BAILE Y COCHINO

Por Horacio Cárdenas.-
Hay muchas maneras de matar los piojos, dice el refrán popular, pero cuando el piojo que hay que enviar a un mundo donde al menos no nos esté ladillando a nosotros tiene que ver con problemas en los que tiene que ver la autoridad, podemos reconocer dos maneras básicas: la primera es por supuesto, la de seguir los canales conducentes, por más que uno sospeche que lo han puesto allí más para que estorben que para que las cosas funcionen realmente mejor, y la otra ¿para qué andarse perdiendo el tiempo con subordinados?, mejor nos vamos directo a la cabeza, así por lo menos nos ahorramos meses, años o décadas, nos quitamos de esperanzas falsas, y en un descuido, agarrando torcido al mandamás, capaz que nos da la solución que andábamos buscando.
Esto tiene que ver con uno de los asuntos sociales y económicos más complicados en el panorama actual del estado de Coahuila, que aunque uno quiera verlo calmado, nomás raspándole un poquito nos enteramos que en Piedras Negras tienen serios problemas con los migrantes deportados de los Estados Unidos, en la Carbonífera no se vende suficiente carbón para levantar la economía y la 4T ha propiciado la existencia de un cartel todavía peor que los que pretendió quitar, en la región centro continúa la incertidumbre respecto al futuro de Altos Hornos, y así por el estilo, nada de un Coahuila donde no pasa nada, pero en este caso concreto nos estamos refiriendo al conflicto que se vive en el municipio de Parras de la Fuente, con motivo del aprovechamiento del agua por parte de quienes aducen que tienen derecho a ella, y documentación suficiente para probarlo, un conflicto que amenaza con quebrantar la paz bucólica de un municipio que suele ser visto como de belleza idílica y un sitio ideal para vacacionar, aunque no tanto, y cada menos, agradable para vivir en él.
Luego de la última marcha ocurrida el fin de semana pasado en la cabecera municipal, en la que participaron principal, aunque no exclusivamente ejidatarios afectados por las medidas que ha venido tomando la empresa Casa Madero para hacer rendir más un volumen de líquido que se va haciendo cada vez más escaso, los ciudadanos del otrora pueblo mágico lanzaron un llamado al presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, para que tenga a bien intervenir para que el conflicto no pase a mayores, como ya algunos observadores comienzan a ver como algo bastante posible.
¿Por qué pedir la intervención del presidente López Obrador en un asunto que, por lo alejado que percibimos siempre al pueblo y municipio de Parras de la Fuente, siempre se ha desestimado como algo meramente local?, pues muy sencillo, porque en este país de centralización casi socialista, o sin el casi, de las cosas, la mismísima constitución general de la República señala que el estado mexicano es el propietario de las aguas y demás riquezas del subsuelo, entonces por más que las autoridades estatales quisieran intervenir en la desactivación del conflicto, esto no resulta sencillo, toda vez que es de competencia federal.
Que de por sí la Comisión Nacional del Agua, la entidad responsable dentro de la estructura burocrática del gobierno federal, en los sexenios priístas y panistas, corruptos y neoliberales como les gusta llamarles a los chairos de la cuarta transformación, poco hicieron para prevenir que el conflicto se agravara, ahora en que la dependencia se ha desmantelado para quitar a burócratas ineficientes, corruptos, que favorecían a los empresarios por sobre los intereses del pueblo bueno y sabio, de plano no hay nadie como representante de la administración pública federal a quien los interesados puedan dirigirse para exponer lo que en su derecho corresponde, están francamente desesperados. Aquí un aparte, sí hay un superdelegado omnipotente y plenipotenciario que representa al gobierno de la República ante la población y ante las instancias gubernamentales estatales, pero como es el hombre encargado de todo, la verdad es que Reyes Flores Hurtado se ha interesado poco del conflicto de Parras, como no sea para llevar agua, figurativamente esperamos, a su molino.
Ante la falta de presencia de quienes tienen a su cargo la observación de la ley, y ante la falta de competencia de otros que sí pudieran querer desactivar una bomba que amenaza con explotar, los ejidatarios, gente de pueblo como le gusta al presidente, acuden ya sin intermediarios a su persona, en espera de que Andrés Manuel López Obrador haga suya la causa de los parrenses a los que Casa Madero está dejando prácticamente sin el insumo indispensable para continuar haciendo producir sus parcelas, que quede claro, están sembradas de cultivos de alto valor agregado, no son milpas de maíz, pero por lo mismo, el trabajo y el dinero que han invertido por décadas, por generaciones, está en riesgo de convertirse en polvo, si las nogaleras y los viñedos se llegan a secar por falta del riego indispensable ya no solo para producir, sino para que los árboles sobrevivan.
Está bien, eso que dicen de que el que no conoce a dios a cualquier barbón se le hinca, en este caso los ejidatarios llevan su caso al mismísimo presidente, alguien que desde que anduvo en su larguísima campaña por la presidencia del país, conoció de primera mano los problemas de cada región de la geografía nacional, entre ellos por supuesto el de Parras. Pero una cosa es andar preguntando ¿qué les duele?, y otra tener que entrarle a la solución de los conflictos de los que está enterado desde hace más de una década. Ahora no quedará más que ver la simpatía que el mandatario muestra con este núcleo de población tan localizado.
Desde nuestro punto de vista las perspectivas no son precisamente halagüeñas, líneas arriba hablábamos de los pendientes que el gobierno federal tiene con Coahuila y los coahuilenses, y no es por establecer órdenes de prelación o de importancia, pero allí tiene a los profesores y trabajadores de la educación agrupados en una coalición, en su propia mano entregaron al presidente el expediente de las raterías que tienen a las clínicas del magisterio convertidas en un matadero sin que de palacio nacional ni en una mañanera hayan merecido ni una mención de pasadita; está también los que protestan por la contaminación de los CIMARIs, a los que tampoco nadie pela ni fuma, está la Familia Pasta de Conchos, a quienes el mandatario prometió un memorial, indemnizaciones y el rescate, mismo que ni siquiera ha comenzado… sería como sacarse la lotería que el presidente de la República hiciera de los ejidatarios de Parras una bandera para poner a los ricos, oligarcas, conservadores, vinateros, en su sitio.
Pero bueno, desde el semidesierto está hecho el llamado, ojalá no se pierda en el camino de aquí a la capital, y sobre todo que sirva para que Parras no se convierta en un infierno, que para allá apunta.

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