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Ramiro Pérez: carne de siquiatra

BAILE Y COCHINO

Por Horacio Cárdenas.-

La hemos citado muchas veces y es perfectamente aplicable en el caso de Ramiro Pérez Arciniega: la política, según decía el presidente Adolfo Ruíz Cortines, es el arte de comer sapos y culebras sin hacer gestos.

Esta es de las primeras cosas, si no es que la primerísima, que le enseñan o que tiene que aprender quien quiere dedicarse a la política como máxima expresión del deseo de servir a sus semejantes desde el poder público, o de aquellos otros, los más, que quieren hacerse ricos sin aplicar ni mucho esfuerzo ni mucho cerebro, en el menor plazo posible, quien quiera hacer de la rex publica su forma de vida, debe desarrollar una piel dura, durísima, o si no dura, sí impermeable, que no deje pasar absolutamente nada de lo que haya en el ambiente que pueda afectar los sentimientos del político en ciernes, o como dicen los jóvenes, que se le resbale lo que sea que le digan, aunque todavía hay una opción todavía mejor, llegar a carecer de cualquier sensibilidad respecto de la opinión de aquellos con quienes comparte el tiempo y el espacio. Esa sería la idea del político perfecto, aquel a quien nada de lo que le rodea le afecta, pero al contrario, sabe localizar en esas situaciones y circunstancias delicadas, las oportunidades para demostrar que puede capitalizarlas en beneficio personal, y ya de pasada de su partido, pues esto debe quedar perfectamente claro, ningún partido político quiere entre sus filas gente conflictiva, pusilánimes y llorones a los que haya que llevar luego a terapia sicológica, agarrarles la manita y consolarlos de lo que le pasa.

Ramiro Pérez Arciniega es un político… bueno alguien que vive de la política, que durante mucho tiempo buscó la presidencia municipal de Parras de la Fuente, si no era por un partido, era por otro, y siempre haciendo talacha pretendidamente de base, es decir, quedando bien con quienes en algún momento pudieran votar por él en el caso de que encontrara un partido que lo patrocinara, y lo otro, usando y abusando de la crítica, el truco más viejo el repertorio, del que ha echado mano todos los gobernantes desde que el mundo es mundo, como queriendo demostrar que son diferentes ellos de cualquier otra opción política, particularmente de aquel o aquella a los que quieren reemplazar.

A lo largo de esos años, décadas quizá, Ramiro debió lograr lo que le dijimos antes, callo en la piel, o que de perdida adquiriera las propiedades del teflón, pues no, nada. Llegó a sentarse en la silla de la presidencia municipal como si fuera el reconocimiento obligado de todos, sociedad, instancias de gobierno, pueblo, amigos y enemigos, a su tenacidad hasta plantarse como alcalde, nada más alejado de la realidad, el que llega, sea quien sea, provenga del partido o coalición que provenga, se convierte en blanco de todas las críticas, en responsable o peor, culpable de todo lo que pasa de malo en el municipio, y en una que otra cosa de lo que sucede de bueno.

¿No dice uno de los principios del sistema político a la mexicana, que el poder, obnubila y ofusca a los inteligentes, y a los que no son inteligentes los vuelve locos?, pues aquí tenemos el ejemplo clásico. Un político más fogueado de lo que jamás llegó a ser Ramiro, y lo decimos en pasado porque este cuate ya de plano no aprendió, sabe que durante su período no debe mostrar el menor cambio en su patrimonio, en su comportamiento, en su presencia social, mucho menos hacer alarde del dineral que está gastando, sobre todo cuando no corresponde con su nivel de ingresos, que sí, puede ser muy bueno lo que venga en la nómina y todavía mejor lo que se esconda detrás, pero lo ideal, lo correctito es andar con el mismo carro con el que llegó, vivir en la misma casa sin hacerle arreglos, si no para otra cosa, repetimos, para no dar de qué hablar. No es el caso de Ramiro, morenista como dice que es él, austero como lo manda el canon del presidente López Obrador (¡ajá!), era para que se mostrara modesto, pero faltaba más, el moreno adoptivo se va por el principio conservador de ¿para qué sirve el dinero si no puede restregársele a los demás en sus carotas de envidia?

La ostentación de Ramiro en cuanto a vehículos, aquella camionetota raptor roja que traía y luego el BMW con el que se pasea por las «perfectamente asfaltadas» calles de Parras, más los arreglos en su casa, perdón, aceptamos la aclaración alcalde, sus casas, da pie ¿a qué?, a pues a que la gente pregunte ¿y de dónde salió el dinero para tanta cosa?, la misma duda que asalta a la gente de la prensa, con la diferencia que uno lo toma como misión profesional, y pues ¿qué mejor nota que reportar el cambio en la situación patrimonial del presidente municipal, en una época en la que las restricciones económicas han golpeado particularmente rudo a los estados y municipios? Y es entonces cuando Ramiro se enoja, se enoja que se le pregunta ¿quen pompó?, se molesta porque se le interrogue, no solo cara a cara, sino con una cámara y un micrófono enfrente, para que no haya de que se tergiversa lo que dice.

A Pérez Arciniega le ha molestado que los reporteros le pregunten sobre su relación con el cuerpo edilicio, cuya destitución llevó a cuanta instancia jurídica pudo, todo para que lo batearan como improcedente; sobre el estado de la administración municipal, de la que dependen todos los servicios que está en obligación de prestar el ayuntamiento, que se le inquiera sobre su relación con los principales consumidores del agua del municipio; sobre el tráfico de influencias que zanja trámites oficiales mediante el pago de dádivas que obvio, no ingresan a la tesorería. ¿Qué a lo mejor sería cínico negar la evidencia, no molestarse, reírse incluso de lo que le dicen?, muchos otros políticos lo han hecho así, la diferencia con el alcalde de Parras es que se enfurece, pierde el control y lo peor, agrede físicamente a los tales reporteros, que sí, ah cómo somos molestos, pero estamos haciendo nuestro trabajo.

La cuestión aquí es que Ramiro ha demostrado ser un personaje hasta peligroso, en cuanto que ha ameritado la emisión de medidas cautelares para la protección de la gente de la prensa, y no de autoridades distintas de su partido, que por allí se la quieren barrer siempre los morenistas, sino por parte de entidades federales, específicamente de la Secretaría de Gobernación y de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, administradas por gente de su propio partido, quienes reconocen en su persona y su conducta a alguien problemático en lo político y potencialmente riesgoso para las personas que lo denuncian.

Pero fuera eso todo, a la hora que se le baja lo sulfurado en vez de pensar, híjole, la regué, aun con la evidencia filmada y circulando en los medios de comunicación y las redes sociales, se tira al suelo, diciendo que él y no otro es la víctima, que él es el que ha sido agredido, ojo, no físicamente sino con las publicaciones en que se revelan sus andanzas, ¿Quién lo iba a decir?, que un político tan supuestamente avezado como Pérez, iba a dolerse de la llamada muerte de la mosca ¿cómo murió la mosca?, a periodicazos. Y encima amenaza, de nueva cuenta, con denuncias penales, todas las cuales han salido en su contra, y exige el derecho de réplica, que cuando se le ha otorgado, que no concedido, conforme a la ley, lo desperdicia.

Lo peor es que no creemos que esta situación cambie para mejor, al contrario, Ramiro va para abajo, y es cuando más peligroso se torna, para los demás, y para sí mismo.

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