BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas.-

En Saltillo y en Coahuila, podemos afirmar, sin mucho temor a equivocarnos, que no hay familia en la que no haya cuando menos, un maestro, cuando no es que varios. Hay familias saltilleras que están conformadas por maestros, sea de una profesora y un profesor que deciden formar un hogar, habiéndose hecho novios, o bueno para no ser tan anticuados, que comenzaron a congeniar desde la Escuela Normal o aun antes, y no son pocas las familias en las que la profesión magisterial ha predominado por dos, tres o más generaciones, habiéndose creado una sólida tradición en la enseñanza, no son raras las familias en las que hay abogados, administradores, entre otras muchas profesiones, cuyos integrantes no dejan de tener un pie puesto en el magisterio, y lo ejerzan o no, sí cuentan con su título de profesor egresado de la normal.
Durante todos los años en los que el Partido Revolucionario Institucional fue, y en nuestro estado lo sigue siendo, la única opción política viable, el sector magisterial pesó como una fuerza propia tanto al interior del partido, donde logró importantísimas posiciones, allí donde el PRI se hizo del triunfo electoral.
Ni que decir que un profesor es una figura de influencia en su comunidad, si se trata de un profesor de primaria o preescolar, que tiene un solo grupo, o uno de grados superiores, en donde imparte clases a varios, en uno o más turnos, lo cierto es que las opiniones de los mentores tienen un peso específico en las opiniones de todo tipo que luego profesarán sus alumnos, y visto desde este punto de vista, también el profesor logra movilizar, sutilmente, o no tanto, a los familiares de sus amigos, así la influencia multiplicadora, hablando específicamente de ideas políticas, es muy marcada desde siempre por los profesores, de allí que el PRI siempre los haya consentido, y aun los partidos de oposición, hayan procurado acercarse a la base magisterial, además, como es obvio, a la dirigencia sindical, pues como es bien sabido, el de los profesores es el sindicato más fuerte en todo México.
El gobierno sabe, desde siempre, que con los maestros hay que llevarla bien, consentirlos, tratarlos bien, que se sientan a gusto, por eso tantas concesiones y prebendas que se les han concedido sexenio tras sexenio. Aun en esta administración sexenal, que se ha denominado a sí misma de la cuarta transformación, han tenido claro que el apoyo de los profes es indispensable para la estabilidad del régimen, ¿y porqué no?, para darle viabilidad a futuro al propio movimiento de MORENA y la 4T.
En eso es en lo que se basa que el magisterio haya sido el primer gremio, luego de los trabajadores del sector salud, excepto claro los de los hospitales privados a los que se les dio el trato de fifís, que desde el presidente para arriba y para abajo gustan de recetar a diestra y siniestra, al que se buscó inocular con una vacuna contra el COVID 19.
La decisión tenía un doble objetivo, el primero el quedar bien con un gremio presionador como pocos, rejego, que siempre quiere salirse del huacal, y el segundo no menos importante, el de ser un elemento indispensable para la reactivación del sector educativo, dentro de lo que dieron en llamar la nueva normalidad. Tan sencillo como que los profesores no iban a regresar al salón de clase si no estaban protegidos con una vacuna, y aun con ella, la normalidad está lejos de alcanzarse.
Pero el gobierno federal es mezquino, el actual, que no se diferencia mayormente de los precedentes, por más que gusten de repetir a cada rato que no son iguales, se pensó que a los profes se les podía jugar el dedo en la boca, ¿y cómo?, claro que vacunándolos, pero no con el biológico más efectivo que hubiera disponible, sino con uno más “baratón”, del que sus fabricantes hablan maravillas, como todo buen vendedor, pero que por más circo que han hecho, no han logrado que la Organización Mundial de la Salud, ni la Panamericana, ni la Europea, y solo unos pocos servicios sanitarios nacionales, les conceda reconocimiento de qué son de confianza y funcionan.
