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El engañoso crecimiento de los salarios mínimos

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Por: Héctor Barragán.-

En México los salarios mínimos realmente son insignificantes, mínimos, cuando al principio, cuando se fijaron por parte del gobierno Federal. Pretendían ser suficientes para satisfacer las necesidades de la familia de un trabajador, en cuanto a alimentación, vestido, habitación y aún para los placeres honestos, según se declaraba en los considerandos de la legislación novedosa.

Pero lo que son las cosas de la economía de todos los días, el poder de compra de esos salarios se convirtió en una pequeña fracción de lo que era en un principio, con lo que dejó de ser suficiente para satisfacer sino una pequeña parte de las necesidades de la familia de los trabajadores.

Los comentaristas de la economía, del lado de los empresarios, acostumbran presumir que los salarios mínimos oficiales son una mera referencia, ya que «la mayoría» de sus trabajadores, según aseguran, recibe de 3 a 4 tantos de la cuota oficial, lo cual no es cierto.

Los salarios constantemente se reducen en lo que se refiere a su poder de compra y no es por consecuencia de magia ni de influencias extranjeras o de alguna enfermedad, sino de la vieja práctica de los negociantes, empresarios, comerciantes y demás patrones, de elevar los precios de sus mercancías conforme los avances del calendario, práctica que se extiende a cuantos manejan esas mercancías, servicios, sean de producción nacional o de importación.

Personas conscientes de la realidad de la mecánica económica que trabajan alrededor del Presidente de la República conocen que sus disposiciones de elevar los salarios mínimos, que son el indicador para que los demás sueldos se aumenten, se acompañan inmediatamente o en ocasiones con anterioridad, comienzan a trabajar en la reetiquetación de sus productos, bienes y servicios, naturalmente al alza, desvirtuando la medida del Ejecutivo de elevar el nivel de vida de la población menos favorecida.

De manera semejante, los beneficios que derivan de sostener los precios de los energéticos, energía y servicios gubernamentales, quedan sin ese efecto con las alzas de precios de cuánto se consume normalmente.
Comenzando con los productos de la canasta básica, continuando con los que no son básicos, pero son necesarios y aún indispensables como productos alimenticios elaborados, renta de vivienda y en fin, todo lo que se debe consumir.

Resulta curioso, por denominarlo de alguna forma, la actitud hipócrita de algunos empresarios que se manifiestan en favor de los incrementos de salarios y sueldos, a grandes voces, aunque tal vez su actitud sea cínica, en cuanto a que a mejores sueldos los precios los elevan proporcionalmente o por encima de la tasa de alza en los salarios, con lo cual, aritméticamente se multiplican sus ganancia, por supuesto que no es sencillo aumentar los precios al doble cuando se aumenta en esta tasa el salario mínimo, por lo que los precios tomarán un tiempo para incrementarse; en cambio, un aumento de 10 % los conduce a elevar sus precios en 10 %, aunque su costo de mano de obra no represente ni la décima parte de sus costos de producción
Este sencillo razonamiento no lo explicaban en la escuela de economía, pero lo manejaba un amigo agudo contador público y erudito en varias materias, Flavio Zermeño del Bosque, fallecido hace varias décadas, demasiado prematuramente y al que se auguraba un brillante futuro profesional y especialmente en la política. Además es sencillo de verificar por toda familia interesada en cuidar el destino de sus ingresos laborales.

La diferencia de posiciones entre los gobernantes federales de esos años del 2020 en adelante y los empresarios es de fondo porque los patrones no entienden que los aumentos en los ingresos del público, mayoría de consumidores, los favorece considerablemente, en 1 medida en que aumenta su capacidad de consumo, sin necesidad de aumentar sus precios, los actuales, que aplicados a mayores volúmenes les representará más ganancias y la posibilidad real, de que sus inversiones para atender a mayor demanda, le ofrecen la posibilidad real de disminuir su costos de producción. Esto es, les abren dos posibilidades de mayores utilidades.

Y mayores volúmenes de producción representarán demandas adicionales de mano de obra, esto es, más consumidores, si bien la moderna tecnología, generalmente de importación (y compa rada a alto costo en el exterior) por lo regular se caracteriza por ahorrar mano de obra) reducción de salarios de personal no especializado, pero si baja en el monto total de los salarios y el poder de compra del mercado interno)
Y los asalariados de alto nivel, que no son muchos, se inclinan a consumir productos de alto valor, cuyo comercio beneficia a productores de países industrializados, en detrimento de lo que ofertan los trabajadores y empresarios nacionales.

La alianza gobierno-empresarios es difícil, por la cerrazón de las élites económicas a ceder parte de sus ingresos, en caso de que ocurrieran al reducir sus utilidades unitarias y llegaran a abatir sus dividendos totales, para fomentar el nivel de consumo de la mayoría de personas, que actualmente quedan al margen del mercado con baja capacidad de compra.

Por cierto y curiosamente, de reducida divulgación es la mención en la literatura marxista de que los gobiernos (la mayoría de los países capitalistas) así como su estructura jurídica y de justicia se constituye para el beneficio de la clase adinerada y de sus intereses, lo cual merece una consideración y análisis suficiente, en cuanto a que se contrapone al principio de humanitarismo más elemental, lo mismo que las economías de escala, los menores costos de producción, la plena ocupación y los máximos en los volúmenes de ganancias, altos niveles de ahorro y consumo.

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