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El ‘México biométrico’ pinta para un fracaso más de la 4t

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

Boogie “El Aceitoso”, célebre caricatura de El Negro Fontanarrosa, decía que todos los chinos eran iguales, y partiendo de ese planteamiento racista, pasaba a la reflexión ¿cómo harán los papás de los niños chinos para saber cuáles son sus hijos, si además todos los niños se parecen? Bueno, pues a lo mejor por eso es que China ha avanzado tanto en el desarrollo de tecnologías de reconocimiento facial… de los ciudadanos chinos.

A la hora que en Coahuila se discutía la conveniencia o no de que el gobierno del estado adquiriera un complejo sistema de reconocimiento facial como complemento de las cámaras de seguridad que se instalarían en distintos puntos de los municipios más conflictivos de la entidad, hubo quienes se opusieron, que incluso se ampararon y llevaron su caso a las más altas instancias federales, diciendo que de lo que se trataba era de controlar a la población, limitar la movilidad y en síntesis, un atentado a los derechos humanos de las personas, siempre deseosas de hacer lo que les venga en gana, sin que nadie sepa que lo están haciendo, claro.

Cuando estaba más fuerte la discusión fue que salieron algunos artículos en la prensa internacional, en los que se criticaba acremente la efectividad de los sistemas de reconocimiento facial. Uno que recordamos citaba la cantidad enorme de errores que se registraban en Ecuador, donde el gobierno recién los había adquirido e instalado, pues como el software de reconocimiento era chino, venía de cajón con las cámaras, no estaba ajustado a las características raciales de los latinoamericanos, entonces se le iban encima a ciudadanos que podían parecerse a tal o cual delincuente, pero que no era él. Algo parecido ocurrió en Estados Unidos, donde, imagínese, la prestigiosa según ellos, firma Apple, había sido denunciada por falsas acusaciones por parte de un ciudadano afroamericano, pues habían sido varias veces, en distintas ubicaciones, donde lo habían detectado, confundido y arrestado por parecerse a un delincuente que había asaltado una “Apple Store”, y que por estar registrado en la base de datos, automáticamente activaba las alarmas. Allí sí que hubo un escándalo de derechos humanos, que hasta el mentado software hubo que retirar… seguramente de manera temporal.

No sabemos que haya oído usted, pero el caso es que por lo menos acá en Coahuila, el sistema de reconocimiento facial ha estado operando sin complicaciones, o con ninguna que se haya filtrado a la opinión pública. Desde que comenzó a funcionar se han presentado pocos delitos de alto impacto, y aquí hemos dado fe de ello, la mayoría se ha resuelto en un tiempo pasmosamente corto. ¿Quejas?, no hemos escuchado ninguna, a ningún ciudadano se le ha detenido por andar de coscolino, por andar haciendo cosas buenas que parecen malas, a nadie se ha molestado en su persona o su integridad, con lo que una vez más se corrobora aquel principio de que la mejor administración, en este caso pública, es la que no se ve.

Todo esto viene a cuento porque el gobierno de la República se ha sacado de la ancha manga la creación de un Padrón Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil, aprobado la semana pasada por mayoría morenista en el senado de la República. Por supuesto de parte de quienes promovieron la creación del Panaut, todo son ventajas, y de parte de quienes se opusieron, todo son peligros, amagos contra las libertades constitucionales, contra los derechos humanos, y en general contra  nuestra forma de ser tan anárquica de los mexicanos, a quienes cualquier propuesta de la autoridad nos da urticaria.

Que sí, se roban un montonal de teléfonos celulares que luego son puestos a la venta en negocios informales, que sí, ocurren un demonial de intentos de extorsión, y no pocos se logran, utilizando teléfonos celulares robados, que sí, los teléfonos ofrecen la posibilidad de ubicar a una persona secuestrada o perdida, rescatar y salvar su vida,  eso es la justificación para contar con el registro, pero del otro lado… es serio el temor de que las autoridades quieran utilizar la ubicación de una persona, sus desplazamientos, su movilidad, para establecer una especie de estado policiaco. Y entre ambas posiciones, está lo que ahora dice la ley, que el tal registro debe existir porque así lo propuso el gobierno federal al poder legislativo y este obedientemente lo aprobó sin cambiarle ni una coma.

Ahora, hasta aquí nos estamos moviendo entre el deber ser y el ser… todavía falta llevar eso a la realidad, y allí es donde las cosas se comienzan a complicar. Así como el pueblo mexicano es reacio a registrarse… hasta para sacar la credencial del INE, que solo convencieron a muchísimos de que la obtuvieran porque “sirve para cobrar cheques y hacer trámites bancarios”, que si no fuera por eso, la gente no la sacaría, en parte por desconfianza y desinterés del sistema democrático mexicano, y en parte porque no tengan sus datos, fotografía, huellas, iris, y demás. Si no nos cree esta aseveración, nomás pregunta al INE ¿Cuánta gente tiene credencial para votar y nunca la ha utilizado o la usa esporádicamente para sufragar?, seguro encontrará un diferencial importante, solo explicable porque la tienen para lo que sea, menos para votar.

Ahora que, estamos hablando del único sistema de registro poblacional que más o menos funciona en México, porque los demás dejan demasiado que desear. Ni siquiera la CURP, la Cédula Única del Registro Nacional de Población, no pasa de ser un papelito  que no está asociado a la persona, de la que no tienen foto, adn, tipo de sangre, descripción física, nada. Como sabemos o como sospechamos, hasta un 10% de la población del país anda por el mundo sin un acta de nacimiento, tan sencillo como que nació y por lo que sea, no lo llevaron a registrar, 10% no es poco, y no se ha logrado corregir, lo mismo pasa con las defunciones, con las desapariciones, donde cada quien trae sus propios datos, sospechosamente distintos.

Las veces que se intentó en el pasado registrar la propiedad de los teléfonos celulares, fue un rotundo fracaso, la vez que se intentó crear un Registro Nacional de Automóviles, negocio entregado a Carlos Ahumada, aquel de Rosario Robles, también fue un tiradero de dinero que no redundó en nada concreto, ni a los talones le llegó al temible Registro Federal de Automóviles que sexenios antes desaparecieron por corrupto, nomás imagínese.

Ahora que, el sistema de cámaras de seguridad instalado en Coahuila costó, si no recordamos mal, cosa de 168 millones de pesos, caro sí, pero tomemos el dato como referencia. Para iniciar con el Penaut se calcula un gasto inicial de entre 700 y mil millones de pesos… que se nos hace mucho dinero en bulto, pero poco para lo que se pretende, pero… ni el gobierno federal ni el senado ni nadie consideró que debía presupuestarse dentro del gasto del Instituto Federal de Telecomunicaciones, así que el mentado registro biométrico comenzará con un presupuesto de cero pesos, ya se verá el año siguiente si el Congreso le asigna lo que se necesite.

Así de entrada, pinta para un fracaso más, pero bueno, están empeñados en eso con la intención soterrada de tenernos controlados, pues así, sin dinero, no les va a funcionar.

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