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Quien mal anda, mal acaba

NOTICIAS DIVERSAS

Por: Héctor Barragán.-

Es el consuelo de los pacifistas, de los inclinados al perdón contra quienes afectan negativamente a sus prójimos en sus personas o patrimonios, a su integridad o tranquilidad, pero generalmente lo pregonan personas que no han sufrido ningún daño, careciendo por lo tanto de motivación o rencor contra alguien.

De manera tal que favorecen, sin pensarlo, a los malhechores, delincuentes, abusivos y en general propiciando que haya reincidencia en perjuicio de otros integrantes de la sociedad a que pertenecen.

Por lo regular quien actúa mal recibe el castigo, en tantas ocasiones, desde no se imagina y por ello mismo, no servirá de ejemplo para mejorar la conducta general, es decir, para evitar que la delincuencia prolifere.

La sociedad ha determinado, para su propia supervivencia y desarrollo, que una parte de sí misma sea gobierno y una porción de éste maneje la fuerza, la autoridad, el castigo para quienes contravengan las conductas que perjudiquen a los integrantes de la sociedad. – Para el efecto emite leyes, disposiciones de prohibiciones, limitaciones y derechos, al tiempo que sanciones, castigos, para evitar la repetición de los crímenes, Pero, al menos en México, las leyes resultan sumamente complicadas y rebuscadas, como para ser entendidas por todos, inclusive por los encargados de hacerlas respetar; como ejemplo sencillo está el homicidio, que se desglosa por género, cuando sencillamente debe tratar se cómo algo general; si es contra un hombre, una mujer o un niño, pero debe ser uno solo, dividido solamente por sus agravantes, si hay cobardía, ventaja, traición y cosas por el estilo, como cuando el finado es mujer o niño es decir debilidad y por el lado del infractor, cobardía la sanción debe ser muy severa. Los atenuantes entonces serían solamente cuando no existieran agravantes. La persecución de infractores y delincuentes sería relativamente más fácil y no se diga la aplicación de los castigos.

Otro ejemplo, en las marchas o manifestaciones, cuando sean pacíficas y se tenga fundamento suficiente, la tolerancia será total, no así para los elementos armados, los que oculten su apariencia, los agresores y quienes dañen las propiedades ajenas o causen cualquier perjuicio a la sociedad o intereses particulares. Si no son segregados y castigados, seguirán causando molestias y daños a su entorno, porque no es posible seguir soportando a estos delincuentes que impiden el diálogo de la sociedad con su gobierno ni el planteamiento correcto de los problemas ante las autoridades competentes.

Las manifestaciones serán autorizadas previa solicitud, fundamentada y solamente a quienes tengan que expresar el problema y ante la dependencia debidamente facultada para atender y resolverlo.

Por supuesto que no se permitirá suspender el tránsito en carreteras, vías férreas y calles, porque las manifestaciones deberán limitarse en su número conforme a las afectaciones reales que puedan argumentar.

La debida presión ante las dependencias responsables restringirá el número de manifestantes, pero obligará a los integrantes de la dependencia o institución a solucionar toda petición, fundada en derecho a una solución pronta e igualmente sustentada en derecho, porque se han presentado miles de personas a presionar soluciones ante el Presidente Nacional o Secretaría de Gobernación, que compete a autoridades judiciales u organismos agrarios y tantos más. Son pérdidas de tiempo para demasiadas personas y enredos entre autoridades y personal que no atiende lo suyo a tiempo.

Se acabaría la negligencia e incompetencia de unidades del gobierno, que resultan sumamente caras en su operación y prácticamente nulas en su operación.

Es interesante saber que en las manifestaciones multitudinarias la mayoría de integrantes ignora el objetivo de la marcha, paro, o que muchos de los concurrentes tienen ideas diferentes, mismos que no son planteados por supuesto o no corresponden al evento.

De manera que también es frecuente que algunos aprovechen la ocasión para hacer desorden, volverse importantes para sus fines particulares y hagan perder el tiempo a muchos.

Es patente que el dejar pasar los desmanes los multiplica y los daños materiales quedan sin compensación posible, si que decir que los daños indirectos a la sociedad y las empresas, generalmente no solo quedan sin cuantificar sino tampoco sin ser evaluados y esto no corresponde a una sociedad empobrecida por falta de organización y trabajo…
De manera tal que los promotores de marchas, estudiantes, obreros, empleados, mujeres, quedarán impunes, hasta que la autoridad haga un registro adecuado de los instigadores y los mal portados y los segregue debidamente.
Cabe señalar que en esos contingentes hay siempre elementos bien intencionados y con capacidad suficiente para ser muy útiles de ser canalizados en forma debida, muchas veces para resolver los problemas que pretenden resolver con sus manifestaciones. Habrá que seleccionarlos también y otorgarles la responsabilidad que podrán atender.

Entre los millares de asistentes a las marchas, que obviamente disponen de tiempo e imaginación, tiene que haber la capacidad e inspiración necesarias para aportar programas razonables de enseñanza a la sociedad, para desterrar las actitudes vandálicas de manifestantes, pandilleros y estudiantes», los comportamientos asesinos y cobardes de tanto integrante de la sociedad a todo lo ancho y largo de la República contra las mujeres y los niños, los comportamientos degenerados contra esa parte de la propia sociedad, femenina e infantil, motivo de vergüenza para la humanidad entera.

Porque en esos nutridos grupos hay buena fe, sentimientos humanitarios y patriotismo, ocultos en los agresivos desfiles tan frecuentes y tan inútiles que se registran en las principales ciudades del país.

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