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Javier y el organigrama del IMSS

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

La semana pasada debíamos estar muy aburridos, esa es la única explicación de que haya corrido como reguero de pólvora la noticia de que Javier Guerrero García dejaba la Secretaría General del Instituto Mexicano del Seguro Social.

Eso fue lo primero que se dijo, que el sobreviviente de mil batallas políticas, desde que fue alcalde de su natal San Pedro de las Colonias, diputado local y federal, secretario de Finanzas del nada fácil de complacer Enrique Martínez y Martínez, aspirante a la secretaría general de su partido de origen, el Revolucionario Institucional, y uno de los que se halla en la tablita por la cercanía que algún tiempo tuvo con Rosario Robles Berlanga, cuando era Secretaria de Desarrollo Social con Enrique Peña Nieto, y quien la ha librado de ser directamente señalado por participar en el escandaloso caso de la estafa maestra, que salía del segundo puesto en importancia del IMSS.

¿Qué habría pasado?, ¿cayó de la gracia del presidente Andrés Manuel López Obrador?, ¿los sabuesos de Alejandro Gertz Manero en la Fiscalía General de la República o de Santiago Nieto en la Unidad de Inteligencia Financiera le habrían encontrado el sospechado rastro de Javier en las maniobras para el desvío de fondos del gobierno federal a empresas fantasma, utilizando los huecos que la ley de adquisiciones permite a las universidades públicas?

No, al rato ya nos tranquilizaron, ¿Quiénes?, pues los personeros y bienquerientes que tiene Javier Guerrero en los medios de comunicación en el estado de Coahuila, quienes le ven, o más bien, quienes quisieran verle madera de gobernador del estado, posición que por lo demás, él ha codiciado desde siempre, sin importar los brincos político partidistas que haya que tenido que dar en la vida, para mantenerse vigente. Las versiones locales parecían producto de un boletín, de esos que se elaboran con todo cuidado, de manera de hacer aparecer como un gran triunfo, lo que es exactamente lo contrario, y que por lo mismo resultan bastante complicados de interpretar debidamente, sobre todo cuando hablan de algo tan nebuloso como lo puede llegar a ser la burocracia del gobierno federal, en particular la de un organismo desconcentrado como el IMSS.

No, nos tranquilizaron, no se trató de ninguna manera, pero ¿cómo se les puede ocurrir?, de un desprecio para quien es el coahuilense mejor colocado en la estructura de poder de la cuarta transformación. Al contrario, buscando aprovechar su impresionante experiencia administrativa, política, financiera y quién sabe cuántas cualidades más, por acuerdo del ciudadano presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, Javier Guerrero dejaba la secretaría general del Instituto para hacerse cargo de la Dirección de Vinculación Institucional y Evaluación de Delegaciones…

Ojo, no es que Javier sea ahora jefe de delegados, estos siguen dependiendo para todos los efectos, del Director General del IMSS, para más señas, Zoé Robledo, pero como es la burocracia mexicana y como entre gitanos se conocen las buenas y malas fortunas, desde el año 2013 o por allá se decidió que existiera alguien que les tuviera el ojo puesto a las delegaciones, aunque no necesariamente a los delegados, pero esa es otra historia.

Los personeros de Javier consideraron importante destacar el hecho de que se trató de un “movimiento lateral” en la estructura del IMSS, eso es un tanto relativo, habría que darle una interpretación bastante, pero bastante democrática a la cuestión, que como sabemos, no existe en el republicano imperio mexicano.

Tan sencillo como lo que se puede observar en el Manual de Organización del IMSS, específicamente en el numeral 8 que habla de las funciones sustantivas. Allí queda bien claro que, como debe ser, el capítulo 8.1 corresponde a la Dirección General, y siguiendo la lógica burocrática, el 8.1.1 toca a la secretaría general, cargo que hasta la semana pasada tenía Javier Guerrero, quien gracias a la gentileza presidencial, ahora ocupa la ya citada Dirección de Vinculación Institucional y Evaluación de Delegaciones, que tiene el número 8.1.9, o sea, ocho posiciones más para abajo de donde estaba a finales de febrero, y nomás para hurgar en la herida que dicen que no existe, después de la cual, solo quedan dos posiciones de primer nivel, y de allí en adelante todo es de bajada.

Que tampoco vamos a decir que la Dirección de Vinculación Institucional y Evaluación de Delegaciones sea una posición menor, no, pero es más de talacha, menos visible y con menos movilidad política que la secretaría general. Es un despacho importante, del que el  Acuerdo ACDO.IN2.HCT.270520/154.P.DA, dictado por el H. Consejo Técnico en la sesión ordinaria celebrada el 27 de mayo de 2020, así como el Informe de los Servicios Personales en el IMSS 2019 señala que tiene el 0.1% del personal del IMSS adscrito por dirección normativa, sea eso lo que sea, alrededor de 500 plazas. Pero nada que ver con otras direcciones, como la de administración, que tiene el 4.5% del personal, o la de Finanzas, que tiene el 0.6% y ante las que todos en el seguro se cuadran.

La verdad es que nos pusimos a hurgar en el cieno de la burocracia gubernamental porque no nos gusta que nos jueguen el dedo en la boca, lo de Javier Guerrero puede ser entendido por quien así lo quiera ver, como un ajuste en el funcionamiento de la alta jerarquía de la dependencia, eso no se lo cree nadie. También puede ser lo que se dijo, aprovechar su bla bla bla, eso no le importa a nadie. Lo que más nos parece es que se trata de un mensaje para el político sampetrino, de que sus andadas políticas no estaban cayendo precisamente bien en ciertos círculos de poder, y que si bien no se llegó al extremo de mandarlo por un tubo o enfriarlo metiéndolo en un ultracongelador a cuidar las vacunas de Pfizer, sí le están diciendo que deje de moverse.

Si alguien pensaba que este movimiento “lateral”, en el IMSS era un espaldarazo para que Javier continuara con más holgura sus pretensiones de dominar la escena política coahuilense con vistas a la sucesión en la gubernatura en el año 2023, el mensaje parece ser el contrario.

Desde Palacio Nacional traen frío al superdelegado Reyes Flores Hurtado, tampoco ven con particulares buenos ojos las gracejadas y desplantes congaleros de Armando Guadiana Tijerina, y ahora le plantan tremendo estate quieto a Javier Guerrero, para que a todos les quede claro que no hay nada para nadie.

Ustedes disculparán el aburrimiento con este arrastrarnos por los organigramas y manuales de organización, pero a veces es necesario para poner las cosas en perspectiva.

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