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El misterioso caso del alcalde desaparecido

BAILE Y COCHINO

Por: Horacio Cárdenas.-

En estos tiempos que corren, podemos dividir al mundo en dos: aquellos que ya estuvieron contagiados de COVID 19, y aquellos otros que todavía están pendientes de caer víctimas de la pandemia. Claro que siempre nos aconsejan no dividir al mundo en dos, porque luego luego comienzan a brincar las excepciones… este caso no es la excepción, porque, a como se ha portado y se sigue portando la temible pero desconocida enfermedad, que a algunas personas les pega con tubo, a otros les da muy levemente, y en el colmo de la confusión, al grueso de los afectados ni siquiera les presenta síntomas. A tal grado es extraño el comportamiento de la pandemia de COVID 19, que se habla, que no es que se sepa con precisión censal ni mucho menos, el 90% de los infectados son asintomáticos, es decir que no afecta a su salud en lo más mínimo, lo que no significa que no sean agentes de contagio, lo que los hace infinitamente más peligrosos, pues andan por el mundo como si fueran personas sanas, repartiendo virus a diestra y siniestra. Por lo menos a los infectados o con prueba positiva, sabe uno que hay que evitarlos y ellos que deben guardarse, ¿pero con los otros?, ya no sabe ni con quien juntarse y con quién no.

En la clase política mexicana el asunto del coronavirus se ha convertido en chunga, como lo es prácticamente todo lo que tiene que ver con la cuarta transformación. Ya desde la cabeza, el presidente Andrés Manuel López Obrador, que se ha rehusado sistemáticamente a utilizar cubrebocas, aduciendo que no hay evidencia científica de que funciona, ni siquiera cuando le ponen las tales evidencias científicas delante de las narices, y quien pese a haberse comprometido a ser el primero en plantarse la vacuna en cuanto llegara a México, se ha arrugado como los meros machirrines, saliendo ahora con que… se la pondrá cuando “le corresponda”, y ponga que sí, hay razón en cuanto que él no forma parte del personal de salud que cuida a los pacientes, pero sí es la cabeza indiscutible del sector salud, como de la Secretaría de la Defensa, como del gobierno, así que si alguien debería estar protegido del patógeno es él…, por el bien de la nación que dirige,  pero no, hágalo entender, imposible. 

Tener COVID o haber tenido COVID se ha convertido en un sello para los políticos, sello de que andan en la brega, así tenemos que 12 gobernadores, según la última cuenta, han estado enfermos de coronavirus: Carlos Mendoza Davis, de Baja California Sur, Claudia Sheibaum, jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Mauricio Vila, gobernador de Yucatán, Silvano Aureoles, de Michoacán, José Rosas Aispuro, de Durango

Carlos Joaquín González, gobernador de Quintana Roo, Francisco Cabeza de Vaca, de Tamaulipas, que ni por eso la Fiscalía General de la República ni la Unidad de Inteligencia Financiera le quita el ojo de encima por lavado de dinero, Héctor Astudillo Flores, gobernador de Guerrero, Francisco Domínguez, de Querétaro,

Adán Augusto López, de Tabasco, Omar Fayad, gobernador de Hidalgo, la gobernadora de Sonora Claudia Pavlovich, y el último Jaime Bonilla de Baja California. Doce de 32, es más de un tercio, lo que debería ponernos a pensar que esa es la proporción del total de la población afectada por el virus, con síntomas o sin síntomas.

Los políticos responsables, todos estos mandatarios estatales, y un buen número de secretarios del gabinete de López Obrador, tan pronto han recibido la confirmación de que padecen el virus, de inmediato lo comentan por redes sociales, de que salieron positivos y que procedían a guardar cuarentena, siguiendo las recomendaciones del sector salud. Claro que no deja de tener su connotación política, que sus gobernados o potenciales electores digan pobrecito, se contagió trabajando, o se resguarda para no contagiar a más gente, curiosamente, o no tanto, ninguno de los funcionarios de alto nivel ha fallecido por  COVID 19, suerte para ellos, además de que reciben la mejor atención médica posible. Sí, han fallecido uno o dos diputados y creo que hasta un senador, pero eso solo les sirve para decir a la gente, vean, sí es peligroso y nosotros servidores públicos nos arriesgamos a todo por ustedes.

