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El viejo del sombrerón… ni es de Saltillo

BAILE Y COCHINO

Por Horacio Cárdenas.-

Por mucho que los políticos, los de todos los partidos, cuando tienen el poder y más cuando lo andan buscando, deben guardar un principio de hierro: respetar a los electores, respetar a los gobernados o a sus futuros gobernados. Contravenir este principio, por lo demás estrictamente humano, de convivencia, y el único que genera reciprocidad de parte de los que están del lado de los que otorgan el voto, en vez de los que piden el voto, es exponerse, exponerse a lo que sea, comenzando por perder una elección, perder el poder, y perderlo todo.

Que sí, nos imaginamos que en todos lados, pero sobre todo en México, ha habido y sigue habiendo políticos que se burlan de la población, pero allí donde ve al criticable sistema electoral mexicano, está diseñado en función de los gobernados, no de los aspirantes a gobernantes, y esto no es solo por respeto, que sería una actitud de primer orden a la cual los grillos a la mexicana no son particularmente afectos, sino por miedo.

En efecto, el mismísimo presidente Andrés Manuel López Obrador se refería en campaña y ya como presidente, a no despertar al tigre, refiriéndose al pueblo mexicano, supuestamente dormido, y al que ofendería mucho que lo engañaran en los procesos electorales. La parábola no está del todo pulida, primero porque a los tigres, felinos y demás animales, les viene guango un proceso electoral distinto del de la demostración de fuerza, y eso de que el tigre se levante con ganas de hacer garras a los que se portan mal en vez de a los que van a lloriquearle, no tiene mayor lógica, pero bueno, mucha gente se fue con la finta. Es más o menos lo mismo de la amenaza que desde hace mucho algún politólogo hizo de que debería evitarse a toda costa despertar al México bronco, que igual, en un país que ha sido descrito como estado fallido, del que se dice que una tercera parte está en manos del narcotráfico y el crimen organizado, del que decía Jacobo Zabludovsky que vivía en una guerra civil no declarada, lo de andarle jalando la cola al bronco, es pura retórica vacía, la gente tiene mil cosas por las cuales enfurecerse, que le impongan un candidato o le impongan un gobernante robándose los procesos de selección o elección, es solo una de tantas.
Pero bueno, en campañas electorales estamos, y Saltillo tiene entre su abanico de candidatos a un personaje que como siempre, a algunos les cae bien y les hace gracia, a otros muchos les resulta indiferente, y habrá un sector al que le cae en los purititos hígados de pollo, y son quienes lo consideran una persona que excede lo que se le permite a un político, para caer en lo que es un agitador, e independientemente de esto, alguien que se burla de la población con muchas de sus actitudes.

Nos estamos refiriendo a Santana Armando Guadiana Tijerina, quien a sus 75 años de edad, decidió que el siguiente paso en su carrera personal, profesional y política, es contender y por supuesto, hacerse de la presidencia municipal de Saltillo. ¿Por qué Saltillo?, para comenzar Guadiana no es oriundo de la capital de Coahuila, y sin querer caer en el regionalismo puritano de los locales que lo califican de no ser “saltillense de toda la vida”, nos imaginamos que millonario como es, no le debe representar ningún problema tener una o una docena de casas en Saltillo con lo que acreditar la residencia, tampoco es ningún improvisado, muy probablemente también tiene credencial de elector en un distrito capitalino, con lo que el trámite está más que cubierto, pero ¿qué de saltillero tiene Guadiana?, bueno, sí fue presidente, copropietario pues, del club Saraperos de Saltillo, pero esos son negocios, no que comparta intereses, inquietudes, problemas, expectativas, con el resto de la población que ahora pretende gobernar.

Las primeras fotografías de la campaña de Armando Guadiana por la presidencia municipal lo retratan de cuerpo entero: en una aparece cargando a un menor, parece una niña, quien en estricto cumplimiento de la ley y con apego a los cuidados que seguramente le prodiga su familia, porta un cubrebocas, ¿Guadiana?, Guadiana no. ¿La botarga de Guadiana que también aparece en la foto?, tampoco. Está bien, es entendible que lo que quiere el candidato es que lo conozcan, como si una de las encuestas publicadas no lo diera como el contendiente más identificable de todos los que andan cazando el voto, pero se le conoce por el eterno traje corte vaquero, la corbata, la guaripa, el ojo medio caido, y seguramente el bigotote que asomaría hasta por los cubrebocas de talla más grande. No, Guadiana no se planta esta que es la más elemental medida de autoprotección y de, ahora sí que de respeto, preocupación y cuidado por los demás.

A lo mejor es por seguir los pasos de su líder Andrés Manuel López Obrador, que solo se planta el barbijo para entrar en la casa blanca o para subirse a un avión, porque si no lo bajan, pero para eso Guadiana tiene avión privado, para no tener que despeinarse el mostacho con el cubrebocas famoso. Este solo hecho delata que de llegar a gobernar Saltillo, Guadiana haría caso omiso de cuanto ordenamiento, reglamento, decreto o ley que contraviniera su santa voluntad. Pero repetimos, no es solo la cosa legal, sino el hecho de transmitir el mensaje de interés humano por la salud y bienestar de sus potenciales electores y sus familiares, el caso de la niña cargada.

Regresando a AMLO, Guadiana dijo hace meses haber estado infectado de COVID 19, a lo mejor como el presidente va a salir con que el tiene anticuerpos, o que los médicos no le exigen usar el incómodo trapo.

Esa es una ¿y qué decir de su visita a algunas colonias populares el domingo de inicio de campaña, a bordo de una camioneta mercedes benz, la “top of the line”? hace años hubo un incidente en Monclova, Rogelio Montemayor que ya no era gobernador, llegó y Alonso Ancira le prestó una camioneta blindada igualita a la que ahora ostenta Guadiana, claro que en un modelo de aquellos años, entre el vehículo y el blindaje costaba más de 400 mil dólares, lo que dijo Rogelio es que fue la que le prestaron, y punto. Bueno, pues ahora el candidato morenista por Saltillo usa una que sí, seguramente es cómoda, comodísima, es segura, muy probablemente no se quede atorada en ningún camino ni brecha, pero… como que no es el transporte ideal para buscar el voto en colonias donde lo que privan son carros chocolate o trocas a punto de chatarra. Cosas de sensibilidad, o a lo mejor es con toda la intención de decir: no somos iguales, sí voten por mí, pero manténganse detrás de la raya.

¿Qué más?, bueno, su enorme propuesta de promover un tren ligero entre Ramos Arizpe, Saltillo y Derramadero, proyecto nada novedoso, y que sí el quisiera, podría financiarlo tranquilamente de su bolsillo, algo que no hace porque no es negocio, ¿quiere emboletar a Saltillo en un proyecto de infraestructura que no es económicamente viable?, menudo favor. Allí la tiene, una viñeta a vuelapluma de lo que es Armando Guadiana, el más folclórico y simpático de los aspirantes a gobernar Saltillo, nomás acuérdese de que ya en el poder, los chistes y las gracejadas como que ya no hacen reír igual.

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