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La «Acuña» quedará en la memoria de muchos

PAPELERÍA EN TRÁMITE

Por Sergio Alvizo.-

Ya en febrero, se fue muy rápido el primer mes del año. Apenas hace unas semanas escribía sobre las cabañuelas en este mismo espacio, ahora vamos encarrilados al mes del amor y la amistad. Mes de comprar amor y sucumbir a la mercadotecnia. Pero, a esta altura de la pandemia, tendremos que pasarla sin besos, abrazos o arrimones. ¿Cuántas parejas se habrán infectado gracias a una infidelidad y no vivir para contarla?

         Sin arrimón no hay baile, esto me lleva a recordar las legendarias paredes de la Sociedad Mutualista Manuel Acuña, “el lugar de los grandes éxitos”, que ha sido demolida casi por completo en los pasados días. Su mítico bar ubicado arriba de los baños de vapor, en el antiguo edificio, ya no será más escenario de encuentro entre sexagenarios y chichifos de miradas y braguetas ardientes.

       Uno entraba a sus billares que eran lo mejor, además porque entraban damas, algo prohibido para una sociedad de caballeros como “El Acuña”. En esos billares se juntaban los viejos a jugar con sus palos y bolas. También movían las fichas del dominó, sentados en las despintadas sillas de la Coca-Cola. Pancho, mi triste y abnegado cantinero, platicaba con su tono de voz cansado que anteriormente existía un boliche, donde también pasaban el tiempo los socios. Después Pancho me servía otra cerveza y si lo dejaba, me apuntaba doble consumo en el cartoncito.

         En mi época de estudiante de Letras Españolas, la cocina de la centenaria sociedad, ya era conocida por su caldo de res, sus manitas de puerco, su asado de boda, menudo los sábados. Caldo de masa, además de sus tacos de asadura, morcilla y en días de fiesta: cabrito, carne asada y hasta mataban marrano. Los viernes y sábados eran de baile, fiestas, XV años, bodas. Si era día de baile tenías que llegar temprano para entrar por la calle de Ramos. Por el estacionamiento, el cual estaba enfrente de la panadería, a la cual llegábamos por empanadas para acompañar la cerveza, vicios de estudihambre.

         Los bailes de la Sociedad y de las “Viejas de Jorge” citaban a toda la raza de bronce del Saltillo del centro poniente, la crema nata y requesón acudían a bailar con “Beto Díaz y su orquesta de provincia”, Bronco, Los Yonic’s, Chicos de Barrio, Conjunto Primavera, Los Acosta, Traileros del Norte. La sede era el mítico Patio Español, donde un tiempo se pagaba la pensión a los jubilados del IMSS. En ese bar del vapor, tantas historias se contaron, se lloraron y se cantaron con Johnny y sus teclados, que era una fusión entre Rigo Tovar y José Manuel Zamacona.

         En ese bar cantaron grandes estrellas, que al calor de los tragos nacían. Otros como el hijo de Mario Saucedo, que cantaba “Llorando a mares” y “una moneda”, a la hora de la botana, cuando era animado por el publico presente. Y mi amigo Pancho el cantinero, aplaudía con los ojos llenos de alegría, olvidándose por un momento de su hipertensión, alcoholismo y llevar una Vida de Nadie. ¿A dónde irás, viejo amigo? ¿En qué bote de basura te agacharás para buscar amor?

        La Sociedad Manuel Acuña es un icono para muchos saltillenses. Para otros fue una segunda casa y escuela. Por eso, no me importa qué me llamen exagerado si lloro y canto por ella, porque siento que un pedazo de mi vida ha sido arrancado como una mordida dada por Julián Herbert, es decir, un perro rabioso.    

        Pasaron muchos presidentes, quizá ahora al borde de su muerte, por esos pasillos. Donde se seguirán escuchando los ruidos de las fichas del dominó, el taco del billar chocando unas buenas bolas, el hervir del aceite requemado para la comida del día, el correr de los cucarachos por la barra, el gemido ahogado en los vapores y la frase tan famosa “ay, no yo soy primerizo”, como “el primerizo recurrente”, escrito por mi maestro Jesús De León. ¿Qué pensará de este hecho mi querido maestro? Quien vio desfilar por esos lugares a muchas primadonas con infulas de Lady Gaga, pero no llegaron a ser más que unas Evita Muñoz “Chachita”

        La Sociedad Manuel Acuña se quedará en la memoria de muchos y como versa la canción de Mario Saucedo, nos abandona el amor que más quiero:

Hoy que más solo me encuentro

Hoy que más triste me siento

Me abandona

Me abandona

El amor que yo más quiero

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