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Federalismo Fiscal Revivido

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

Bueno pues, la intención era buena, casi que inmejorable. México, que hasta que a algún grillo trasnochado se le ocurrió declarar que la revolución había muerto, vivió en la permanente alegría de sentirse en constante campaña, no campaña, en una gesta heroica que daba para olvidar nuestra pobreza, nuestros problemas y nuestra casi total imposibilidad de remontar una situación que nos dura por generaciones. Pero mientras podamos gritar ¡viva México! Todos felices.

Lo de la alianza federalista era eso, una llamada para que los mexicanos, los que quisieran responder a ella, a renovar el pacto federal, que a juicio de muchos ya, hace agua por todos los costados. Eran 10 estados, con Coahuila al frente, los que se entusiasmaron con la posibilidad de una renovación que ofreciera lo que se supone el existe debió darle a todos los mexicanos y quedó a deber.

A lo mejor fue la típica buena idea en un mal momento. No que anteriores  presidentes hubieran sido más receptivos, menos centralistas, pero el actual mandatario, Andrés Manuel López Obrador se lleva el premio a no querer compartir ni una milésima del poder presidencial. Si todos los presidentes han sido reacios a delegar, el actual la mera idea o sugerencia se lo toma como afrenta personal, ataque de sus adversarios y asonada de sus enemigos. En vez de aprovechar la oportunidad de encabezar un proyecto que se antoja urgente, lo agarro como bronca y se dedicó a torpedearlo.

Finalmente, la alianza federalista se apagó, no por falta de ganas de seguir trabajando, sino porque gobernadores afines fueron concluyendo sus mandatos, y de aquí a que los nuevos decidan si se adhieren o no, el proyecto está en animación suspendida.

Parte central de la alianza federalista era la formulación de un nuevo pacto fiscal, uno que respondiera más al esfuerzo de los sectores público, productivo y social que a las necesidades reales o políticamente ficticias, pero manejada desde el poder central y respondiendo a sus objetivos.

Tanta alharaca armaron los gobernadores federalistas, tanta atención atrajo la posibilidad de que quienes más trabajan más dinero reciban, que el propio presidente de la república accedió a regañadientes a abrir la discusión de más alto nivel, claro con la advertencia inicial de que no había dinero para repartirlo, o más bien para repartirlo de otra forma.

La gente, los empresarios en cada estado de los federalistas se lanzaron a la propuesta recurrente de ya no pagar impuestos federales, literalmente de no mandar el dinero de los impuestos a la federación, pues se mande o no se mande, los beneficios que llegan son bien pocos. Esto que puede sonar como una propuesta atractiva y atrayente en el discurso, en la práctica tiene poquísimo impacto, tan sencillo como que la colaboración entre los niveles federal y estatal para la recaudación es muy limitada, son las empresas y las personas físicas las que enteran directamente al fisco federal los impuestos, los estados con trabajos se enteran de cuánto dinero es, y solo lo ven pasar o ni eso.

Pero… ante los recortes presupuestales que ha implementado el gobierno federal, queriendo castigar a las administraciones estatales y municipales que no cesa en calificar como corruptas, hay un cierto recurso que puede darle la vuelta a la falta de presupuesto para obra pública, por lo demás ampliamente utilizado por las empresas pero no suficientemente explorado por los gobiernos.

Nos estamos refiriendo a la posibilidad de las compañías y aun de personas físicas, de asociarse con el gobierno del estado o los de los municipios para la realización de proyectos de impacto social y de fortalecimiento de la infraestructura que redunda en la mayor capacidad productiva de las empresas.

Que sí, el gobierno de Coahuila ya cuenta con un aparato legal, con un aparato burocrático, con una estrategia promocional para estructurar proyectos de asociación productiva, la diferencia radica en la forma de aproximación: si lo vemos como un esquema no para evadir impuestos, no lo mande dios, ni para subir los gastos para reducir utilidades, no lo mande  San Andrés Manuel… sino para que el dinero que de todos modos se va a ir de impuestos y contribuciones llegue directamente a eso.

Veamos, no es lo mismo enviar diez millones de pesos en calidad de impuestos, esperando y confiando que regresarán cinco o siete para obras en el estado o municipio en algún futuro indeterminado, y que acabe llegando un millón o medio millón, tardísimo, a que mediante una asociación productiva con el estado, adquiriendo materiales, realizando trabajos o estudios, el beneficio es mucho más inmediato y proporcionalmente mucho más sustancioso.

Recordamos que muchas empresas compraban carros, camiones, equipos pesados y cuanta cosa antes de cerrar el ejercicio, todo con la intención bajarle el monto a lo que hay que pagar de impuesto anual. Pues lo mismo pero mensualmente o con otra frecuencia, esa es la propuesta.

No es ilegal, no es político, es una opción funcional que habría que revisar desde el punto de vista del pacto federal que se quiere corregir, y le sacamos la vuelta a la grilla y le sacamos la vuelta a algo que de plano la federación no tiene la mínima intención de siquiera considerar.

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