Habiendo vacunas Pfizer, Astra Zeneca, Moderna, Johnson, ¿por qué optó el gobierno de México vacunar a sus aliados más sólidos con una vacuna que no ha logrado despertar la confianza de prácticamente nadie?, de esas cosas que solo la alta política, la alta política equivocada, puede explicar en algún momento en que se les acorrale. Desde luego que era la más barata, también era la que había más disponibilidad, ¿pero quién fue el que pensó y convenció al presidente y a todos los que tenían vela en el entierro, de que con una vacuna balín, cuya única ventaja original era que solo requería una dosis, mientras que las otras, dos, podía engatusar al magisterio en pleno, de que ya estaban protegidos y podían y de debían volver a clases?
Como todo, o casi todo en el manejo de la pandemia por parte del gobierno mexicano, lo de la vacunación del profesorado fue un caos, sigue siendo un caos y no se ve para cuando se le pueda dar por resuelto.
Como siempre, si es que existía el tal Plan Nacional de Vacunación, nunca se dio a conocer como debió hacerse, a toda la población: nos vamos a ir por edad, nos vamos a ir por gremios, las vacunas van a ser esta, esta y esta. No, todo han sido tumbos, jalones, arrancones en falso, todo aderezado con regaños a cada rato, juicios de amparo, miserias y mezquindades que hacen ver al gobierno más democrático y humanista en sus propias palabras, como un miserable.
Como no se dio a conocer, como debió ser, que iba a haber una aplicación gremial, muchos profesores que caían en el primer grupo de edad, aprovecharon para formarse y ser inoculados. ¿Con qué vacuna?, con la Astra o la Pfizer, nada de mugrero. Luego llegó a sus instituciones la orden de que todos a vacunarse ¿con cuál?, ahora sí, con la CanSino, y ya de por allí comenzó a inflarse el merengue.
La cosa que pudo arreglarse allí mismo, siguió complicándose, ¿cómo?, pues cuando comenzaron a circular rumores de la poca efectividad de la CanSino, las pocas o muchas pruebas en las que los anticuerpos brillaban por su inexistencia, y la recomendación final del propio fabricante, de que sería recomendable una segunda dosis, de refuerzo dicen, pero de eso, el gobierno no ha dicho ni Pío López Obrador, nada.
Sintiéndose abandonados a su suerte, y desconfiados como son por naturaleza los profesores, dieron a vacunarse con lo que pudieran: con la Astra, si caían en un grupo de edad más joven, con alguna que pudieran comprar en Estados Unidos, si es que tenían vigente su pasaporte y visa, movilizándose a la frontera con algún cuate o familiar, en alguno de los programas de donación que ha habido en la zona.
Hoy por hoy es imposible, porque no lo van a confesar ni bajo tortura, saber cuántos profesores tienen en su cuerpo biológicos distintos, uno por edad, otro por gremio, alguno más por ladinos haciéndose pasar por atrasados, y alguno más que se nos olvide, eso sin considerar que nunca falta algún hipocondriaco que se plante todas las que tenga a la mano, y el que las quiera para prevenirse de un posible contagio de sus alumnos.
¿Hay manera de arreglar este entuerto?, lo dudamos, pero primero habría que existir las ganas para hacerlo, censar a los profesores, uno por uno, logrando que se sinceren de qué se han puesto y ahora sí completar su esquema a cada quien con lo que le falta.
¿Lo harán? Lo dudamos, acá en Coahuila todo se deja al ai’ se va, los profes que ya se pusieron la Astra encima de la CanSino, irán por su segunda dosis de la primera… y capaz que de la segunda también, por aquello de no entumirse.
El magisterio está convertido en una bomba biológica de tiempo, misma que ojalá no estalle, porque ¿cómo cuidarse de un virus que no solo muta, sino al que le ayudan los profesores y la incompetencia del gobierno?

Deja un comentario