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Morena y la venta de candidaturas al mejor postor

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

Hubo un tiempo, por allá lejos, en los años sesenta y setenta del siglo pasado, en que la política mexicana estaba fuertemente imbuida de preceptos ideológicos. Nada que ver con lo que ocurre en la actualidad, en que la política como se hace en este país, es una búsqueda desesperada por el poder, sin parar en ideas, en principios, en categorías axiológicas, ni en general, cualquier producto intelectual que haya ameritado dedicar tiempo a pensar, ni una sólida concepción del mundo, de la vida, del tiempo, que hubieran debido consumir largas horas de estudio, de análisis y de reflexión.

No, los políticos de estos tiempos, sin exagerar ni tantito, son como aquella vieja conseja del burro que tocó la flauta: se acercó el pollino, le sopló por un lado y salió una nota, con lo que aquel se sintió el gran compositor y mejor intérprete.

Antes de aspirar a ser, a llamarse políticos, los de aquellos años idos debían haber pasado por las aulas universitarias, haber sido discípulos de reconocidos maestros e ideólogos, debían haber debatido con sus pares y recibido sus baños de vergüenza de quienes ya tenían camino recorrido.

Y aunque se lo esté imaginando, no estamos hablando exclusivamente de los políticos de izquierda, que debían construirse una trayectoria que incluyera hasta participación en manifestaciones, mítines, huelgas de hambre, y recibido hasta uno que otro catorrazo, además de tener su ficha policiaca y su expediente en la Secretaría de Gobernación.

No, también los de derecha y los de ultraderecha tenían que cumplir con sus ritos de pasaje, que no eran poca cosa, pues en su caso el lavado de cerebro llegaba a extremos luego imposibles de revertir. Aun los políticos de centro, los ligados al sistema, tenían que tener una conducta, no digamos que intachable porque eso no aplica en política, pero sí apegada a los ordenamientos del partido, el que los cumplía podía aspirar a lo que fuera en el escalafón del poder, el que no, se quedaba en alguna posición secundaria, o de plano lo echaban fuera.

Para los izquierdistas de aquella época, hubiera sido absolutamente impensable una alianza con el centro y ni siquiera ofenderlos con interactuar o que los vieran platicando con alguien de derecha. Por su parte para estos, acercarse a la izquierda era como pasar del purgatorio a los fuegos del infierno, y el mero escuchar un incendiario discurso de los socialistas y aspirantes a comunistas tenían que lavarlo con litros y más litros de agua bendita, rezos y flagelaciones.

Diga lo que quiera, pero aquel que nos tocó vivir, aunque fuera de pasada y como observadores forzados, era un mundo ordenado. Las categorías políticas, ideológicas y de todo tipo estaban perfectamente definidas, y la única manera que había de acceder a ciertos círculos, era desde abajo.

 ¿Hoy?, las diferencias se han desdibujado, los límites de han borrado, las inconsistencias no le importan a nadie, y lo que importa es a ver a quien se le ocurre el mejor medio y método para hacerse de una fracción, mientras más grande, mejor, de poder, del poder que da una posición en el sistema político, y todo lo que conlleva en prebendas económicas, de influencia social y demás cosas que ni se nos ocurren, pero a ellos tenga por seguro que sí.

Nunca pensamos que pudiera darse una coalición entre el PAN, el PRD y el PRI. El PAN navegó solo durante décadas, si acaso tuvo algunos acercamientos, fue con organizaciones políticas todavía más recalcitrantes que él mismo, se reconocían y se declaraban enemigos de “el sistema”, el PRD fue una escisión del Revolucionario Institucional, con lo que unos y otros no querrían tener nada que ver, y mírelos nomás, demostrando que, más que capacidad para limar sus diferencias, tienen un hambre de poder tan desesperada, que son capaces de cualquier sacrificio.

