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Contagiosa Navidad

PAPELERÍA EN TRÁMITE

Por: Sergio Alvizo.-

Qué triste e indiferente ha transcurrido diciembre por Saltillo. Bajo la cruel inmensidad de la pandemia, la sazón decembrina no sabe igual. Se acabó ese espíritu festivo, de alegría y felicidad, como en los villancicos. Se postró un fantasma en la ciudad, uno en cada individuo que sale a la calle sin cubrebocas. Porque a muchos les valdrá una pura y dos con sal y atiborrarán los bares, centros comerciales, cantinas y puteros. Organizarán posadas, intercambios (de virus, será) y los contagios se dispararán.

Como en el relato Cuento de Navidad de Charles Dickens, este año nos visitará el fantasma de las navidades pasadas. Quizá esta vez nos convirtamos en Scrooge, ese viejo avaro que no se interesa por la vida del otro. Así es, nos transformamos en ese viejo de la triste figura, amargado, con pocos sentimientos y corazón egoísta (casi casi como cualquier escritor del gremio saltillense). Pero se preguntará usted ¿por qué somos el protagonista del famoso cuento? Pues al salir todos a la calle, al abarrotar las tiendas, al ir a las posadas clandestinas y llegar a la casa con el virus e infectar a los que más queremos.

Las celebraciones alrededor de la época navideña no tendrán más remedio que adaptarse a las circunstancias para no poner en riesgo la vida de nadie. Y es que, en Navidad solemos movernos más y vernos con gente que en otro momento del año no veíamos. Dos actividades que son el principal vector para la trasmisión del Covid- 19, quien lleva todo lo que va del año vestido de Grinch.

Las autoridades han pedido que no se reúnan más de 10 personas en la cena del 24 y 31. Algo que será imposible para muchos, pero más allá de eso, olvídense de dar el típico abrazo de año nuevo, con el que muchos reparaban rencores pasados, otros daban el típico de Acatempan o con el que el tío borracho y solterón, manoseaba a la sobrina o el sobrino (saludos, Durango). Una amarga navidad como dijo el maestro José Alfredo Jiménez. Para muchos la fecha no será motivo de celebración, al recordar a todos los seres acaecidos por este enemigo hostil y silencioso que desde marzo se pasea por las calles. Aunque también, en otro de los grandes éxitos del ídolo Guanajuato, cantó con su voz llena de dolor “la vida no vale nada, comienza siempre llorando y así llorando se acaba”. Y a estas alturas, ¡échale José Alfredo! ¡La vida no vale nada!

Un diciembre sombrío, con la enfermedad y el desempleo acampando en la ciudad. Con la falta de trabajo, de un plato caliente, con la depresión llorando en la esquina de la casa, con el amigo o familiar infectado y aislado, luchando por salir de terapia. Todo esto impide que la navidad brille. Por el contrario, debemos tocarnos el corazón y ayudar al que menos tienen (adopte a un exalumno de Artes Plásticas). Cito aquí las palabras del Papa Francisco: “El Adviento nos recuerda que Jesús vino a nosotros y volverá al final de los tiempos, pero nos preguntamos: ¿De qué sirven estas venidas si no viene hoy a nuestra vida? Invitémoslo. Hagamos nuestra la invocación propia del Adviento: «Ven, Señor Jesús»” (Ap 22,20).

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