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Los autopréstamos de Pérez

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

Parras de la Fuente no es un municipio rico, al menos no como otros con mayor población, mayor industria y en general mayor actividad económica en el mismo estado de Coahuila, pero tampoco puede decirse que sea un municipio pobre. Como algunos otros en la entidad y en el país, lo que tiene es un sustento económico de décadas y hasta siglos, que lo hace aparecer como mucho más próspero de lo que realmente es, y es en parte eso lo que lo hace tan atractivo para el turismo, que por supuesto, también contribuye con la derrama económica que deja cuando visita Parras.

De un tiempo para acá Parras de la Fuente es noticia, por haber tenido la mala fortuna de contar con uno de los peores… el peor alcalde de todo Coahuila, o si no el peor, sí el que menos se cuida para llevar las cosas de gobierno en santa paz y con la debida discreción sobre cosas que no tienen por qué ventilarse fuera de los confines del pueblo.

Ramiro Pérez Arciniega, quien ganara la alcaldía amparado en las siglas de MORENA, luego de haber buscado el poder por cuanto partido hay en el menú, como todos los cambios de administración, llegó acompañado de altas, altísimas expectativas, toda vez que Parras, pareciera maldición, venía arrastrando el mal sabor dejado por dos que tres alcaldes que salieron todo, menos cumplidores de las promesas de lo que la gente esperaba.

Parras logró la designación de pueblo mágico, pero en nuestra opinión no por sus acequias, sus zonas arboladas, sus antiguas construcciones, sino por su capacidad para soportar malas administraciones sin que el pueblo se desmorone en pedazos. Pues esos que eran dos que tres, se convirtieron en tres que cuatro con Ramiro, quien no solo se aplicó a cuanta tracalería estaba ya en el catálogo de transas, sino que todavía agregó algunas nuevas, bastante productivas.

De las últimas cosas que se han sabido de la administración de Pérez Arciniega, es que en algún momento de su gestión, ideó solicitar, tramitó y obtuvo un préstamo de la tesorería municipal por una cantidad superior a un millón ciento cuarenta mil pesos, mismos que ahora se niega a pagar, cuando faltan menos de dos meses para que concluya su mandato constitucional.

Sabemos como son las cosas en México, y cómo son las cosas en los gobiernos mexicanos, donde el presidente, el gobernador, el alcalde son emperadores sexenales, y en el último caso, trienales, cuya voluntad es obedecida a ciegas por la gente, sea que dependan directamente de su gobierno, sea que tengan la calidad de gobernados, son pocos los que elevan la voz para decir esto o aquello está mal, esto o aquello no debe ser.

Nos imaginamos lo que ha de haber pensado, que no dicho la entonces tesorera del ayuntamiento de Parras al ver el documento por el que Ramiro Pérez solicitaba un préstamo por una suma que fácilmente doblaba su ingreso total de un año: ¿le digo que no?, ¿le pregunto cómo quiere que se lo vayamos descontando de la nómina?, ¿le digo que está fuera de los estándares?, si es que los hay… total que en estricto apego a su interés de conservar el empleo, pues al negar la petición del alcalde se exponía a ser despedida fulminantemente y ser sustituida por alguien que sí accediera a la exorbitante petición, la tesorera accedió a otorgar el préstamo, claro, estableciendo todas las condiciones, documentando todo lo que se le ocurrió, de tal manera de protegerse por si las cosas salían mal, como previsiblemente iban a salir mal, y así salieron.

Fuera de los empresarios que tienen sus negocios en Parras, fuera de algunos gerentes de aquellas empresas y uno que otro heredero de las grandes fortunas de las también grandes familias, el del alcalde es el sueldo, el ingreso digamos, más alto de todo el municipio, surge entonces la pregunta ¿para qué podría querer, o necesitar Ramiro Pérez un préstamo de un millón y feria de pesos, que además debería reintegrar en el muy corto plazo, pues esta clase de prestaciones, cuando se llegan a otorgar, tienen límite de tiempo, el fin de la administración, para más señas?, tal vez para una casa, para una casa más, para algún terreno, otro más, para algún negocio… o simplemente para tenerlo en la mano… y no devolverlo, y conste que no estamos pensando siquiera en que fuera para gastarlo, porque como también ha quedado más que demostrado, Ramiro Pérez se la pasó metiendo y metiendo facturas de todo tipo a la tesorería municipal, muchas de ellas imposibles de conciliar con las partidas de las distintas dependencias del ayuntamiento. No, lo del autopréstamo fue por aparte.

Hoy por hoy, Ramiro Pérez está siendo investigado en cuanta instancia hay en la administración estatal por lo del autopréstamo, expedientes hay en el Congreso, en la Auditoría Superior, en la Fiscalía Anticorrupción y en la Fiscalía General, que se supone que apilados uno sobre otro, servirán para fincarle responsabilidades, antes o inmediatamente después de concluir el trienio.

Las cosas con Ramiro comenzaron mal, siguieron peor y terminarán bastante complicadas, sí, pero cabe preguntarse ¿por qué tuvimos que llegar a estos extremos? Literalmente Ramiro se robó todo lo que pudo robarse, y no hizo más porque no se le ocurrió qué o cómo.

Con todos los mecanismos de control que hay para el ejercicio del gasto en este país, de la Federación a los estados, de los estados a los municipios, del legislativo a los otros poderes, la administración pública sigue siendo un cajón del que los gobernantes sacan a manos llenas, y si tienen algún prurito, meten facturas a ver si pegan, y a falta de este, atraviesan su firma y su autoridad, como en el caso de Ramiro.

Las cosas deberían cambiar, claro que deberían cambiar y hacerlo ya. ¿Cómo es posible que no exista una disposición de cuánto dinero puede “prestársele” a un presidente municipal, siendo él mismo la última instancia para otorgar la prestación? ¿cómo es que quien tiene a su cargo el cuidado de los dineros en un municipio, carece de la autoridad para decirle No a esa persona, así sea su jefe y a quien le debe el puesto?, como siempre, pesan más las lealtades y complicidades que la ley y los ordenamientos administrativos, no somos ingenuos.

Pero como siempre, este es el momento, antes que tomen posesión las siguientes autoridades municipales, de normar esta situación anómala, el qué y el hasta dónde se le puede permitir a un alcalde, y a cualquier autoridad, aprovecharse de su función, en honor a quien nos tiene examinando esto podría denominársele la “ley Ramiro”, no para ensalsarle nada, sino para que esto no vuelva a ocurrir…

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