La Carbonífera… ¿tabla de salvación del país?

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

De grado o por fuerza, interesados o abúlicos, la mayor parte de los coahuilenses hemos seguido esta, la última, la enésima crisis de la Región Carbonífera y por extensión, de la industria de la minería del carbón, enfermizamente interdependientes la una de la otra, al grado de que más de un académico pesimista ha pronosticado que sin la minería, la región se muere.

Los medios de comunicación han, hemos dado seguimiento a un tema crítico para el presente y futuro de Coahuila, como lo ha sido en el pasado, por el interés que despierta en la gente un asunto que tarde o temprano nos puede afectar. Tan sencillo como que, siendo Coahuila un estado grande en territorio pero pequeño en población, todos conocemos a alguien de Múzquiz, de Rosita, de Piedras Negras, y aunque no conozcamos a ningún minero en activo, no dejamos de reconocer la minería del carbón como parte de la historia y la vida del estado.

A que más que la verdad, el carbón ha sido una maldita bendición,  como lo dijera  López Velarde del petróleo. Pocos empresarios se han hecho multimillonarios extrayendo y vendiendo carbón, familias enteras de mineros han hecho una forma de vida de entrar a la tierra para sacar el mineral. Muchísimos han dejado su salud y no pocos la vida. Al paso de las décadas, ha habido épocas buenas  y épocas malas, pero sin exagerar demasiado, estos años se han convertido en el peor momento de la región y la industria.

Como si México fuera un país ecologista a ultranza, poco a poco el gobierno fue migrando su preferencia por este, que sigue siendo el energético más barato de obtener y procesar, a otros más caros… o aún algunos que son más caros, y de los cuales no se puede decir que el país tenga un abastecimiento ni garantizado, ni continuo, y ni siquiera nacional, siendo este factor determinante, caso concreto el gas natural.

Habiendo carbón en Coahuila para 200 años mínimo, habiéndolo para incrementar exponencialmente la extracción de mineral y la quema para generación, no, le han apostado al gas, que México tiene que importar, porque en una actitud políticamente irracional, pero conveniente para algunos tomadores de decisiones, jamás se desarrolló la indispensable infraestructura de almacenamiento, transporte y distribución del gas asociado al crudo que se extraía de los yacimientos que en su momento parecieron inagotables.

Si las cosas venían mal desde el sexenio pasado, en este han empeorado fuera de toda proporción. Todavía Felipe Calderón tuvo en alguno de sus extraños momentos de lucidez, la idea de construir no una, hasta cinco plantas geotérmicas para aprovechar el carbón al máximo, aquello quedó en nada por las razones que quiera.

Ah pero aquel que prometió seguridad a la minería del carbón mediante una política de compra del mineral con un sentido social, ha sido el que peor se ha portado con empresarios, mineros  y la sociedad coahuilense en general.

Primero las compras las ha restringido a su mínima expresión, hoy la operación de las geotérmicas de Nava es casi simbólica, nada más por decir que siguen operando. Por si esto fuera poco, ha llevado la corrupción en la asignación de contratos a niveles de escándalo, entregándolos a empresarios políticamente afines pero sin capacidad para cumplirlos. Con ello se ha distorsionado el mercado, que de por sí siempre estuvo plagado de prácticas criticables.

Y la cereza del pastel, la CFE fijó precios para la compra del carbón apenas por encima de los costos de extracción, con lo que una industria que nunca fue particularmente apegada a los avances tecnológicos está en punto de chatarra.

Pero… con todo lo que hemos comentado que vaticina la extinción de esta actividad económica, también las condiciones del mercado energético están volviendo a jugar a favor del carbón y los carboneros. Un atisbo lo tuvimos durante el invierno, cuando por problemas en el suministro de gas natural de los proveedores del estado de Texas a las plantas generadoras de la Comisión Federal de electricidad, se sucedieron terribles apagones en varias regiones del país a costos millonarios para las empresas, para la economía nacional, mismos de los que no nos hemos recuperado y solo alguien tan ciego como el presidente López Obrador puede decir que son exageraciones de los empresarios, que las pérdidas no son tales.

Bueno, pues de aquel aviso la autoridad ha hecho caso omiso, como también de las señales urgentes que han estado mandando especialistas y analistas del sector energético. Dicho con todas sus letras, este verano que se anticipa candente se incrementará la demanda de energía en Texas y estados sureños de los Estados Unidos, siendo el cálculo conservador que no alcanzará la producción para satisfacer la exigencia local… mucho menos el mercado de exportación, o sea nosotros México.

Cuando aquella tormenta invernal el gobernador de Texas firmó un decreto prohibiendo la exportación de gas, duró un par de días que debieron servir de enseñanza de lo que puede ocurrir. Se imagina que en verano hay una nueva prohibición y esta dura un mes…  vayámonos haciendo una idea de lo que pudiera ocurrir: México sumido en el caos.

En este escenario es en el que el carbón de la Carbonífera puede ser la tabla de salvación para la industria y para el país entero. Que a lo mejor a plena capacidad las dos plantas no lograran cubrir el total del faltante de las plantas que queman gas, pero si lograrían paliar la situación de manera razonable.

En fin. Someramente está expuesto aquí el escenario por demás crítico. Habrá que ver si alguien lo considera digno de examen y de ir previendo un futuro cercano que podría rayar en lo catastrófico.

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