Del otro lado ocurrió algo parecido, MORENA para obtener el poder absoluto estaba dispuesto a sumar a quien fuera y como fuera, además de que acudió a partidos que solos tienen poco peso, pero que ya en coalición, abultan más, así se agenció a los satélites que son el Partido del Trabajo, el Verde, el PES que muere y resucita casi bíblicamente, y si a esas vamos, con la mezcolanza que hay de membretes, que no de ideologías, ya no sabe uno bien a bien cual grupo político es más de derecha o cual más de izquierda, pues ambos tienen elementos de todo el espectro, siendo lo más raro de todo que las fisuras son pocas, lo que encuentra explicación en que la ambición es demasiada.

Si se fija, hasta el momento no hemos tocado un punto clave, que es el de la pertenencia de los políticos y sus seguidores a alguna de las clases sociales que se identifican en la sociedad mexicana. Desde luego que la pista para cualquier interpretación, debe pasar por aquel precepto ideológico que trasciende a los partidos, del profesor Carlos Hank González, de que: un político pobre hace un pobre político.

 Por lo general, las personas que andan en la política son gente con cierta capacidad económica. Tan sencillo como que si tuvieran que llevar el sustento a su casa, no les sobraría el tiempo para andar de grillos. Sí, los llega a haber que comienzan en las lides partidistas con el estómago vacío, pero en ellas comienzan a aprender los gajes, en cómo obtener una beca, una plaza, que lo inscriban en una lista, que le toquen los apoyos, y así sí, poder dedicarse en cuerpo y alma a  servir al partido y a la política, que tanto les promete.

Si por algo se caracterizó MORENA desde su nacimiento, hasta eso no hace demasiado tiempo, fue por la creación de un modelo de negocios en el que el dinero no fuera ni un problema, ni un obstáculo, y declaradamente, tampoco un objetivo para quienes andan en la punta de la ola morenista.

Cuando vieron que efectivamente tenían posibilidades de ganar, MORENA recurrió al antiguo expediente de la compraventa de candidaturas, o más puntualmente, a que a quien se designara candidato no anduviera fregando con que se le diera dinero para la campaña.

Ante esta condicionante no es difícil ver que funcionarios, senadores, diputados, gobernadores de MORENA son prósperos empresarios, servidores públicos o jubilados de alto nivel económico, a quienes su republicano salario por debajo de lo que gana el presidente, no representa ningún problema para la satisfacción de sus necesidades económicas. 

Acá en Coahuila las dos candidaturas a las senadurías que se rifaron en el 2018 se adjudicaron sin concurso público a prominentes empresarios, uno de la Carbonífera, y la otra de Monclova. Si querían ganar, que le entraran con su cuerno, que ya la 4T les resarciría sus gastos, o a lo mejor no, pero por lo menos los encumbró.

Luego este esquema se quiso repetir en la elección pasada, mercando candidaturas a alcaldías, sindicaturas y regidurías, y sí, se colocaron algunas, pero muchas otras no pegaron, y es que no había garantía ninguna de que la gente votara por ellos, no importa cuando dinero hubieran entregado, de todos modos había que hacer campaña, convencer a los electores, y allí si que ¿con qué?

En la propuesta morenista de la elección pasada lo que vimos fue una melcocha de políticos, sin ideología. Gente que había sido panista que se volvió de izquierda, gente que era de centro, que se vendió o se regaló a la izquierda, gente que se quiso ir y luego se arrepintió, y entre ellos dos constantes: mucho dinero, para los estándares de la clase baja y aun la clase media que decidieron los triunfos, y un desapego absoluto a la ideología, pues fuera de repetir como merolicos los postulados del gran tlatoani de la 4T, Andrés Manuel López Obrador, nada traían en el buche. De poco o de nada sirve añorar los tiempos idos, cuando los partidos y las ideologías estaban definidas, pero se extraña, este cochinero de rollos políticos, sin nada de ideas atrás, nos tiene de lo más decepcionados, y lamentablement

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