La pandemia como elemento político, algunos lo entienden así, y funciona, en cambio hay otros… como el caso del presidente municipal de Parras de la Fuente, que está por cumplir, o ya cumplió un mes que nadie sabe de él, y no sabemos el día exacto que se le dejó de ver, porque con su costumbre de ir y venir a Monterrey, dejando el pueblo mágico tirado, era normal que se fuera de fin de semana… largo, de jueves a lunes, pero nunca habían sido tantas semanas, lo que hizo comenzar a sospechar que algo no estaba del todo correcto en ese comportamiento de Ramiro Pérez Arciniega. 

Parras vive una situación de excepción desde hace ya casi dos años. En todos los municipios del país es procedimiento normal, no necesariamente que el alcalde pida licencia al cabildo para ausentarse, pero sí que corra la cortesía de avisarles, oigan, voy a andar fuera de tal día a tal día, les traigo dulces o les mando una postal. No es el caso parrense, con el pleitazo que se trae Ramiro con el cuerpo edilicio, sería lo único que se pudiera esperar de él, la cortesía. Pero de perdida su gente de confianza, que estuviera enterada, para saber qué decirle a los ciudadanos que acudieran a palacio a buscar al inquilino, no, nada.

Han llegado a tanto sus misterios, que se puede ver a las afueras de presidencia como llega todos los días a primera hora el guarura del alcalde, ese que disparó contra un civil hace unos meses, y estaciona el auto de Ramiro Pérez en su cajón, para que el pueblo ‘nada sabio’ crea que el edil se encuentra despachando en su oficina. Ya por la tarde, casi de noche, el guarura vuelve por el auto para llevarlo de vuelta al ‘Castillo del Amor’.

Tan larga ha sido la ausencia de Ramiro Pérez, que hasta en Saltillo pararon las orejas, también es obligado que se entere a la oficina del gobernador, a la secretaría de gobierno, que el titular del municipio va a estar ausente, y que cualquier asunto se dirijan al secretario del ayuntamiento, al primer regidor, a quien se decida y designe, pero tampoco. A tal grado llegó la curiosidad, que tampoco vamos a decir que sea preocupación, que tenemos entendido que de plano enviaron gente e Monterrey, a preguntar en los hospitales, oiga, ¿no tiene internado un paciente así y así, que tenemos perdido, de Parras Coahuila?, a lo que algún chistoso en la recepción contestó, ¿y si no se sabe el camino de regreso, para que lo dejan salir?

Hasta donde sabemos, parece que sí, que Ramiro Pérez estaría internado en Monterrey, presuntamente por COVID 19, nada más que por lo largo de la ausencia, da paso a la sospecha de que su caso no es nada leve, más bien lo contrario, ameritando atención hospitalaria continua, si no es que cuidados intensivos. La cuestión aquí es de responsabilidad, porque así fuera en su último instante de lucidez, el funcionario público, este y cualquier otro, debe notificar a sus superiores, a sus colaboradores cercanos qué es lo que está pasando, para que estén en condiciones de tomar las medidas necesarias durante su ausencia.

No se le desea el mal a nadie, y ante la pandemia de COVID 19, ojalá que Ramiro ande de vacaciones o de juerga, y no que esté afectado, y menos que su caso sea grave. Lo que el pueblo de Parras, el cabildo del municipio, los poderes ejecutivo y legislativo de Coahuila necesitan es información, por lo que se le exige esa mínima cortesía, que 30 días después, no le merecemos.

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