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Morena es una cena de negros, se hacen pedazos por prevalecer en el ánimo de AMLO

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

Para bien o para mal, Gonzalo Santos, Gonzalo N. Santos, solo hubo uno. Al cacique potosino se le atribuye aquella genial contestación a un reportero curioso y bisoño que le preguntó que a qué debía sus largos años de permanencia en la política mexicana, y el ser indiscutible señor de horca y cuchillo en San Luis Potosí. A lo mejor por el halago, a lo mejor con la visión de dejar sentada una de las que habría de convertirse en ley no escrita de la política a la mexicana, Don Gonzalo contestó: mire joven, es muy fácil, todo está en hacer creer a los del centro que tengo todo el apoyo de los de acá, y convencer a los de acá que tengo todo el apoyo del centro, y ya está.

Puede parecer simple,  pero no lo es, ni remotamente, y menos durante los largos sexenios en los que los agentes de la Secretaría de Gobernación hacían el trabajo de alimentar expedientes de la situación local de todos lados, lo que permitía al poder central tener pleno conocimiento, mucho antes que existiera la expresión de “en tiempo real”, de lo que pasaba hasta en el último rincón del país.

Un gobernador podía apersonarse ante un secretario o ante el mismo presidente, y estos tenían un legajo completo, documentado, con análisis y recomendaciones, escenarios posibles, de los que el mandatario estatal ni siquiera se imaginaba.

El espionaje político servía para mil cosas, pero la más importante de ellas era seguramente el poder tomar decisiones informadas, emprender acciones que eran tiros de precisión que mataban o herían a larga distancia, a costo relativamente razonable.

Ahora, dice el presidente Andrés Manuel López Obrador que su gobierno no espía, y está bien claro que no analiza ni mucho menos piensa, y que el aparato gubernamental que dicen de inteligencia… solo elabora síntesis a partir de recortar periódicos… eso dice ¿y quien es uno para dudar de un hombre, de un régimen que dice que no miente, que no roba y que no traiciona?

A lo mejor por eso es que las cosas andan tan mal en el Movimiento de Regeneración Nacional, tanto en la casa matriz como en la mayoría de las sucursales en las entidades federativas.

El partido fundado por quien es hoy presidente, debería aunque fuera por orgullo, por que nadie le pusiera el dedo, funcionar como dicen los que los conocieron, como relojito. MORENA debería ser la niña de los ojos de Andrés Manuel, la nena consentida, la que mejor se portara por haber emanado de su pensamiento, haber sido modelado bajo su tutela, y en cambio está convertido en una cena de negros, bueno marrones, rojos quemados o como el daltonismo de cada quien quiera verlos, todos ellos que se sienten auténticos herederos de esa nebulosa ideología que se llama lopezobradorismo, adalides de la no menos difusa cuarta transformación, y sus defensores a ultranza, al grado que no dudan en hacerse pedazos mutuamente, con tal de prevalecer… en el poder y en el ánimo del líder y presidente.

Era para que hubiera una supervisión constante y permanente, si no de López Obrador, quien a final de cuentas tiene que dirigir un país tan enredoso, complicado e improvisado para todo, como él mismo, pero sí de sus allegados, de alguno de ellos de mucha confianza, o en su ausencia, de los cuerpos de inteligencia, que siempre sirvieron para eso, y ahora se extrañan tanto.

La relación del poder central, hablando de los partidos políticos, con los ciudadanos y organismos en las entidades federativas, nunca ha sido sencillo, pero digamos, había tenido momentos buenos, y otros en los que cuando menos se reconocía que había problemas y se procuraba arreglarlos.

Parece que dentro de todo lo que hay de nuevo en este país bajo la égida de Andrés Manuel, eso es algo que importa poco o nada. Lo ha dicho respecto de sus colaboradores en la administración pública, y aunque no lo ha hecho extensivo al ámbito partidista, es de imaginar que algo haya de eso. Noventa por ciento leales y diez por ciento capaces, lealtad a ciegas, no hace falta decir nada más, lo malo es que esto cuando hay una nómina de por medio, es entendible y justificable, pero cuando lo que está en juego es la viabilidad de un partido político, esto deja de ser funcional.

 Ni del nombre nos queremos acordar de aquel enviado del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Acción Nacional, que llegó una vez a Saltillo, dizque a poner orden, y lo primero que se le ocurrió declarar fue que los panistas coahuilenses eran como moluscos sin concha… nunca lo hubiera dicho, porque así como había gente retorcida en el PAN estatal, también había gente decente, de ideología sólida, algunos aguerridos, capaces casi de cualquier cosa dentro de los cauces de la ley, que no es decir cualquier cosa. Ni que decir que esa opinión que tenían y traían del centro, cayó como bomba a los panistas que por esos años consolidaron grupos regionales antagónicos, mucho de lo que se perdió entonces y después, se debió a esa actitud centralista.

Ah, pero como nadie experimenta en cabeza ajena, y menos tratándose de los “hombres nuevos”, que tanto desprecian a los políticos de otros partidos y otras épocas, allí tiene a la dirigencia nacional de  MORENA enviando emisarios a todos los estados con problemas intestinos, alrededor de veinte…, con instrucciones de arreglar las cosas por las buenas, o por las malas, si es necesario.

Que bueno que el nuevo dirigente, Mario Delgado quiera hacer lo que sus antecesores no, ocuparse de lo que sucede en los estados, pero a la hora de plantear la estrategia, no se le ocurrió más que más de lo mismo: yo mando, yo ordeno, y ustedes me obedecen, o… más bien sin “o” de alternativa.

Al principio dijeron que iban a mandar pura artillería pesada, puros senadores de la República, presuntos mascadores de riel en la cosa política, a resolver los problemas en cada uno de los estados emproblemados, conciliando con los grupos encontrados, trayéndolos al redil del morenismo nacional, si es que se puede hablar de algo así, y que dejen sus rencillas, rencores, envidias, en lo que a nosotros se nos antoja una misión más que perdida, sobre todo porque como comenzamos, Gonzalo N. Santos solo hubo uno, y era priísta, y sabía apretar y luego soltar. Muchos senadores de los de MORENA son como los de Coahuila, riquillos a los que convencieron de pagar su candidatura, así que tengan la mano de seda del político que sabe tratar a los militantes y dirigentes locales, no mucho, o no nada.

Pero luego del senador que nos habían dicho que venía a Coahuila, nos mandan un diputado, un diputado local, que a lo mejor aprueba el examen de poder mencionar los ciento y tantos municipios de su Estado de México, pero que de Coahuila sabe poco y le interesa menos.

¿Le irán a hacer caso las tribus, familias, mafias, pandillas, cáfilas de morenistas coahuilenses a un enviado que viene a leerles la cartilla?, lo dudamos, lo van a ignorar de plano como hicieron con la diputada Sánchez Galván, y eso que ella sí era federal y sí era de Coahuila, o le van a dar el trato súper especial que los panistas le dieron a su molusco desconchado.

También en eso de la grilla partidista hay un pacto federal de lo más endeble, tanto que quizá truene antes que el pacto grande al que cada vez se oye crujir más.

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