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La soñada democracia

NOTICIAS DIVERSAS .-

Escribe: Héctor Barragán.-

Vieja herencia de la antigua Grecia es la democracia, donde el pueblo se reunía para manifestar sus puntos de vista, sus necesidades, su proyecto de gobierno, el futuro, donde se calificaba a los personajes destacados. Es de recordar que las poblaciones eran reducidas y se podían manifestar prácticamente la totalidad de los habitantes.

Pero quienes se dejaban oír y discutían, eran una minoría, puesto que el grueso del pueblo eran esclavos, sin derechos ni voz o voto, lo mismo que las mujeres privadas de la voz en público. La democracia helénica era entonces restringida.

Algo semejante ocurría en el imperio romano, donde ni los esclavos ni los pobres, necesariamente la mayoría de habitantes, carecían de influencia entre la autoridad. Las mujeres continuaban al margen de la política, de la vida pública.

En este país se heredó la aspiración democrática, – pero con las restricciones viejas, que en parte se han ido superando.

Y sin embargo, dada la magnitud de las colectividades es imposible que la voz de cada quién se exprese para constituir el ideal o sea el gobierno del pueblo, como dice el sentido original de la palabra.

Se hizo necesaria la representación, que conlleva el alejamiento del pueblo de su gobierno, los representantes están imposibilitados para llevar a término las peticiones, aspiraciones, propuestas y necesidades de sus representados. Es decir, en el sentido actual la democracia se ha reducido sensiblemente y cuando más, opera solamente para el nombramiento de representantes.

A su propio juicio, los norteamericanos tienen el óptimo de gobierno democrático, vale recalcar, según su propia opinión y su modelo pretenden llevarlo a todos los pueblos del mundo, descalificando a todos los que se alejen de su punto de vista.

Ha quedado en evidencia la limitación de su sistema democrático, cuando (y así sea solamente en el aspecto electoral, de sus representantes) la mayoría de votantes, la manifestación de las simpatías del pueblo, superan al juicio definitorio de sus representantes, elegidos con anterioridad.

Han quedado varios millones de votos en favor de un candidato a los que el grupo de electores, que no llegan al número de 600 que llegan a una decisión diferente. Esta es una limitación importante y que se refiere solamente a un aspecto de la opinión popular, – que es la única manifestación tangible de la supuesta democracia.

Por supuesto que no votan los trabajadores ilegales que pagan impuestos, algunos de ellos, luego de haber contribuido por años o décadas al bienestar del pueblo norteamericano, con su trabajo, con sus impuestos y sin protección alguna de sus derechos civiles o su salud, la educación de su familia.

Su bipartidismo tuvo muchas ventajas, durante muchos años, pero recientemente se agudiza el riesgo de mantener a la sociedad partida en dos, dejando lejos la posibilidad de unir a su pueblo para conseguir metas superiores, necesarias, como son la salubridad pública, la educación para todos, el control del armamento en el pueblo, que es un riesgo permanente y añejo, así como la falta de vivienda para grandes núcleos poblacionales.

Su modelo liberal o renovado liberalismo, trasplantado al mundo entero, ha demostrado ser injusto para millones de seres en casi todos los países del mundo, por la libertad básica que propugna, – libertad de hacerse ricos a costa de las mayorías, sin considerar que una distribución equitativa del producto del trabajo elevaría considerablemente el volumen de utilidades de todos los productores, los niveles de producción y de consumo de cuanta colectividad hay en la tierra.

Ni que decir que la publicidad contra los gobiernos que pugnan por aumentar los ingresos de la generalidad, les huele a socialismo a los de la élite, productores, comerciantes, banqueros, intermediarios y aspirantes a la opulencia y luchan incansablemente contra esos gobiernos. Publicidad que por supuesto va en perjuicio de los programas igualitarios que denominan «populistas» y sabotean sus trabajos de mejoramiento de los servicios sanitarios, médicos, las comunicaciones, mejoramiento ambiental, su combate a la contaminación, a los negocios que abusan de su condición monopólica, a los encarecedores y especuladores, etc.

Haciendo caso omiso de la realidad que consiste en perjudicar a los individuos equivale a perjudicar, a traicionar a la patria.

CIUDADANOS Y DELEGADOS.

Unos y otros olvidan el destacado papel que tienen en la sociedad, los delegados corren el riesgo de marearse con el poder, les da mal de montaña al ascender aunque del primer ladrillo se trate, sien ten que dejan de pertenecer al pueblo, a la plebe o a la chusma, cuando su naturaleza y su valía es prácticamente la misma.

Les surge el espíritu despótico y procuran destacarse de la manera que sea, sobre todo al menos preciar a quienes deben servir y son los mismos que les dieron la posición, no sus amigos, sus influencias la sumisión respecto de los superiores. Los ciudadanos por su parte, probablemente por el alejamiento impuesto por sus delegados y supuestamente servidores públicos, dejan de plantear sus peticiones, exigencias y con estas sus derechos, que encargaron en nombre de la comunidad, a sus representantes.

Los delegados, los del estrato superior, olvidan con toda tranquilidad sus promesas de campaña, sus ambiciones de servir a la comunidad y mejorar el mundo, probablemente por pereza, aburrimiento o por presiones de sus jefes, que invariablemente los tienen.

Lo regular es que utilicen sus posiciones envidiables para beneficio de sus intereses particulares, aunque los del grupo que los apoyó en su partido o grupo de poder pasan a ser prioridad de su labor. Se sirven de los elementos materiales, humanos, técnicos para su provecho, para engrandecer su status, sus condiciones de vida, sin el menor escrúpulo.

Como los altos mandos suelen temer a los grupos de presión, sus decisiones preferentemente benefician a esos grupos, a los que otorgan no solamente favores, sino impunidad frente a las leyes y privilegios, que se «roban» a los beneficiarios naturales, que son el resto de la comunidad. Lamentablemente olvidan que el incumplimiento de obligaciones, como las de este tipo de otorgar privilegios a quienes les corresponde solamente por la presión «política» debe ser motivo de responsabilidad, en muchos casos hasta de índole penal. Pero esta será también culpa no solo de sus jefes, sino de los que la sociedad encarga y les paga para salvaguardar el orden, la tranquilidad y los derechos de la sociedad.

Y esto del complejo de superioridad que se les despierta a los servidores públicos que se colocan en la opulencia, les afecta a los negociantes, comerciantes, banqueros, usureros, prestamistas, empresarios de diversos ramos, porque no cumplen cabalmente con su responsabilidad social de servir, mediante el ejercicio honrado de su actividad, pero faltan al compromisos de retribuir con justicia a quienes les sirven en su tarea e incumplen asimismo con el gobierno al que le escatiman el cumplimiento de sus obligaciones económicas, de pagar impuestos, pero tampoco de cuidar el medio ambiente, no contaminar, aprovechar su sitio de trabajo para generar cuántos empleos su capacidad sea capaz, evitar al máximo la producción de desperdicios que podría aprovechar para nuevos empleos-salarios- ganancias, en fin, buscar ciclos de producción y productividad hasta el límite de sus recursos técnicos, intelectuales, imaginativos.

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