéricamente como “malos elementos”, y para diseñar pruebas y exámenes para que no se les cuele nadie que no debería, ya no digamos ostentarse como servidor público, que eso es lo de menos, sino cobrar en una nómina oficial, pues a nadie se le debe olvidar ni por un momento, que esta se paga con el dinero que los ciudadanos aportan, de grado o más bien por fuerza, de sus impuestos.

Mucho se ha hablado de que a los aspirantes a puestos de elección popular se les deberían aplicar exámenes muy estrictos. Dejar de lado los mentados uno de uno, tres de tres y “n” de “n”, porque la verdad de las cosas es que no dejan de ser una pura vacilada, los políticos que los hacen tienen mucho colmillo para contestar con mentiras que parezcan verdades, y hasta para el examen de toxicología se las han ingeniado para que no salgan sus vicios y deslices con sustancias prohibidas.

No, lo que hace falta son exámenes médicos y sicométricos, que demuestren que están en plenitud de aptitudes para desempeñarse en puestos de responsabilidad, y es que nos ha salido cada fichita… si hasta por allí anda la hipótesis, no sustentada si usted quiere, de que ciertos perfiles sicopáticos y sociopáticos tienen una tendencia a buscar y obtener posiciones en el servicio público, que por una parte satisfacen su ego, pero que por la otra tienen un potencial tremendo de causar un perjuicio grave a la comunidad, y aquí piense usted en quien más gordo la caiga, nomás acuérdese que uno tiene las claves y el acceso al tristemente célebre botón rojo, y otro es capaz de pasarse entre dos y tres horas todas las mañanas dando un espectáculo de ignorancia, alimentando el odio y la división entre el pueblo mexicano y metiéndonos en broncas de las que no saldremos en muchos años, y uno más para completar la tercia, el otro que llama al que gobierna un pueblo de maricas por querer vacunarse contra el virus que está matando gente a diestra y siniestra.

¿Cuál era la tres de tres, o cinco de cinco?, es que con tanta barrabasada se nos olvida. Una era la de no consumo de droga, otra era la declaración de que no tiene conflicto de intereses, la declaración fiscal y de bienes, y andaba una bailando, la de demostrar no tener antecedentes penales. Esta última era de mero trámite, y hubo una reforma a la ley federal del trabajo en la que se había determinado como discriminatoria y violatoria de los derechos humanos, además de que en realidad no tenía la menor importancia para el desempeño de determinadas funciones y determinados empleos.

Pues bien, con tal de completar su barajita de 5 de 5 o 10 de 10, la revivieron, lo de los antecedentes, sin ocuparse de la ley o de los acuerdos internacionales, faltaba más, que los que promueven esta clase de cosas no lo hacen por honrados, sino porque saben cómo sacarle la vuelta.

Ahora que, desde hace mucho tiempo había el cuestionamiento de ¿qué se entiende o se debe entender por antecedentes penales?, y esto no lo preguntaban obreros a los que se les negaba una chamba de salario mínimo, sino delincuentes de cuello blanco, políticos en desgracia con ganas de regresar, fue en atención a sus dignas personas que se comenzó a matizar la denominación genérica de antecedentes penales, y es que sí, hay sus diferencias: una cosa es ser acusado de cometer un delito, de lo cual puede ser culpable o inocente, y otra muy diferente es haber sido sentenciado por lo mismo, y ya de pasada, el haber purgado una pena, de la que se supone habría salido rehabilitado.

 Eso además de que… con los indicadores de impunidad que existen en México, superior al 99% para todos los delitos, grandes y pequeños, lo de que no haya antecedentes no es garantía de absolutamente nada. Si alguien no tiene antecedentes puede por supuestísimo que pensarse que es porque es inocente… o que tiene la suficiente habilidad o suerte para no haber sido atrapado en los enmohecidos engranajes del sistema judicial.

Pero hubo un tiempo en el que para las familias, para la calle, para el vecindario, era una vergüenza insoportable, aparte de motivo mayúsculo para el chismarajo y para el ostracismo, el que un individuo fuera señalado de sospechoso de haber cometido un delito.

 Familias había que se mudaban no de barrio, de ciudad y de estado por una nota aparecida en un tabloide o en un vespertino, era algo como para no asomar la cara a la puerta, pero al parecer, las cosas han cambiado, por lo menos en cierto sector de la sociedad.

Apareció esta semana una nota de que dieciocho personas de quienes el presidente de la República Andrés Manuel López Obrador designó como sus representantes personales y plenipotenciarios de la administración pública federal, están sujetos a proceso penal por los más diversos delitos, federales y del fuero común. 18 de 32, esto es algo así como el 56% de quienes el mandatario que promueve como su principal bandera el acabar con la corrupción, han resultado que no son tan honestos como cabría esperar, para colmo ubicados en posiciones con una concentración de poder no vista jamás en las entidades federativas.

¿Cómo le hicieron los superdelegados para en el corto lapso de dos años haber acumulado tal cantidad de actos con posible tipificación de delito, como para ameritar denuncia penal? Vaya usted a saber, valdría la pena preguntarle al que tenemos más a la mano, Reyes Flores Hurtado, superdelegado del gobierno federal en Coahuila ¿qué se siente de ver su nombre en los citatorios del ministerio público?, lo más probable es que conteste que nada, no se siente nada, tan sencillo como que estando la estructura jerárquica del gobierno como está, el MP federal es subordinado del superdelegado, ya parece que va el empleado a hacer algo que moleste o incomode a quien puede ponerlo de patitas en la calle, de quien tendría que cuidarse es de los ministerios públicos estatales, esos sí que podrían ordenar su detención, pendiente de integración de una averiguación.

Pero no solo eso, el hecho de que las denuncias provengan en su mayoría de los propios simpatizantes del partido MORENA, es indicador de que lejos de tener y mostrar habilidad para congeniar, para convencer, para llevarla en paz con sus correligionarios, estos están haciendo hasta lo imposible por deshacerse de él, si fuera posible, que Reyes fuera a dar con su osamenta en un penal federal por malversación de fondos públicos bajo su cuidado, y si no, pues de perdida que cargue con el sambenito de una o varias, o muchas denuncias penales, que por fuerza le deberían pesar allí donde se presente a lo que sea.

Por cierto, Reyes no renunció para buscar un cargo de elección popular como ordenó el presidente López Obrador a sus colaboradores ambiciosos, quien sabe si se esté esperando para el calendario para las diputaciones federales que se juegan el año entrante, o para la grande de Coahuila, la gubernatura del estado de Coahuila en el 2023, ¿Qué hará entonces Reyes con sus antecedentes penales?, ni él ni nadie puede negar que los tiene, en calidad de pendientes de proceso, pero allí está junto a su título de licenciado, el calificativo lapidario de procesado por la justicia

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