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¿Y dónde quedó el alcalde?

¡PARRAS, MI PUEBLO… TAN MÁGICO!

Por: Juan Lobatón.-

¿Y dónde quedó el alcalde? Y no, no es título de película gringa sino una pregunta que nos hacemos la mayoría de los parrenses que no dejamos de pensar que su ‘máxima autoridá’ ya se peló con todo y el cargamento de millones de pesos, que ha encontrado como faltante el personal de la Auditoria Superior del Estado que lleva haciendo cuentas, sospechosamente, el mismo tiempo que tiene “desaparecido” el ratero que llegó al cargo con nuestra anuencia y nuestro voto (pa’acabarla).

Esto es muy raro… primero dijeron que tenía covid o coronavirus, que se lo fregó la pandemia y que estaba en un hospital de Monterrey, atendiéndose de tan grave mal con la marmaja de los parrenses, porque somos nosotros los que tenemos que entrarle al quite con los costos de la clínica porque, quiérase que no, sigue siendo, para colmo de males, nuestro alcalde.

Peeeero… sí así, con muchas eee, sucede que nada más supieron que el alcalde había desaparecido y desde Palacio Rosa, “El Murmullos”, que así le dicen al Secretario de Gobierno, José María Fraustro Siller, ordenó al Fiscal que localizara y le pusiera “clavo” al edil parrense porque se les quería pelar, loco de contento con su cargamento para Monterrey.

Así que, ni tardos ni perezosos, un grupo de investigadores bajo la instrucción directa del fiscal Gerardo Márquez, se dieron a la tarea de localizar al perdidizo alcalde y por ahí en una clínica muy fufurufa de Monterrey les dijeron que estaba internado, con el rabo pa’rriba y que batallaban pa’ ponerle el oxígeno por quien sabe que daño que presentaba las fosas y conductos nasales y que, por cierto, nada tenía que ver ese daño con el coronavirus.

Pero ¿qué cree? Pues que los encargados de la clínica no los dejaron entrar a verificar si deveras estaba ahí encamado con todo y su alma; es más, ni siquiera supieron si su Dulcinea le cuidaba el sueño.

Y éste fue el informe que trajeron los investigadores. “Sí está, pero no lo vimos”. ¿O sea? ¿Está como paciente, enfermo o como quiera llamarle, o no está porque nunca lo vieron?

Las dudas surgen, sobre todo porque una persona que se infecta de covid, a las 2 semanas ya da visos de estarse aliviando, por lo menos ya enseña la mano en el face y reclama y critica aunque respire a medias… Y eso, vaya que no ha ocurrido.

Ahora no se sabe si el susodicho está internado, si se recupera de los males que le aquejan, si ya se “petateó” y no quieren decir para seguir sangrando la caja de la Tesorería Municipal o sí simplemente se largó antes que enfrentar a la justicia por el principal delito del que se le acusa: el desvío de dinero, de mucho dinero.

El silencio de 30 días dan mucho de que hablar… sencillamente hace pensar que este pelao salió más bravo y ya nos dio en toda la madre por pecar de inocentes. Sino pregúntele al que tuvo que parar las obras que se hacían en algunas calles de Parras porque dejaron de pagarle.

Como diría el periodista de Milenio, Gil Gamés, desde su mullido sillón colocado al centro de la sala de su mansión: esto es muy raro carancho, esto es muy raro, porque “Pecado de mucho bulto, no puede estar siempre oculto.”

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