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Resentimiento: el motor que mueve a la ‘4T’

El rencor es la caja de caudales de la maldad

Miguel Mihura

HEREJÍA POLÍTICA

Por: Luis Enríquez.-

Dicen algunos escritores clásicos que el elixir más dulce de este mundo es la venganza. Atreverse a cuestionar esta sentencia literaria es sumamente riesgoso: no hay quién en esta vida que no haya disfrutado al ver a un enemigo vencido, acorralado, aniquilado; quien diga lo contrario, tenga por seguro que miente.

Pero como bien afirmó el alquimista Hermes Trismegisto, en su Tabla de Esmeralda, “Como es abajo, es arriba”, o de manera más sencilla que, tarde o temprano, todo se devuelve. Un día, el oprimido se convierte ineludiblemente en opresor. El verdugo ocupará, finalmente, el lugar de los condenados. Nadie se escapa de su propia retribución.

Así, una oposición que por decenas de años sufrió el flagelo del desprecio y la humillación alcanzó el poder, pero no para ejercer una nueva ideología ni para generar un nuevo orden, libre de abusos y persecuciones, como se pregonó a lo largo de tantos años; no, llegó para vengarse, para sacarse del pecho ese añejo sufrimiento que carcomía sus entrañas; ese lóbrego resentimiento, se convirtió en el motor que hoy mueve a la ‘4T’.

En su nimia comprensión de una sociedad herida, el Estado Mexicano se convirtió, con la llegada de Andrés Manuel López Obrador, en una máquina ejecutora de rencores y venganzas.

Hay varios ejemplos que justifican esta teoría. Esta el caso de López Obrador, obviamente, en el que las acciones más trascendentales de su gobierno son símbolos de venganza en contra de los mandatarios pasados, de enemigos ancestrales, de traidores a su causa. La cancelación del Aeropuerto de Peña, el encarcelamiento ilegal de Rosario Robles, la persecución contra Ancira, de Altos Hornos de México; la desaparición de la Policía Federal, el ataque a los periodistas que lo critican desde siempre, la persecución a Carlos Loret de Mola, el ataque a los científicos del país. Estas perversidades preceden sus «más grandes obras», como la construcción del Aeropuerto de Santa Lucía y la creación de la Guardia Nacional.

Sus acciones han sido y aún son guiadas, en la mayoría de los casos, por añejos rencores, por la mala sangre que le hierve en las venas al recordar el pasado. Dos sexenios en la búsqueda del poder y 12 años de humillaciones de las que hoy cobra castigo.

AMLO antepuso el placer de sus venganzas antes que el bien común de la nación. Una nación con más de 30 millones que un día creyeron en eso de “primero los pobres”, “acabar la corrupción” y tantas frases jamás cumplidas. Ya con el control del gobierno, en su necia rivalidad, surgió el monstruo, el ser profundamente intolerante a la crítica y, sin darnos cuenta, tergiversó la imagen del enemigo a vencer. Fue sumando en su lista negra, uno a uno, diversos grupos antagónicos: los periodistas, los médicos, los científicos, los pensantes, la clase media que lee el Reforma, El Demócrata y El Universal. Nosotros también, pasamos de ser el dedo que acusa al sujeto sentado en el banquillo de los acusados. Nos creímos inmunes, libres de expresarnos, de criticar, maldecir, explayar nuestros más profundos desdenes contra esos seres que hoy se ostentan como todopoderosos. Y aquella violenta y hostil maquinaria a la que llamamos gobierno, cambió de blanco; y hoy apunta a nuestras cabezas.

Nada bueno puede venir de personalidades pueriles que anteponen sus venganzas. Algo andaba mal, lo sabíamos. Sabíamos, desde que el Fiscal General de la República, Gertz Manero, en el primer año de sus funciones, según narran sus propios familiares, encarceló a Alejandra Cuevas, la mujer de su difunto hermano, acusándola de asesinato, extorsionando a su familia de dejarla libre a cambio de 3.5 millones de pesos. La familia pagó, y Gertz, dejó encerrada a la mujer que su hermano muy posiblemente amó antes de su muerte. Hasta el día de hoy, sigue presa.

Es probable que a un personaje de esta índole, capaz de este tipo de actos, crueles e inhumanos, no le tiemble la mano cuando se trate de ejecutar opositores, que más que opositores parecen ser enemigos mortales de la intolerante cuarta transformación.

Los 31 investigadores del Foro Consultivo Científico y Tecnológico del CONACYT perseguidos con saña por Gertz Manero, son sólo el principio de una persecución más grande, voraz, tiránica, contra aquellos que levantan el índice para señalar los abusos y las tropelías de funcionarios de alto rango.

Esos treinta y uno que hoy son acusados, en su mayoría criticaron duramente el nombramiento de Gertz como Investigador Nivel III del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

Las críticas eran de esperarse, pues el fiscal tiene lo mismo de científico que de atleta olímpico. Su nombramiento fue una burla para la Ciencia en México. Había sido rechazado durante los últimos 11 años. El Conacyt denegó en cinco ocasiones el ingreso de Gertz por “insuficiente producción científica”, además de ser acusado de plagio en dos de sus «cuantiosas» cinco obras. A pesar de todo esto, con la llegada de la ‘4T’, una comisión formada en exclusiva para su caso, por órdenes de la directora, le otorgó en abril el acceso en grado III, el nivel más alto que puede alcanzar un investigador nacional sin ser emérito.

La noticia despertó un raudal de críticas dentro del sector que calificaron este ingreso como “indignante”. La Burla no tardó en hacerse presente. Las fuertes críticas provenientes del sector científico no cayeron del todo bien al Fiscal ni a la directora del Conacyt, María Elena Álvarez-Buylla; otra resentida social, pero con los transgénicos y algunos investigadores que la humillaron debatiendo en años pasados; esos que la pusieron hace tiempo en su lugar, hoy están desempleados o siendo investigados, y si no me creen, nomás pregúntenle a Beatriz Xoconostle.

Así, los rencores marcan la pauta de este México moderno. En su magnífica obra de El Laberinto de la Soledad, Octavio Paz impregna al mexicano de un resentimiento ancestral de guerreros sometidos, de una lucha continua por chingar o ser chingados. Pero ¿qué pasará cuando lleguen otros, los agredidos del hoy, los resentidos del mañana? Roguemos a Dios porque no se le ocurra, a algún otro loco, comenzar una quinta transformación.

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